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Jaime Campmany – Jinojito El Lila (PDF-EPUB)

Jaime Campmany – Jinojito El Lila (PDF-EPUB)

Jaime Campmany - Jinojito El Lila (PDF-EPUB)

Jaime Campmany – Jinojito El Lila (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Jaime Campmany – Jinojito El Lila (PDF-EPUB)

Poco después de que a Jinojito le ocurriera su desgracia, escribí estos Cuadernos que ahora han aparecido entre los viejos libros y papeles de mis primeras letras y entre mis libretas escolares. No sospechaba yo la conservación de los Cuadernos, que durante muchos años he creído perdidos para siempre, y su hallazgo y lectura hoy han producido en mí, más que sorpresa, rubor o admiración, un inexplicable sentimiento de dulce tristeza.

K1 texto de los Cuadernos está tan lleno de tachones, sobreescritos, interlineados, correcciones, raspaduras y enmiendas, que la labor de descifrarlo en su originalidad resulta una imposible tarea paleográfica. Recuerdo perleramente que sobre ese texto original fui, en varias ocasiones, sustituyendo palabras, ordenando frases, civilizando expresiones y tachando escenas hasta hacer desaparecer su lozanía infantil bajo sucesivas capas de pedantes pulimentos gramaticales y deleznables estucos literarios.

Mucho de la frescura y la gracia que tal vez tenga lo que yo escribí cuando apenasabía hacer la o con un canuto, fue salvajemente sacrificado en el altar de la sintaxis que iba aprendiendo en las aulas del bachillerato y en las inútiles normas de la redacción correcta y la escritura elegante.

A pesar de mis tercos esfuerzos, me ha sido de todo punto imposible hallar la manera de recomponer fielmente en toda su integridad el texto original y primero. Se me han escondido muchas palabras bajo los concienzudos tachones, porque los niños, igual que los políticos, tachan en sus escritos las palabras que repudian como si se tratara de vergüenzas inconfesables, y ahí están enterradas para siempre bajo la costra de la tinta, esperando la resurrección del verbo. Otras, no las he logrado descifrar, tal vez escritas en ortografía extraña, o en formas infantiles del lenguaje familiar que ya no reconozco, o en misteriosas abreviaturas, o sencillamente incompletas, sincopadas o apocopadas, en el apresuramiento o desgana de la caligrafía. También puede suceder que mi vocabulario se haya empobrecido con los años, y haya ido sustituyendo palabras vivas del corriente arroyo del lenguaje por otras muertas y vacías, porque he encontrado ciertos vocablos que yo habría jurado ante los Evangelios no haber escrito jamás, y sin embargo están ahí, escritos de mi puño de niño y de mi letra de párvulo. Algunas frases han resultado irrecomponibles, como los relojes cuando se desarman, y han debido ser desechadas por no tener pies ni cabeza. De otras he prescindido con todo el dolor de mi corazón, porque parece que me hubiese llevado la mano el mismo demonio cuando las escribí, y aún no estoy seguro de haber hecho el expurgo necesario. Por añadidura, faltan algunas páginas enteras, que ni siquiera puedo saber cuántas son porque las hojas no vienen numeradas, y sabe Dios en qué lugares se habrán marchitado y muerto o a qué ruines necesidades fueron destinadas.

De una manera o de otra, descifrando aquí y adivinando allá, he logrado reconstruir un texto que me parece el más aproximado al primitivo que se pueda lograr. Algunos inevitables desgarrones han quedado, y también algún pegote postizo, cicatrices y costuras, pero puedo asegurar que errará de medio a medio quien intente adivinar dónde se encuentran, y tengo para mí la certidumbre de que todos los que lo intentaren hallarían, después de cotejado el original que guardo, motivos de sorpresa, si no de maravilla.

Algunas cosas más han sido sustituidas o cambiadas, sobre todo los nombres propios, muchos de los cuales coinciden con los reales, pero otros he preferido cambiarlos. Hay casos en que estoy seguro de que algún antiguo condiscípulo podría verse reflejado en el espejo de sus vicios y sus defectos y citado además con su nombre y apellidos. Con todo, más de uno saldrá que crea hallar aquí un retrato suyo en el que aparezca poco favorecido, y ya sólo me cabe esperar que sepa soportarlo con paciencia y que no intente, según la ley que imperaba en mi clase de párvulos, tomarse la venganza a ladrillazos o partirme la boca.

He conservado, sin embargo, el nombre de Jinojito, y eso que un día, leyendo a Alberti, topé en su Autorretrato burlesco con un verso en el que se habla de «la berlina inconsciente de San Jinojito el lila», y me entró el escrúpulo de que alguien piense que estoy cayendo en el lugar común de falsificar la vida de los santos y de convertir en leyenda biografías oscuras. No me he molestado en buscar por las páginas del Santoral romano el nombre de San Jinojito el lila, y así no sé en qué clase de cielo habita ni qué especie de santidad angelical y asexuada es la suya. Pero aunque la existencia de San Jinojito el lila no fuese sino una invención místicopoética de Rafael Alberti, habría dejado de serlo desde el momento en que aquel niño desconcertante, heroico y pusilánime, al que nosotros llamábamos Jinojito, vino al mundo, vivió vida real, fue un personaje de carne y hueso, se sentó junto a mí en el banco escolar y conté una parte de su historia antes aún de aprender a coger la pluma sin mancharme los dedos de tinta.

No faltará quien piense que el párvulo que escribió estos Cuadernos se gastaba demasiado desparpajo, cosa que me parecerá natural, porque el desparpajo me viene de antiguo y Dios quiera que nunca me falte, ni para cantar verdades ni para inventar mentiras. Y algunos habrá que se escandalicen de que un niño tan pequeño cuente cosas tan naturales y haga observaciones que casi todos se callan y ocultan incluso a ellos mismos, pero eso es una prueba más de nuestra aterrorizada hipocresía de adultos, que no queremos recordar de mayores algunas curiosidades instructivas que todos los niños saben. Si de mayores no podemos leer sin escándalo aquello que hicimos, dijimos o pensamos cuando éramos pequeños, no es cosa de la que yo tenga la culpa. La culpa será de quien sea, o de lo que sea, y averigüelo Vargas, que ya ha tenido tiempo de terminar la carrera de sociólogo o de hacerse psicólogo infantil. Si declaro que las páginas de esta historia fueron escritas cuando yo no había pisado el umbral de los diez años, es para que lo creáis o no, según os venga en gana, y según os veáis empujados a la incredulidad por la admiración o a la credulidad por la malicia. La verdad es que lo que sigue fue escrito por un párvulo llamado Jaime Campmany, para servir a Dios y a usted. También es verdad que yo mismo difícilmente me reconozco en ese niño que escribe, y que a veces me parece donairoso, otras conmovedor, otras imposible, y otras, por fin, merecedor de recibir unas cuantas patadas en los dientes. A quien me diga que es vanidad publicar a mis años algo que se ha escrito antes de cumplir los diez, le contestaré que lo hago más por humildad que por presunción. Y a quien objete que es increíble que un niño, por muy precoz que sea, haya podido escribir estos Cuadernos, que cada cual es muy dueño de su pensamiento, le pido que no fundamente su creencia en mi excesiva precocidad, sino en su propia limitación.

Título: Jinojito El Lila (PDF-EPUB)
Autores: Jaime Campmany
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.3 MB
Formato: PDF-EPUB

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Jaime Campmany - Jinojito El Lila (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Jaime Campmany - Jinojito El Lila (PDF-EPUB) Poco después de que a Jinojito le ocurriera su desgracia, escribí estos Cuadernos que ahora han aparecido entre los viejos libros y papeles de mis primeras letras y entre mis libretas escolares. No sospechaba yo la conservación de los Cuadernos, que durante muchos años he creído perdidos para siempre, y su hallazgo y lectura hoy han producido en mí, más que sorpresa, rubor o admiración, un inexplicable sentimiento de dulce tristeza. K1…

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