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Giorgio Scerbanenco – Pequeño hotel para sádicos (PDF-EPUB)

Giorgio Scerbanenco – Pequeño hotel para sádicos (PDF-EPUB)

Giorgio Scerbanenco - Pequeño hotel para sádicos (PDF-EPUB)

Giorgio Scerbanenco – Pequeño hotel para sádicos (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Giorgio Scerbanenco – Pequeño hotel para sádicos (PDF-EPUB)

Miró a la ventana. La ventana daba a uno de los desmesurados paseos milaneses de las afueras. Él era bajo, pero corpulento, y con abundante cabellera, toda gris, y aquí y allí franjas claramente blancas, y un rostro cuadrado, pálido, palidísimo. Miró el paseo arbolado brillante de lluvia, las pequeñas lunas rojas, verdes y amarillas de los cuatro semáforos. Vio a una muchacha con impermeable celeste cruzar la calle.

Parecía querer acudir a él, parecía mirarle. Se fijó en los labios de la joven, muy marcados, de un rojo coral casi fluorescente, y dejó de mirarla sólo cuando desapareció detrás de un colosal camión de una compañía de transportes. Luego ya no la vio.

Entonces miró la habitación. Bonita. Todo lo había cuidado una mujer, lo sabía por los folletos publicitarios: la moqueta verde guisante, las paredes de color crema decoradas con unos apliques rojo granate, con una lámpara ovoidal, alargada, de luz indirecta, pegada al techo, que en aquel crepúsculo lluvioso brillaba suavemente aunque con luz vivísima como una galaxia en una noche de verano. Miró el lecho con el cubrecama de un rojo granate. Era un ancho y cómodo lecho, para una sola persona, y tenía a los lados dos mesitas panzudas de una graciosa imitación del barroco, y en una de ellas estaba el teléfono. Nunca había visto un teléfono tan aplastado —para molestar menos—, color crema como las paredes, y en la otra mesita había otro aplastado aparato que debía de ser la radio. Era curioso, y apretó uno de los botones de la cajita.

«… después de la conferencia de prensa, Primo Camera volvió a subir al coche, directo a Sequals, parecía muy cansado y su delgadez es en realidad impresionante…».

Apretó otro botón y oyó a una joven que cantaba con voz delicada, aérea, y sin embargo poderosamente femenina.

«Debe de ser Ornella Vanoni», pensó, sentado en el lecho, y aunque no entendía, lo había adivinado, porque, al final de la canción, una agradable voz de mujer joven dijo:—

La dirección de este Piccolo Hôtel se complace en haber ofrecido a sus oyentes la canción Universo in sol, cantada por Ornella Vanoni.

Pausa.

—Antes de proseguir nuestro programa musical, la dirección de este Piccolo Hôtel se permite recordar el menú de esta noche: Assiette de caviar y salmón. Doble consomé de vaca con pan frito. Pollo a la cosaca con trufas. Queso, fruta y helados caseros preparados por nuestros especialistas. Proseguimos la transmisión de música solicitada. Van a oír ustedes una canción de Celen taño.

Sentado en la cama, escuchó religiosamente toda la canción, como si se tratara de la Novena de Beethoven, y sólo cuando hubo terminado apretó el botón. Buen servicio: la radio con todos los programas nacionales y además la radio interior del hotel, que transmitía su propio programa. Se levantó y miró por fin la maleta.

Era un trasto largo y plano, de un grueso no mayor de doce centímetros, pero de un metro de largo y de una anchura de, por lo menos, medio metro. Lo levantó, era pesado; exactamente veintisiete kilos. Lo había pesado varias veces en las balanzas de las carnicerías.

La colocó sobre la cama y la abrió. Siempre que la abría tenía ganas de echarse a reír, porque no es posible dejar de reír al ver todos aquellos cuchillos, el más pequeño de los cuales medía unos veinte centímetros; pero había dos enormes, de hoja ancha de unos cinco dedos y de sesenta centímetros de larga. Había también hachas, la más pequeña tenía un mango de veinte centímetros, y otra uno de un metro de largo, que parecía una arma medieval. Había chismes que parecían instrumentos de cirujano: un largo cuchillo de medio metro de largo desde la punta arqueada de dos filos, y además el martillito con punta a un lado y filo al otro, y varios tipos de belduques.

Además había una cosa que resultaba chocante en aquel arsenal: un pequeño revólver para señora escondido bajo los enormes cuchillos de filo y sierra y las hachas. Era un chisme de risa. Se lo había quitado a escondidas a su hermana que vivía sola en una casita aislada en el lago Maggiore, y por eso estaba armada, pero si uno se lo metía en la boca como una de esas varillas de pan piamontesas y apretaba el gatillo, disparaba su buena bala del calibre seis, y uno entonces ya no tenía ocasión de reírse nunca más…

Título:Pequeño hotel para sádicos (PDF-EPUB)
Autores: Giorgio Scerbanenco
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.4 MB
Formato: PDF-EPUB

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Giorgio Scerbanenco - Pequeño hotel para sádicos (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Giorgio Scerbanenco - Pequeño hotel para sádicos (PDF-EPUB) Miró a la ventana. La ventana daba a uno de los desmesurados paseos milaneses de las afueras. Él era bajo, pero corpulento, y con abundante cabellera, toda gris, y aquí y allí franjas claramente blancas, y un rostro cuadrado, pálido, palidísimo. Miró el paseo arbolado brillante de lluvia, las pequeñas lunas rojas, verdes y amarillas de los cuatro semáforos. Vio a una muchacha con impermeable celeste cruzar la calle.…

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