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Jean Plaidy – A la sombra de la corona (PDF-EPUB)

Jean Plaidy – A la sombra de la corona (PDF-EPUB)

Jean Plaidy - A la sombra de la corona (PDF-EPUB)

Jean Plaidy – A la sombra de la corona (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Jean Plaidy – A la sombra de la corona (PDF-EPUB)

Volví mío el lema «El tiempo revela la verdad», y creo que a menudo así es.

Ahora que estoy enferma, cansada y próxima a la muerte, revisé mi vida, la cual en general fue triste y amarga; aunque, como la mayoría de la gente, tuve algunos momentos de felicidad. Quizá fue mi mala fortuna llegar al mundo a la sombra de la corona, y en todos mis días esa sombra permaneció conmigo: mi derecho a ella; mi habilidad para tomarla; mi poder para sostenerla.

Ningún bebé fue esperado con tanta ansia como lo fui yo. Era primordial que mi madre le diera un heredero al país. Ya había alumbrado a una beba sin vida; a un hijo que sobrevivió su bautizo solamente para partir unas pocas semanas después; a otro hijo que murió al nacer; y tuvo un parto prematuro. El rey, mi padre, comenzaba a impacientarse, preguntándose por qué Dios había decidido castigarlo así a él; mi madre desesperaba en silencio, temiendo que la culpa fuera suya. Nadie podía creer que mi hermoso padre, divino en su perfección física, pudiera fallar donde el mendigo más humilde de la calle podía salir airoso.

Yo no lo sabía en ese tiempo, por supuesto, pero después me enteré de toda la emoción y aprensión que trajo consigo la esperanza de mi llegada.

Después, a las cuatro de la mañana del 18 de febrero de 1516, nací en el palacio de Greenwich.

Tras la desilusión inicial provocada porque mi sexo fuera del género equivocado, hubo un júbilo generalizado; menos dichoso que si hubiera nacido niño, por supuesto, pero estaba viva y parecía estar sana y, como me parece que le comentó mi padre a mi pobre madre, quien apenas había salido de la extenuación de un parto difícil, yo estaba bien formada, y podrían tener más bebés… un niño la próxima vez, y después una aljaba repleta.

Sonaron las campanas. El rey y la reina podrían tener al menos un hijo que tuviera la oportunidad de vivir. Quizás algunos recordaban a ese otro hijo, el precioso niño que produjo todavía más júbilo y unas cuantas semanas después murió entre las celebraciones de su nacimiento. Pero yo estaba aquí, una niña real, la hija del rey y la reina, y hasta que llegara el niño tan anhelado para desplazarme, yo era la heredera al trono.

Disfrutaba que lady Bryan, quien entonces era la dama de la casa real, y la condesa de Salisbury, quien se volviera mi institutriz, me hablaran de mi espléndido bautismo. Se realizó tres días después de que nací, pues, según la costumbre, los bautizos deben efectuarse lo antes posible, por si acaso el niño no sobrevive. Se llevó a cabo en la iglesia de Greyfriars, cerca del palacio de Greenwich, y la fuente bautismal fue traída de la iglesia de Cristo en Canterbury, ya que todos los hijos de mis abuelos, Enrique VII e Isabel de York, habían tenido esta fuente de plata en sus bautismos, y era adecuado que fuera igual para mí. Se colocaron alfombras desde el palacio hasta la fuente, y la condesa de Salisbury tuvo el gran honor de cargarme en sus brazos.

Mi padre decretó que yo llevaría el nombre de su hermana, María. Ella siempre fue una favorita suya, incluso después de sus hazañas en Francia el año anterior que lo enfurecieron tanto. Fue una muestra de su profundo afecto por ella el que me diera su nombre, ya que lo había contrariado tan recientemente al casarse con el duque de Suffolk casi inmediatamente después de la muerte de su marido, Luis XII de Francia.

María estaba más o menos en exilio cuando me bautizaron, caída en desgracia y bastante pobre, pues ella y Suffolk tuvieron que devolverle a mi padre la dote que él pagó a los franceses. En los años venideros me gustaba recordar esa inesperada suavidad en su naturaleza, y tomé un poco de consuelo de ello.

Mi padrino fue el cardenal Wolsey quien, después del rey, era el hombre más importante del país en ese tiempo. Él me dio una taza de oro; de mi tía María, la Tudor caprichosa por quien me nombraron, recibí una poma. Me encantaba. Era una bola dorada en la que se metía una pasta de perfumes exquisitos. Solía llevarla a la cama conmigo y después la llevaba en mi cintura.

Los mejores tiempos de mi vida fueron los de mi primera infancia, antes de tener indicio de las tormentas que me asediarían. La inocencia es un estado hermoso cuando se cree que toda la gente es buena, y uno se prepara para amarlos a todos y espera que el amor sea correspondido. No se tiene conciencia de que el mal existe, así que uno no lo busca. Pero ¡ay de mí!, llega el despertar.

Título: A la sombra de la corona (PDF-EPUB)
Autores: Jean Plaidy
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.8 MB
Formato: PDF-EPUB

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Jean Plaidy - A la sombra de la corona (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Jean Plaidy - A la sombra de la corona (PDF-EPUB) Volví mío el lema «El tiempo revela la verdad», y creo que a menudo así es. Ahora que estoy enferma, cansada y próxima a la muerte, revisé mi vida, la cual en general fue triste y amarga; aunque, como la mayoría de la gente, tuve algunos momentos de felicidad. Quizá fue mi mala fortuna llegar al mundo a la sombra de la corona,…

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