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Hugo de Martin – El camino de los cedros (PDF-EPUB-MOBI-FB2)

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Introduccion del Libro Hugo de Martin – El camino de los cedros (PDF-EPUB-MOBI-FB2)

Aturdido por la caída, paladeó el fango en su boca. Lo notó frío y húmedo, sin sabor, menos desagradable de lo que cabría esperar. Lo escupió y se puso en pie dispuesto a continuar. Y al levantar la vista comprobó como otro de los competidores, jadeando por el esfuerzo, daba unos últimos pasos tambaleantes y caía desplomado al suelo. De los treinta que habían iniciado la carrera, ya sólo quedaban cuatro.

Apelando al empeño más que a las fuerzas, el príncipe Gilgamesh trató de dar alcance a Kumrad, el soldado esclavo que apenas le sacaba unas pocas zancadas de distancia. Sabía que Kumrad no se rendiría tan fácilmente como los demás, pues ya acariciaba la victoria y, con ella, el mayor de los premios, su libertad.

En la Explanada de Ishtar, al noroeste de la ciudad, entre el río que le daba la vida y las murallas que la protegían, los habitantes de Uruk se agolpaban jaleando enardecidos a los competidores por el magnífico espectáculo que les estaban brindando. La historia de aquel chico, sentenciado a servir como esclavo en el ejército de Uruk, corría de boca en boca con la misma rapidez que la compasión que despertaba en la mayoría. Al fin y al cabo, ningún hijo denunciaría a su padre por muy corrupto que éste fuera.

A Gilga, nombre con el que muchos se referían al príncipe, se le acababa el tiempo y sus piernas acusaban el esfuerzo por las muchas vueltas a la explanada que ya llevaba tras de sí. Dos más y todo habría acabado. Se sentía al límite. Una leve hendidura en el terreno le hizo perder el equilibrio y acabó de nuevo por los suelos, cayendo de costado y rasgándose la piel de la cadera y el muslo.

Una gran ovación acompañó al traspié de aquel arrogante. Difícilmente se le podría escapar ya la victoria al esclavo, que avanzaba con la cara desencajada, como si le hubiera poseído un mal espíritu. Probablemente ni siquiera era consciente de los gritos de ánimo que le lanzaban.

Y allí estaba él, Gilgamesh, descendiente de reyes, educado desde la cuna para ser uno de los grandes, caído, magullado y embrutecido por el barro. Vencido por un simple esclavo. Con los ojos aún cerrados, escuchó los vítores de celebración por su derrota. Aquel pueblo al que sus antepasados habían dado orgullo y esplendor, se alegraba ahora de su desgracia. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

Hubiera querido ordenarles a todos que guardaran silencio, pero ni siquiera él tenía tal poder. Recordó entonces cuando de pequeño, en la escuela de escribas, alguien les explicó que la obediencia es hija bastarda del poder, pero el respeto y la admiración, como el trigo, deben cultivarse con mimo. Otra lección desatendida.

Respiró aceleradamente tratando de saciar el hambre de sus pulmones, y volvió a levantarse. Fijó entonces sus ojos llorosos en Kumrad. El esclavo se encontraba a escasa distancia de la meta y a duras penas conseguía avanzar arrastrando los pies. Gilga trató de correr de nuevo. Al principio lo hizo con una ligera cojera, pero su zancada no tardó en volver a coger un buen ritmo.

El gentío, que hasta ese instante no había dejado de celebrar la gesta del esclavo, enmudeció.

Los otros dos corredores, agotados y ya sin ninguna posibilidad de victoria, detuvieron sus pasos. Kumrad apenas podía respirar. Alzó la mirada intentando vislumbrar la meta pero, al ver al príncipe a su lado, perdió toda esperanza. Y la consciencia. Se derrumbó a menos de veinte pasos de su ansiada libertad.

Gilga corrió aquel último trecho con la cabeza erguida, sabiéndose vencedor de una carrera que, en realidad, acababa de disputar contra sí mismo. Y cuando atravesó la línea de meta, tan sólo le acompañaron algunos aplausos surgidos de entre los jóvenes que solían acompañarle en sus juergas y desmanes, todos ellos hijos de las grandes familias de Uruk. Pero, por encima de todo, se oyeron los murmullos de lamento por el fracaso de aquel pobre muchacho que, como tantas veces les sucede a los más humildes, había perdido su única oportunidad.

Y pudo oírse también algún abucheo lanzado por los soldados del reino de Kish que asistían a las competiciones y que, con su presencia, recordaban a todos quién mandaba en Sumer.

Título: El camino de los cedros (PDF-EPUB-MOBI-FB2)
Autores: Hugo de Martin
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.6 MB
Formato: PDF

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Hugo de Martin – El camino de los cedros (PDF-EPUB-MOBI-FB2) Introduccion del Libro Hugo de Martin – El camino de los cedros (PDF-EPUB-MOBI-FB2) Aturdido por la caída, paladeó el fango en su boca. Lo notó frío y húmedo, sin sabor, menos desagradable de lo que cabría esperar. Lo escupió y se puso en pie dispuesto a continuar. Y al levantar la vista comprobó como otro de los competidores, jadeando por el esfuerzo, daba unos últimos pasos tambaleantes y caía desplomado al suelo. De los treinta que…

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Un comentario

  1. De las mejores novelas históricas que he leído. Lo compré en tapa blanda y la historia es más larga que en el ebook. Es difícil encontrar novelas ambientadas en la antigua civilización sumeria y esta es un auténtico novelón.
    Muy entretenida.

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