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Guillermo Valcárcel – El conseguidor (PDF) Gratis

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Guillermo Valcárcel – El conseguidor (PDF) Gratis

Introduccion del Libro Guillermo Valcárcel – El conseguidor (PDF) Gratis

«Sólo alguien que ha pasado cinco años en la cárcel puede llegar a estos extremos de maniático sin remedio; suplicando en la boca del manantial de la dulzura; enloquecido con la realización física de los orígenes de la bendita vida; buscando ciegamente el regreso al lugar del que procede».

«Somos nuestros propios cementerios; nos instalamos entre las tumbas de las personas que fuimos».

Prólogo

Existe un momento al final de la madrugada, en el mismo instante en que el sol despunta, en el que dos ciudades se pueden mirar cara a cara. La diurna, llena de la rutina que da seguridad a la vida de la mayoría, y la subterránea, en la que se mueven los hijos perdidos de la primera, la que oculta negocios turbios y satisface los deseos más oscuros, siempre que se puedan pagar.

El hombre de las botas, sin quitarse las gafas oscuras ni desabrocharse la cazadora, atravesó la negra cortina que protegía el after del sol exterior. Dentro, algunos grupos se desvanecían por la pista de baile y figuras vigilantes lo seguían desde los sillones, atentos a cualquier gesto. El camarero le sonrió con confianza y le sirvió un whisky sin mediar palabra. El hombre relajó la expresión y descansó un momento sobre un taburete, se acodó en la barra, ya casi vacía, y apuró el vaso sin soltar la bolsa que aferraba como si fuera valiosa. Una bolsa de bazar chino corriente y estrujada que apretaba con los dedos como si se le fuera la vida en ello. Con el primer trago, el golpe de energía del alcohol le insufló suficiente energía para dirigirse al baño. Dejó un billete de diez euros sin mirar, bajó de su asiento, trastabilló y percibió la corriente cálida de sangre que descendía por su pierna hasta la bota, que la recorría y le encharcaba el pie, y agradeció llevarlas, porque ocultasen su herida, y volvió a revisar los pantalones temeroso de que hubiese permeado, pero la oscuridad y la fuerte tela aún lo protegían.

Claro que eso no era suficiente, debía volver a salir al sol, debía conseguir un vehículo y huir de allí pronto, antes de que descifraran sus últimos pasos; debía desaparecer y, una vez a salvo, avisar a su socio, localizar al tal Xavi y conseguir un nombre, ofrecer un pago por salvarse. Primero había pensado en enfrentarse, pero eso era inútil, aquella gente parecía contar con medios ilimitados. Salvarse, sí, algo deberían querer, algo tendría que ofrecerles, tal vez a su mismo socio, ese cobarde gimoteador; si se lo hubieran pedido antes, él mismo les habría dado su cabeza. Sí, así era, les entregaría a su socio y al tal Xavi. ¿De dónde coño había salido aquél? No sabía cómo, pero estaba dispuesto a localizarlo, él podría. Sí —se repitió para tranquilizarse— encontraría lo que buscasen, él lo haría por ellos, y si se lo pedían les entregaría a esos tres: su socio, Xavi y el tipo que iba con él. ¿Cómo se llamaba? Se los serviría en bandeja. Pero primero debía desaparecer, si lo encontraban después de lo de esa noche sabía que no tendría escapatoria, ahora no podría negociar. Sí, debía desaparecer y después contactar con ellos y llegar a un acuerdo, de esa forma se salvaría. Y con la vaga idea de su salvación, con el imaginario plan de dialogar con la gente que iba a matarlo, convenciéndose a sí mismo de sus posibilidades, entró en el baño de hombres…

Título: El conseguidor (PDF) Gratis
Autores: Guillermo Valcárcel
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.6 MB
Formato: PDF–EPUB–FB2–MOBI

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Guillermo Valcárcel – El conseguidor (PDF) Gratis Introduccion del Libro Guillermo Valcárcel – El conseguidor (PDF) Gratis «Sólo alguien que ha pasado cinco años en la cárcel puede llegar a estos extremos de maniático sin remedio; suplicando en la boca del manantial de la dulzura; enloquecido con la realización física de los orígenes de la bendita vida; buscando ciegamente el regreso al lugar del que procede». «Somos nuestros propios cementerios; nos instalamos entre las tumbas de las personas que fuimos». Prólogo Existe un momento al final de la madrugada,…

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