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Javier Gomez Santander – El crimen del vendedor de Tricotosas (PDF-EPUB)

Javier Gomez Santander – El crimen del vendedor de Tricotosas (PDF-EPUB)

Javier Gomez Santander - El crimen del vendedor de Tricotosas (PDF-EPUB)

Javier Gomez Santander – El crimen del vendedor de Tricotosas (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Javier Gomez Santander – El crimen del vendedor de Tricotosas (PDF-EPUB)

Preferiría que esto lo estuviera escribiendo otro, pero ustedes no tienen tanta suerte. Me llamo Daniel Ortiz, tengo 32 años y hasta la fecha mi mayor logro había sido demostrar que la Milan Factis gorda podía durar toda la EGB. ¿Qué quiero decir con esto? Que lo que van a leer es todo lo trepidante que puede resultar la desgracia de un sujeto que fue el único niño al que la goma de borrar se le desgastó por el uso, no por pintarrajearla, morderla, chuparla o propulsarla a pellizcos usando el boli a modo de cerbatana. Un niño que, como todos, jugó al fútbol. Aunque menos, porque, sin explicación aparente (es decir, yo no era gordo), elegí ser portero. Las preferencias de mis sucesivos entrenadores, siempre coincidentes, me llevaron a especializarme aún más: en el puesto de segundo portero. Por si no saben de fútbol, hablo del único niño con guantes que hay en el banquillo, el que suele estar de peor humor. Yo, sin embargo, y no se me pregunte por qué, acudía contento a todos los partidos, entrenamientos y pachangas. Y, lo que es más degradante, sonreía. Lo hacía de forma tan excesiva que hoy me miro y me parezco gilipollas. A tal extremo de tonto llegaba que, temporada tras temporada, me compraba dos pares de guantes, unos para entrenar y otros para jugar. ¿Y qué pasaba con ese segundo par? Pues que, categoría tras categoría, se iba quedando pequeño y como nuevo. Pero yo seguía comprándolos.

¿Es que no veía la cara de mi madre cada septiembre en la tienda de deportes cuando le decía y otros iguales para jugar, mamá? ¿No advertía ninguna señal de peligro en la cara de mi padre cuando yo era el único niño que nunca tenía que ducharse después del partido? ¿Cómo podía yo seguir sonriendo, sin parar, sentado en el banquillo un día tras otro viendo a mi padre en la banda alzar las cejas con resignación cuando yo le levantaba un guante y le guiñaba un ojo? Fui segundo portero en alevín, en infantil, cadete, juvenil y hasta un año en sénior. En total, y sumando minutos, debí de jugar completos unos doce partidos en nueve temporadas. Y nunca, hasta hoy, había pensado: Quizá estás perdiendo el tiempo un poco, Daniel.

Supongo que perder el tiempo es lo primero que aprendí yo en la vida. Es como un talento inverso. Un don putada. He tenido siempre tal facilidad para ello que lo perdía hasta cuando pagaba por aprovecharlo. A cualquier angloparlante que hable conmigo le parecerá increíble que mis padres hayan pagado por proveerme de semejantes facultades. Pero yo no iba a inglés para hablarlo, sino porque era lunes, miércoles o viernes, además de muy necesario. ¿Para qué? Para el futuro. ¿Y qué era el futuro? Una inmensidad de tiempo por perderse que ya llegaría, en su momento. Es decir, nunca. Una vez, supongo que porque alguien consideró que aquel estancamiento gramatical estaba a punto de empezar a apestar, me propusieron ir en verano a Irlanda. ¿A Irlanda? ¿Cómo coño me iba a ir yo a Irlanda si me costaba mear fuera de casa sin salir de Santander? Y, sobre todo, ¿por qué irme hasta Irlanda a hacer algo, si podía no hacer nada sin necesidad de salir de casa? Repito que cuento estas miserias para que ustedes se vayan haciendo una idea de la categoría del héroe de esta narración: yo.

Hay gente que se pregunta dónde encuentran la fuerza algunos seres humanos para luchar por sus derechos y convertirse en Gandhi o Martin Luther King, pero a mí me resulta mucho más interesante la pregunta inversa: ¿Cuál es la fuerza que nos retiene a la mayoría para que no nos rebelemos contra nuestras pequeñas miserias? Se le suele llamar conformismo o vagancia, pero yo estoy convencido de que en mi caso es algo más profundo. Y constante. Todos los junios me prometía a mí mismo que el verano en que iba a decirles a mis padres que no quería ir al pueblo sería el siguiente.

Hasta hoy. Mi tendencia a aceptar el pueblo y su aburrimiento tenía su momento álgido en las fiestas, donde mi forma de disfrutar se limitaba a una palabra ya de por sí triste: ahorro. Miraba las atracciones durante horas e intercalaba esas miradas con periodos de ojos cerrados en los que contaba las monedas que llevaba en el bolsillo.

Las seis, y yo delante de los coches de choque, ahorrando. Las siete, y yo delante de las camas elásticas, ahorrando. Las ocho, y yo delante del pulpo, ahorrando. Para entonces, ya llevaba ahorradas trescientas pesetas. Ahorraba otras cien y, a las nueve, me subía en una atracción. Llegaba a casa a las nueve y media con cuatrocientas pesetas en el bolsillo. Y aquello, aquello se repetía al día siguiente, al siguiente y al siguiente. Y yo terminaba las fiestas con dinero para todo el verano. ¿En qué me lo gastaba? ¡En tener dinero para todo el invierno! ¿Y qué hacía con él en invierno?

Contarlo. Contarlo una y otra vez y prometerme que de esa cifra no iba a bajar ya nunca. Digamos que era un niño diésel.

Con los años descubrí que, aunque uno consuma poco, el tiempo le pasa igual que a todo el mundo. Y llegó la adolescencia. Me exigí a mí mismo que nunca sería un adolescente como los demás. Es decir, idiota. Debido a esta férrea convicción, seguí comportándome como un tonto. Cuando mis amigos empezaron a salir, salí. ¿Por salir? No, por no dar explicaciones. Cuando empezaron a fumar, fumé. Cuando empezaron a beber, bebí. ¿Por emborracharme? No, porque no hacerlo hubiera sido una forma de protesta. ¿Quiere decir esto que me había convertido en el prototípico adolescente masa? No. Porque cuando tocaba jugar al futbolín, miraba. Cuando tocaba bailar, miraba. Y cuando tocaba enrollarse con las chicas, también miraba. ¿Por qué? Porque mirar es menos peligroso que hacer…

Título: El crimen del vendedor de Tricotosas (PDF-EPUB)
Autores: Javier Gomez Santander
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.1 MB
Formato: PDF-EPUB

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Javier Gomez Santander - El crimen del vendedor de Tricotosas (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Javier Gomez Santander - El crimen del vendedor de Tricotosas (PDF-EPUB) Preferiría que esto lo estuviera escribiendo otro, pero ustedes no tienen tanta suerte. Me llamo Daniel Ortiz, tengo 32 años y hasta la fecha mi mayor logro había sido demostrar que la Milan Factis gorda podía durar toda la EGB. ¿Qué quiero decir con esto? Que lo que van a leer es todo lo trepidante que puede resultar la desgracia…

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