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Jean Plaidy – La reina vino de Provenza (PDF-EPUB)

Jean Plaidy – La reina vino de Provenza (PDF-EPUB)

Jean Plaidy - La reina vino de Provenza (PDF-EPUB)

Jean Plaidy – La reina vino de Provenza (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Jean Plaidy – La reina vino de Provenza (PDF-EPUB)

Mientras Raymond Berenger, conde de Provenza, y su amigo, confidente y consejero principal, Romeo, señor de Villeneuve, se paseaban por los verdes y lozanos jardines que rodeaban el castillo de Les Baux, hablaban del futuro.

Raymond Berenger había tenido una vida feliz: su bella esposa era tan talentosa como él. Entre ambos, habían hecho de su corte una de las más interesantes de Francia desde el punto de vista intelectual; y la consecuencia era que los poetas, los trovadores y los artistas afluían a Provenza, seguros de que allí serían bienvenidos y apreciados. Realmente, se trataba de una vida agradable y el conde y la condesa deseaban que se prolongara eternamente. No eran tan estúpidos para pensar que ello pudiera suceder. Pero ningún paraíso terrenal podía ser totalmente perfecto y aunque ambos habían orado fervientemente durante su vida conyugal para que Dios les diera un hijo que gobernara la Provenza junto a su padre durante muchos años y conservara más tarde aquella atmósfera de amable bienestar y lujosa comodidad, sólo habían tenido hijas.

Aun así, no podían lamentarlo del todo, ya que amaban tiernamente a sus niñas y reconocían que no habrían cambiado a ninguna de ellas por el hijo que le pidieran tan fervorosamente a Dios. Dónde, le preguntaba Raymond Berenger a su condesa, se podían encontrar unas niñas tan bellas y talentosas como las de ellos. Y la respuesta era en ninguna parte.

Ahora, esas niñas estaban creciendo y los temas de la conversación que sostenían el conde y Romeo de Villeneuve eran las decisiones que se debía tomar. Margarita, la mayor, tenía casi trece años. Una niña, decía la condesa, pero sabía que, fuera del círculo de su familia, a Margarita la considerarían casadera. No se podía postergar por mucho tiempo la búsqueda de un marido adecuado; además, había que pensar en las otras.

—Te confieso, Romeo, que esas cosas me causan suma preocupación —dijo el conde.

—Estoy seguro de que encontraremos una solución, como para tantos otros de nuestros problemas —repuso Romeo.

—Muchas veces he depositado mi confianza en ti, Romeo y nunca se vio defraudada —dijo, con un suspiro, el conde—. Pero… ¿cómo les encontramos maridos a las hijas de un conde empobrecido cuando tienen poco que ofrecer salvo su gracia, su encanto y su belleza?

—Y sus talentos, mi señor. No olvidemos que los poseen en mayor abundancia que la mayoría de las muchachas a quienes sus padres les están buscando esposo.

—Estás tratando de darme ánimos. Quiero a mis hijas. Son bellas e inteligentes.

Pero el oro, la plata y las ricas tierras se consideran más seductores que el encanto y la educación.

—La Provenza no es tan insignificante como para que los reyes de Francia e Inglaterra no quieran tenernos por amigo.

—¡Los reyes de Francia e Inglaterra! —exclamó el conde—. ¡Sin duda, estás bromeando!

—¿Por qué, mi señor? Esos reyes son hombres jóvenes y buscan novia.

—¡No estarás insinuando en serio que una de mis niñas podría llegar a ser la consorte de uno de esos reyes!

—No, mi señor. No de uno, sino de los dos.

El conde estaba aterrado.

—Eso es un sueño descabellado —dijo.

—Naturalmente, si alguno de esos proyectos se concretara, sería toda una hazaña; y, por lo pronto, no veo por qué un casamiento entre Francia y Provenza no ha de considerarse digno de ser encarado en París.

—¿Por qué razón, mi querido Romeo?

—Podríamos proporcionarle cierta seguridad a Francia.

—¡Oh, ya sé que nos hemos empobrecido! No podemos ofrecer una gran dote, pero tenemos algo que Blanca y su hijo Luis podrían considerar digno de ser poseído.

Últimamente, han adquirido Beaucaire y Carcasona. Del otro lado del Ródano, está el Sacro Imperio Romano y ahí poseemos territorios que le podríamos aportar a Francia.

Dada su posición estratégica, creo que se los puede considerar muy valiosos, ya que, si los controlara el rey de Francia, su posición se vería fortalecida frente al Sacro Imperio Romano.

—Eso no deja de ser cierto. Pero… ¿le asignarán importancia los franceses?

—Estoy resuelto a conseguir que se la asignen. No he estado ocioso. He enviado a varios de nuestros trovadores a la corte de Francia y… ¿a que no adivinas cuál ha sido el tema de sus canciones?

—Juraría que no lo fueron las ricas dotes de mis hijas.

—No. Pero sí su belleza y su encanto… que no tienen rivales en Francia.

—Querido amigo… No dudo de tu lealtad para con esta casa, pero creo que tu amistad te ha arrastrado demasiado lejos en los dominios de la fantasía. La reina de Francia elegirá con muchísimo cuidado una esposa para su hijo… ¿Y te imaginas cuántas muchachas se disputarán ese honor?

—La reina Blanca es una mujer sabia. Reflexiona cuidadosamente sobre lo que le dicen.

Título: La reina vino de Provenza (PDF-EPUB)
Autores: Jean Plaidy
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.2 MB
Formato: PDF-EPUB

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