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J. de la Rosa – Un lugar donde olvidarte (PDF-EPUB)

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J. de la Rosa - Un lugar donde olvidarte (PDF-EPUB)

J. de la Rosa – Un lugar donde olvidarte (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro J. de la Rosa – Un lugar donde olvidarte (PDF-EPUB)

—Le atenderá enseguida —dijo la enfermera desde el mostrador, dedicándole una sonrisa tranquilizadora.

Elena se sobresaltó, pues estaba tan concentrada observando la fotografía que colgaba de la pared que su cabeza había abandonado la sala de espera hacía un buen rato. Se lo agradeció a la enfermera con un gesto de la mano y volvió a aquella imagen de colores rabiosos que había conseguido captar toda su atención.

Representaba una pequeña casa en la playa. Era apenas un cuadrado de muros encalados y techos de hojas secas, con una ventana que se abría al océano. Se alzaba casi al pie de la arena, tan cerca del agua que se podría pensar que en las grandes mareas de septiembre el mar entraría bajo los muros encharcándolo todo. Era una imagen serena, pero a la vez llena de vida. Casi se podía sentir el calor sofocante de una tarde de verano, donde la arena se convertía en una parrilla ardiente llena de conchas de mar. Pero lo que de verdad la tenía arrobada de aquella fotografía era su familiaridad. Estaba segura de que conocía aquella casa, aquella playa de arena fina y luz deslumbrante. Y si no fuera así… al menos era un sitio que necesitaba visitar.

—¿Sabe dónde fue tomada esta imagen? —le preguntó a la enfermera.

La mujer levantó la vista del ordenador y la miró sin comprender. Tardó un instante en darse cuenta de a qué se refería.

—Lleva ahí mucho tiempo.

—La luz parece que emana del agua. Es sorprendente.

—¿Por qué me lo pregunta?

Ni ella misma sabía la razón.

—Simple curiosidad. Por cierto… ¿cómo es el doctor?

La enfermera volvió a sonreírle de aquella manera maternal.

—Un hombre del que usted se enamoraría. Al menos eso dicen todas sus pacientes.

Elena sintió que se ruborizaba. No era precisamente eso lo que le había preguntado.

—Vaya, lo dice usted con mucha seguridad, pero me refería a si es un profesional con quien se pueda hablar con sinceridad.

—Es el mejor —respondió la enfermera con absoluta seguridad—, no le quepa duda. Y ahora pase. Ya la está esperando.

Elena volvió a agradecérselo y se puso de pie. Por un momento se sintió insegura.

Aquella cita era algo que había temido desde que se la dieron. Dependían demasiadas cosas de su diagnóstico y casi podría decirse que su vida tomaría un camino u otro según lo que le dijera el doctor.

Se alisó la falda, respiró hondo y, decidida, atravesó la puerta de la consulta.

No tenía el aspecto de otras muchas que había visitado. Las paredes estaban cubiertas de fotografías a color en vez de engolados diplomas médicos. Había un sofá de piel marrón, y una mesa baja donde se apilaban libros de viaje. Una alfombra marroquí de vivos colores y una estantería repleta de libros cuyos lomos decían que ninguno trataba sobre medicina. Solo al fondo, en el ángulo más discreto, estaba la mesa, y tras ella el doctor.

Se había puesto de pie en cuanto la había visto entrar y había salido de su refugio para recibirla. Elena tuvo que admitir que la enfermera tenía razón, aquel hombre era alguien de quien ella se enamoraría sin ningún problema. Era alto y robusto. A pesar de la bata blanca se podía distinguir una espalda ancha y unos brazos moldeados. Por debajo asomaban unos pantalones oscuros, al igual que el cuello se despejaba en una camisa tan blanca como la bata, ligeramente abierta en la embocadura. Tenía la piel tostada, que a esa altura del otoño indicaba que le gustaba la vida al aire libre, quizá los deportes, porque estaba en muy buena forma. Llevaba el cabello muy corto, casi rapado, aun así se apreciaba abundante y de color oscuro. Quizá hoy no se había afeitado y la barba era una sombra tupida alrededor del mentón, solo cortada por una ligera cicatriz que le dividía la barbilla en el lado derecho. La boca firme, marcada por una expresión dura, incluso desdeñosa. Las cejas pobladas, enmarañadas en su nacimiento, donde en aquel momento se fruncían mientras la observaba. Y al fin sus ojos. La miraban con curiosidad, muy atentos a cualquier reacción que Elena pudiera manifestar. Con aquella luz dorada de la tarde eran de un verde transparente, claros y nítidos, cargados de naturaleza. Estaban bordeados por ligeras líneas de expresión que vaticinaban una sonrisa fácil, aunque en aquella ocasión esta no había dado muestras de existir. Parecía muy serio, incluso adusto, lo que no encajaba en un tipo como aquel. Había permanecido cerca de la mesa, mirándola hasta que ella había llegado a su lado. Elena se dio cuenta de que tardó unos segundos en tenderle la mano.

—¿Qué tal se encuentra?

Era una mano grande y nervuda que se ajustó a la suya como si fueran las dos partes de un mismo molde, envolviéndola en su totalidad. Fue como un abrazo cálido, casi familiar.

—Me encuentro muy bien, pero tendrá que confirmarlo usted.

—Por supuesto. Siéntese.

Ella tomó asiento al otro lado de la mesa y él hizo lo mismo. De nuevo Elena percibió aquella tensión. No podía decir de qué se trataba, pero era algo casi palpable.

Título: Un lugar donde olvidarte (PDF-EPUB)
Autores: J. de la Rosa
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.0 MB
Formato: PDF-EPUB

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J. de la Rosa - Un lugar donde olvidarte (PDF-EPUB) Introduccion del Libro J. de la Rosa - Un lugar donde olvidarte (PDF-EPUB) —Le atenderá enseguida —dijo la enfermera desde el mostrador, dedicándole una sonrisa tranquilizadora. Elena se sobresaltó, pues estaba tan concentrada observando la fotografía que colgaba de la pared que su cabeza había abandonado la sala de espera hacía un buen rato. Se lo agradeció a la enfermera con un gesto de la mano y volvió a aquella imagen de colores rabiosos que había…

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