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Graham Greene – Historia de una cobardía (PDF-EPUB)

Graham Greene – Historia de una cobardía (PDF-EPUB)

Graham Greene - Historia de una cobardía (PDF-EPUB)

Graham Greene – Historia de una cobardía (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Graham Greene – Historia de una cobardía (PDF-EPUB)

Llegó a la cima del montículo cuando la última luz del crepúsculo se debilitaba, y de buena gana hubiera gritado su alegría a los cuatro vientos ante la vista del bosque extendido a sus pies. Ansió con todas sus fuerzas tenderse sobre la rala hierba y contemplar, hasta saciarse, la oscura y reconfortante umbría que apenas si confió en ver. Tan sólo así pudo aliviar las punzadas de su costado, que habían ido en aumento al ir dando traspiés por la pendiente.

El frío viento de la meseta, que le impulsó con sus embates durante la última media hora, se había convertido en una leve y cálida brisa que le acariciaba el rostro al descender al llano. Como si el bosque fuese una enorme puerta oscilando sobre un grande y único gozne, la sombra que proyectaba fue cubriendo la hierba bajo sus pies, cambiando su tonalidad de oro a verde, luego a púrpura y finalmente a un sombrío gris. En aquel momento, la noche cubrió la tierra.

Un seto apareció ante sus ojos a una distancia de doce yardas. Sus sentidos, ya cansados y confusos, percibieron el aroma que despedían las hojas de las zarzas resecas, humedecidas ahora por las últimas lluvias.

Momentáneamente, el perfume le envolvió en agradable contentamiento y le hizo añorar un tiempo para descansar aquí. La hierba crecía hasta el borde del seto; poco después, sus pies se hundieron en tierra húmeda y comprendió que se hallaba en un camino. Fueron ellos, más que su mente, los que se dieron cuenta. Avanzaban maquinalmente, ya sobre el cenagoso centro de la vereda, ya sobre la hierba a la derecha del seto, o bien rozando el borde de éste en el lado opuesto.

Su cabeza era un torbellino de aromas y sonidos, con el lejano susurro del mar, los guijarros que chocaban cantarines entre sí, el olor de las mojadas hojas y la pisoteada marga, las ráfagas saladas del viento que había dejado a sus espaldas en la cumbre de la colina, voces, ruido de supuestos pasos.

Todas estas sensaciones estaban revueltas como las piezas de un rompecabezas, y medio olvidadas por la fatiga y el temor.

Este le decía que los caminos eran peligrosos. Lo murmuraba en voz alta:

«Peligrosos, peligrosos»; y luego, creyendo que la voz pertenecía a otra persona que caminaba junto a él, trepó aterrorizado por encima del seto. Las espinas de las zarzas se le engancharon y trataron de retenerlo; le clavaron pequeños pinchos a través de sus ropas, aprisionándole con sus caricias, como si fueran los dedos de una ramera entre la aglomeración de un bar. No hizo caso y continuó adelante.

Los dedos se enfurecieron, fustigando su rostro con agudas y afiladas uñas.

«¿Quién eres tú? ¿Quién eres tú? Te piensas que eres alguien». Podía escuchar la voz, aguda y lacerante. La mujer tenía un lindo rostro y la piel blanca. «Otro día», dijo él, porque no podía esperar. Tenía que marcharse a la ciudad. Las últimas espinas se rompieron y la noche se hizo más oscura bajo los árboles. A través del enrejado de las hojas, una docena de estrellas aparecieron de súbito ante su vista.

Tropezó contra un árbol y durante un breve momento se apoyó sobre él, dejando que sus piernas descansaran. Aliviadas en parte del peso de su cuerpo, parecieron dolerle más que nunca. Intentó recobrarse y recordar con exactitud dónde se encontraba: no estaba ya en Shoreham, sino en un bosque. ¿Le habrían seguido?

Escuchó, ávido de silencio, y fue recompensado. Había visto a Carlyon en el bar de Sussex Pad, pero tan sólo reflejado en el espejo tras la cabeza de una ramera. En aquel momento estaba casi vuelto de espaldas, pidiendo una bebida. A no ser que le hubiese visto partir, podía sentirse seguro.

¡Qué imbécil había sido al marcharse tan súbitamente! Debió hacerlo tranquilamente, llevándose a la muchacha consigo. «Imbécil, imbécil, imbécil, imbécil». La palabra zumbaba en su cabeza, con la monótona reiteración de una pesadilla. Sus ojos se cerraron, pero volvieron a abrirse con sobresalto al quebrarse una ramita bajo sus pies. «A estas horas podía estar durmiendo en buena cama y aun con mejor compañía… La muchacha era bonita y tenía suave piel…». No llegó a suponer que hubiese estado dormido. Volvió a despertar dos minutos más tarde sintiendo frío. Había soñado que estaba de regreso en el bar, mirando en el espejo la imagen de Carlyon; en el sueño, su rostro había comenzado a volverse. ¿Pero fue sólo en sueños? No podía quedarse allí. Y de nuevo comenzó a correr, tropezando sin cesar con las raíces de los árboles…

Título: Historia de una cobardía (PDF-EPUB)
Autores: Graham Greene
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.2 MB
Formato: PDF-EPUB

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Graham Greene - Historia de una cobardía (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Graham Greene - Historia de una cobardía (PDF-EPUB) Llegó a la cima del montículo cuando la última luz del crepúsculo se debilitaba, y de buena gana hubiera gritado su alegría a los cuatro vientos ante la vista del bosque extendido a sus pies. Ansió con todas sus fuerzas tenderse sobre la rala hierba y contemplar, hasta saciarse, la oscura y reconfortante umbría que apenas si confió en ver. Tan sólo así pudo aliviar las punzadas de su…

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