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Gordon Noah – La doctora Cole (PDF-EPUB)

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Gordon Noah – La doctora Cole (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Gordon Noah – La doctora Cole (PDF-EPUB)

R.J. despertó.

Por más tiempo que viviera, de vez en cuando abriría los ojos en mitad de la noche y escrutaría la oscuridad con la tensa certidumbre de que todavía era una médica residente agobiada de trabajo en el hospital bostoniano de Lemuel Grace, echando una cabezada en cualquier habitación vacía en medio de un turno de treinta y seis horas.

Bostezó mientras el presente le inundaba la conciencia y recordó con gran alivio que hacía varios años que había terminado su período como médica residente. Pero cerró la mente a la realidad porque las manecillas luminosas del reloj le indicaban que aún tenía dos horas, y durante aquella época lejana había aprendido a aprovechar hasta el último instante de sueño.

Dos horas después volvió a despertar con una luz grisácea y sin la menor sensación de pánico, y estiró el brazo para desconectar la alarma del despertador. Invariablemente abría los ojos antes de que sonara, pero de todos modos siempre lo conectaba la noche anterior, por si acaso. El chorro de la ducha, golpeándole el cráneo casi dolorosamente, le resultaba tan reconfortante como una hora más de sueño. El jabón se deslizó por un cuerpo más voluminoso de lo que hubiera deseado, y eso le hizo pensar que ojalá tuviera tiempo para ir a correr un poco, pero no lo tenía.

Mientras se pasaba el secador por la corta cabellera negra, todavía abundante y en buen estado, se examinó el rostro. La tez era blanca y transparente, la nariz estrecha y algo larga, la boca amplia y carnosa. ¿Sensual? Amplia, carnosa y no besada en mucho tiempo. Tenía ojeras.

—Bueno, ¿y tú qué quieres, R.J.? -le preguntó con aspereza a la mujer del espejo.

«A Tom Kendrick ya no», se dijo. De eso estaba segura.

Antes de acostarse había elegido la ropa que iba a ponerse, y ésta esperaba ahora al lado del armario: blusa y pantalones sastre, y zapatos elegantes pero cómodos.

Al salir al pasillo vio que la puerta del dormitorio de Tom estaba abierta y que el traje que había llevado el día anterior aún seguía en el suelo, donde él lo había tirado por la noche. Tom se había levantado antes que ella y hacía mucho que había salido de casa pues necesitaba estar en el quirófano a las siete menos cuarto.

En la planta inferior, se sirvió un vaso de zumo de naranja y se obligó a beberlo poco a poco.

Luego se puso el abrigo, recogió el maletín y cruzó la cocina, que nunca utilizaban, para salir al garaje. El pequeño BMW rojo era un capricho de ella, tal como la grandiosa casa de época lo era de Tom.

Le gustaba el ronroneo del motor, la precisión con que respondía el volante.

Durante la noche había caído una ligera nevada, pero las brigadas que mantenían despejadas las calles de Cambridge ya habían entrado en acción y no tuvo problemas cuando hubo cruzado la plaza Harvard y el bulevar JFK. Conectó la radio y escuchó a Mozart mientras se desplazaba con la marea de tráfico que descendía por Memorial Drive, y luego tomó el puente de la Universidad de Boston para cruzar el río Charles hacia la orilla de Boston.

Pese a que era muy temprano, el aparcamiento para el personal del hospital estaba casi lleno.

Deslizó el BMW en un espacio libre contiguo a la pared, para reducir el riesgo de que quien estacionase a su lado abriera la portezuela descuidadamente y le dañara la carrocería, y se encaminó hacia el edificio a paso vivo.

El guardia de seguridad hizo un gesto con la cabeza.

—Buenos días, doctora Cole.

—Hola, Louie.

En el ascensor saludó a varias personas. Bajó a la tercera planta y se dirigió rápidamente al despacho 308. Por las mañanas siempre llegaba con hambre al trabajo. Tom y ella rara vez comían o cenaban en casa, y nunca desayunaban; en el frigorífico sólo había zumo, cerveza y refrescos. Durante cuatro años, R.J. se había detenido cada mañana en la atestada cafetería del hospital, hasta que Tessa Martula pasó a ser su secretaria e insistió en hacer por ella lo que sin duda habría rehusado hacer por un hombre. «De todos modos he de ir a por mi café, así que es absurdo que no le traiga el suyo», había insistido Tessa…

Título: La doctora Cole (PDF-EPUB)
Autores: Gordon Noah
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.4 MB
Formato: PDF-EPUB

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Gordon Noah – La doctora Cole (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Gordon Noah – La doctora Cole (PDF-EPUB) R.J. despertó. Por más tiempo que viviera, de vez en cuando abriría los ojos en mitad de la noche y escrutaría la oscuridad con la tensa certidumbre de que todavía era una médica residente agobiada de trabajo en el hospital bostoniano de Lemuel Grace, echando una cabezada en cualquier habitación vacía en medio de un turno de treinta y seis horas. Bostezó mientras el presente le inundaba la conciencia y recordó con gran alivio que…

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