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Immanuel Kant – Crítica de la razón pura (PDF)

Immanuel Kant – Crítica de la razón pura (PDF)

Immanuel Kant - Crítica de la razón pura (PDF)

Immanuel Kant – Crítica de la razón pura (PDF)

Introduccion del Libro Immanuel Kant – Crítica de la razón pura (PDF)

Es la obra principal del filósofo prusiano Immanuel Kant. Tuvo su primera edición en 1781. El propio Kant llegó a corregirla, publicando en 1787 una segunda edición. En las publicaciones habituales de la obra son presentadas ambas ediciones simultáneamente, conocidas respectivamente como A y B.

Se trata de una indagación trascendental (acerca de las condiciones epistémicas del conocer humano) cuyo objetivo central es lograr una respuesta definitiva sobre si la metafísica puede ser considerada una ciencia, así como fundamentar la validez tanto de la experiencia ordinaria como de las ciencias matemáticas y físicas. Tanto la fundamentación de la metafísica como la del resto de los conocimientos exige, para que sea decidida su posibilidad, que se determine en cada caso si son posibles juicios que sean a priori (es decir, independientes de la experiencia, lo que implica para Kant que sean necesarios y universales, absolutamente ciertos) y a la vez sintéticos (que no sean, como los analíticos, meras tautologías, sino que añadan información no contenida ya de antemano en el concepto que se considera). En este sentido, es fundamental el intento de Kant de superar la crítica al principio de causalidad (y por lo tanto al saber científico) que había hecho David Hume, crítica que no tenía una respuesta satisfactoria hasta su época y que implicaba que tanto aquel principio como el saber científico sobre el mundo eran meramente a posteriori, esto es, dependientes de la experiencia y por ende carentes de necesidad, universalidad y certeza.

En esta obra, Kant intenta la conjunción de racionalismo y empirismo, haciendo una crítica de las dos corrientes filosóficas que se centraban en el objeto como fuente de conocimiento, y así, dando un «giro copernicano» al modo de concebir la filosofía, estudiando el sujeto como la fuente que construye el conocimiento del objeto, a través de la representación que el sujeto, mediante la sensibilidad inherente a su naturaleza toma del objeto.

Entre las resistencias que encontró la obra se puede citar que Pío VIII, antes de llegar a papa católico, como prefecto de la Congregación del Índice prohibió bajo amenaza de excomunión la lectura de la Crítica de la razón pura (decreto del 8 de julio de 1827). Kant, a quien también le fue ordenado no volver a publicar más sobre temas de teología, ya había previsto situaciones de este tipo cuando en el mismo prólogo de la Crítica señala lo siguiente, pese a que era un cristiano convencido:

Prólogo a la primera edición de 1781

Kant comienza por reconocer la tragedia en que está envuelta la razón humana: aspira por propia naturaleza a hacerse preguntas que no puede rechazar pero que a la vez es incapaz de responder. Esto ocurre cuando excede el ámbito de su uso legítimo, el de la experiencia, y, al querer decidir también las cuestiones metafísicas fundamentales -sobre Dios, sobre el alma, sobre la libertad-, cae sin darse cuenta en contradicciones insuperables.

La metafísica, como consecuencia, se halla en descrédito, luego de haber sido campo secular de disputas entre dogmáticos y escépticos (nombre que Kant da, respectivamente, a racionalistas y empiristas). Los primeros aceptan acríticamente la capacidad de la razón de juzgar sobre todos los problemas de la metafísica, con lo cual la hacen caer en contradicciones, mientras que los segundos le niegan absolutamente a la razón esa capacidad y dicen de toda metafísica que es sólo una ilusión. Ambas posiciones extremas son igualmente injustas.

La verdad yace en algún intermedio entre ambos extremos. La matemática y la física actuales demuestran la posiblidad de disciplinas bien fundamentadas; ha de poder llevarse a un punto semejante a la metafísica, para lo cual habrá que investigar el principal punto en disputa, a saber, qué alcance legítimo tiene la razón para establecer conocimientos absolutamente válidos (es decir, independientes de la experiencia, pues ésta no es capaz de proporcionarlos) y a partir de qué punto ya no le corresponde legislar. Esto exige un examen de la razón que sólo puede hacer la misma razón. A ese examen es al que se llama una crítica de la razón pura (razón “pura” en tanto sólo se la analizará con relación a los conocimientos independientes de la experiencia).

Esa crítica es la que se propone el libro, el cual pretende haber resuelto las eternas disputas en torno a la metafísica, decidiendo con absoluta certeza todas las cuestiones que se pueden decidir y develando como errores aquellas que exceden toda capacidad de resolución por medio de la razón especulativa. La unidad perfecta de la razón garantiza que todas las cuestiones han podido ser solucionadas (pues, en virtud de esa unidad, de no poder resolverse una sola, ningúna otra podría) y que la metafísica ha quedado establecida en esta obra de manera completa en todos sus principios. De estos principios deberán derivarse luego todos los conceptos correspondientes, lo cual Kant promete hacer en una Metafísica de la naturaleza que nunca escribiría.

Prólogo a la segunda edición de 1787

Kant inicia con una enumeración de las tres disciplinas que considera que en su época ya se hallan bien establecidas. Estas disciplinas son: en primer lugar, la lógica (que Kant, siguiendo a la tradición, no considera como una ciencia sino como una propedéutica para toda ciencia), la cual ha podido ser establecida e incluso completada ya por Aristóteles, pues sólo consiste en la exposición y demostración de las reglas formales de todo pensamiento y no se ocupa de objetos. En segundo y tercer lugar tenemos la matemática y la física, que constituyen las ciencias propiamente dichas, las únicas que proporcionan auténticos conocimientos. Estas ciencias, para quedar bien establecidas, deben determinar el conocimiento de sus objetos a priori, es decir, independientemente de toda experiencia, pues ésta es incapaz de proporcionar universalidad y necesidad estrictas, y por ende conocimientos ciertos. Ambas ciencias están bien establecidas porque han podido fundarse en esos conocimientos a priori, las matemáticas ya entre los griegos y la física con los modernos investigadores de la naturaleza.

La metafísica, en cambio, no ha podido aún hallar ese buen camino. Quizá la historia de las ciencias mencionadas nos proporcione alguna información acerca de cómo lo encontraron ellas. Y, en efecto, esa historia nos enseña que en ambas el giro consistió en dejar de intentar extraer los conocimientos de lo que se percibe en los objetos o de los conceptos que se tiene de ellos y, en cambio, prestar atención a la actividad del propio sujeto que investiga y de su razón. Como sólo puede conocerse con certeza lo que el mismo sujeto añade con necesidad a la cosa, ya que no lo que de la cosa se aprehende por experiencia, se investigó qué es lo que necesariamente el sujeto conocedor añade. Así se logró en matemática establecer axiomas y demostraciones, mientras que en la física, en la que hay además que tener en cuenta el mundo empírico, se pudieron establecer leyes gracias a que se dejó de observar fortuitamente a la naturaleza: la razón comenzó a examinarla según sus propios principios y su propio plan, y a obligarla de ese modo a obtener las respuestas deseadas para llegar a conocer qué es lo que ella misma, la razón, pone en la naturaleza. Este mismo giro subjetivo, que Kant famosamente llamó su “giro copernicano”, es el que todavía no se ha dado y debe darse en la metafísica. Es cuestión de modificar el método.

En la metafísica la tarea consistirá, entonces, tanto respecto de las intuciones como de los conceptos que se tienen de los objetos de la experiencia, en evitar considerar que son esos objetos, y por ende la experiencia, los que rigen a las intuciones y los conceptos de la mente. De ese modo son imposibles los conocimientos ciertos, pues la experiencia es incapaz de proporcionar nada a priori. Hay que invertir la relación y considerar que intuiciones y conceptos, y por ende nuestra mente, son los determinantes de los objetos y de la experiencia. Lo que la mente necesariamente coloque al aprehender esos objetos sí será a priori y se hallará necesaria y universalmente en toda experiencia posible.

La parte de la metafísica relativa a objetos empíricos quedará de este modo, en consencuencia, bien establecida. ¿Pero qué sucede con la metafísica cuyos objetos exceden toda experiencia posible y por ende no pueden ser experimentados sino sólo pensados? Y bien, como el conocimiento a priori de las cosas sólo se puede obtener de ellas en tanto la mente es afectada por ellas y las determina, las cosas consideradas en sí mismas (es decir, en tanto que no son afectadas por la mente) quedan fuera del alcance de todo conocimiento científico. La segunda parte de la metafísica, la relativa no a lo empírico sino a lo trascendente -Dios, el alma, la libertad-, es imposible como disciplina científica. Sólo caben en ese terreno la fe y el conocimiento práctico (moral), los cuales se verán beneficiados para actuar en el campo que le corresponde sin ser asediados ilegítimamente por las pretensiones de la razón especulativa. De hecho, cuando la razón intenta efectuar demostraciones especulativas respecto de ello, cae en contradicciones insuperables. Apartar a ésta del camino implica el importante logro de reforzar a la fe y a la moralidad contra las críticas que se le lanzan.

Título: Crítica de la razón pura (PDF)
Autores: Immanuel Kant
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 671 KB
Formato: PDF

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Immanuel Kant - Crítica de la razón pura (PDF) Introduccion del Libro Immanuel Kant - Crítica de la razón pura (PDF) Es la obra principal del filósofo prusiano Immanuel Kant. Tuvo su primera edición en 1781. El propio Kant llegó a corregirla, publicando en 1787 una segunda edición. En las publicaciones habituales de la obra son presentadas ambas ediciones simultáneamente, conocidas respectivamente como A y B. Se trata de una indagación trascendental (acerca de las condiciones epistémicas del conocer humano) cuyo objetivo central es lograr una respuesta…

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