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Graham Greene – Viajes con mi tía (PDF-EPUB)

Graham Greene – Viajes con mi tía (PDF-EPUB)

Graham Greene - Viajes con mi tía (PDF-EPUB)

Graham Greene – Viajes con mi tía (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Graham Greene – Viajes con mi tía (PDF-EPUB)

Yo tenía más de cincuenta años cuando conocí a mi tía Augusta. Fue en el funeral de mi madre. Cuando murió, mi madre tenía casi ochenta y seis años y mi tía era unos once años menor. Yo había dejado el banco dos años antes, con un buen retiro y un apretón de manos gratificador. Al hacerse cargo el Westminster de la institución, habían resuelto que mi sucursal era superflua. Todos me felicitaron por mi buena suerte, pero me resultó difícil llenar mi tiempo libre. No soy casado, he vivido siempre con mucha tranquilidad y no tengo ningún pasatiempo que me absorba, salvo mi interés por las dalias. Por estos motivos me sentí gratamente estimulado por el funeral de mi madre.

Hacía más de cuarenta años que mi padre había muerto. Era un hombre de naturaleza letárgica, contratista de obras, que solía dormir la siesta en toda clase de lugares insólitos. Esto irritaba a mi madre, mujer enérgica que salía en su busca para sacudirlo. De niño, recuerdo haber entrado al cuarto de baño —entonces vivíamos en Highgate— para encontrar a mi padre dormido en la bañadera, con la ropa puesta.

Soy bastante miope: pensé que mi madre habría estado limpiando un abrigo, hasta que mi padre susurró: «Cuando salgas, echa el cerrojo por dentro». Era demasiado perezoso para despertarse y estaba demasiado soñoliento para comprender que su pedido era imposible de cumplir. En otra ocasión, cuando dirigía la construcción de un bloque de departamentos en Lewisham, solía echarse sus buenas siestas en la cabina de la gigantesca grúa y las obras se interrumpían hasta que él despertaba. Mi madre, que ignoraba el vértigo, trepaba hasta los andamios más altos con la esperanza de encontrarlo, aunque lo más probable fuera que mi padre hubiese descubierto algún rincón en el sitio destinado a garaje subterráneo. Siempre los consideré como una pareja razonablemente feliz: sus respectivos papeles de cazador y de presa les sentaban, sin duda, porque en mis primeros recuerdos mi madre ya había adquirido una permanente actitud alerta y andaba con un trotecillo cauteloso que la asemejaba a un perro de caza. Espero que se me excusen estos recuerdos del pasado: es natural que surjan por sí solos durante un funeral, cuando tiene uno tanto tiempo para pensar…

Aunque no eran muchos los asistentes a la ceremonia, que tuvo lugar en un célebre crematorio, había en la atmósfera la agitación provocada por esa expectativa que nunca se siente frente a una tumba. ¿Se abrirían las compuertas? ¿No se atascaría el ataúd en su camino a las llamas?

Detrás de mí oí una voz clara y frágil que decía:

—Una vez presencié una cremación prematura.

Con cierta dificultad, reconocí a la anciana que había hablado por una fotografía del álbum familiar: era mi tía Augusta. Había llegado tarde, vestida como se hubiese vestido la difunta reina Mary, que Dios tenga en su gloria, si aún hubiese estado entre nosotros y se hubiera adaptado un poco a la moda actual. Me sorprendieron su brillante cabellera pelirroja, recogida en un cúmulo monumental, y sus dos grandes dientes delanteros, que le daban un vital aire de Neanderthal. Alguien chistó y un sacerdote inició una plegaria que, según creo, compuso en ese mismo instante.

Nunca la había oído en ningún funeral, aunque asistí a muchos en mis buenos tiempos: un gerente de banco tiene la obligación de presentar sus últimos respetos a todo antiguo cliente que no esté en la lista negra, como decimos los bancarios. Y por otro lado, siento una gran debilidad por las ceremonias fúnebres. En ellas, por lo general, la gente ofrece su mejor imagen: seria, digna, optimista en cuanto al dilema de la inmortalidad personal.

El funeral de mi madre transcurrió sin tropiezos. Con buen sentido de la economía, retiraron las flores del ataúd, que se deslizó hasta desaparecer de nuestra vista cuando alguien apretó un botón. Después, en la turbia luz de la mañana, recibí una serie de apretones de manos de sobrinos, sobrinas y primos que no había visto durante años y no podía identificar. Me habían indicado que debía esperar las cenizas y así lo hice, mientras la chimenea del crematorio humeaba suavemente en lo alto.

—Tú has de ser Henry —dijo tía Augusta, observándome atentamente con sus ojos de un azul profundo como el mar…

Título: Viajes con mi tía (PDF-EPUB)
Autores: Graham Greene
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.7 MB
Formato: PDF-EPUB

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Graham Greene - Viajes con mi tía (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Graham Greene - Viajes con mi tía (PDF-EPUB) Yo tenía más de cincuenta años cuando conocí a mi tía Augusta. Fue en el funeral de mi madre. Cuando murió, mi madre tenía casi ochenta y seis años y mi tía era unos once años menor. Yo había dejado el banco dos años antes, con un buen retiro y un apretón de manos gratificador. Al hacerse cargo el Westminster de la institución, habían resuelto que mi sucursal era…

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