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Gilbert Keith Chesterton – El hombre eterno (PDP-EPUB)

Gilbert Keith Chesterton – El hombre eterno (PDP-EPUB)

Gilbert Keith Chesterton - El hombre eterno (PDP-EPUB)

Gilbert Keith Chesterton – El hombre eterno (PDP-EPUB)

Introduccion del Libro Gilbert Keith Chesterton – El hombre eterno (PDP-EPUB)

Es un ensayo histórico en dos partes sobre la humanidad, Cristo y el Cristianismo, de G. K. Chesterton, publicado en 1925. Es hasta cierto punto una consciente respuesta al libro de H. G. Wells’ Outline of History, que envuelve ambos, el origen evolutivo de la humanidad y la mortalidad humana de Jesús. Mientras que en Ortodoxia Chesterton destaca su propio viaje espiritual, en este libro trata de ilustrar el viaje espiritual de la humanidad.

Chesterton comienza de la siguiente manera: Hay dos formas de llegar a casa, una de ellas es permanecer en ella y la otra es caminar a través de todo el mundo hasta que volvamos al mismo lugar, El Hombre Eterno está dirigido para aquellos que no han logrado llegar a casa de la primera forma, invitándolos a que se aproximen a casa de la segunda manera.

El objetivo de este libro, en otras palabras, es que la mejor cosa siguiente a estar realmente dentro de la cristiandad es estar realmente fuera de ella. Y un punto particular es que los críticos populares del Cristianismo no están realmente fuera de él […] La mejor relación con nuestro hogar espiritual es estar lo bastante cerca como para amarlo. pero la segunda mejor relación es estar lo bastante lejos como para no odiarlo. Es el argumento de estas páginas que, si bien el mejor juez de la cristiandad es un cristiano, el juez siguiente mejor sería algo más parecido a un confuciano. El peor juez de todos es el hombre más preparado con sus juicios, el cristiano débilmente educado que se convierte gradualmente en un agnóstico de mal carácter, enredado en el final de una riña de la que nunca entendió el principio, azotado por una especie de aburrimiento heredado de no sabe qué, cansado de escuchar algo de lo que nunca había oído hablar. Para aquellos para los que una mera reacción se ha convertido en una obsesión, yo recomiendo el serio esfuerzo imaginativo de concebir a los Doce Apóstoles como chinos. En otras palabras, recomiendo a estos críticos a tratar de hacer tanta justicia a los santos cristianos como si fueran sabios paganos. Pero […] intentaré demostrar que cuando hacemos el esfuerzo imaginativo de verlo todo desde fuera, realmente se ve como aquello que tradicionalmente se ha dicho desde el interior.

De acuerdo con los esquemas evolucionistas de la historia propuesta por Wells y otros, la humanidad es simplemente otro tipo de animal, y Jesús fue un extraordinario ser humano, y nada más. La tesis de Chesterton, como se expresa en la primera parte del libro (‘Sobre la Criatura llamada hombre “) es que si el hombre es realmente visto simplemente como otro animal, uno se ve obligado a concluir que es un animal extrañamente inusual. En la Segunda parte del libro, (“Del Hombre Llamado Cristo”), Chesterton sostiene que si Jesús es realmente visto como simplemente otro líder humano, y el Cristianismo y la Iglesia son simplemente otra religión humana, uno se ve obligado a la conclusión de que él era un líder extrañamente inusual, cuyos seguidores fundaron una atípica y milagrosa religión e Iglesia. “No creo”, dice, “que el pasado sea verdaderamente representado como una cosa en la que la Humanidad simplemente se desvanece en la Naturaleza, o que la civilización se desvanezca en barbarie, o que la religión se desvanezca en mitología, o que nuestra religión se desvanezca en las religiones del mundo. En resumen, no creo que la mejor manera de producir un resumen de la historia sea borrar las líneas”

C. S. Lewis dijo que El hombre eterno “bautizó” su intelecto, tanto como los escritos de George MacDonald bautizaron su imaginación, haciendo que se aproximara más al Cristianismo, antes de que lo abrazara por completo. En una carta a Sheldon Vanauken (14 de diciembre de 1950) Lewis llama al libro “el mayor libro de apologética que conozco,” y a Rhonda Bodle escribió (31 de diciembre de 1947) “la [verdadera] defensa popular que mejor he conocido, respecto de la posición completa del Cristianismo, es de G. K. Chesteron El hombre eterno. El libro también fue citado como uno de los 10 libros que “marcaron mi vocación y mi actitud hacia la filosofía y la vida “.

Prólogo

En algún pasaje de su suculenta Autobiografía. Chesterton nos confiesa que su acercamiento a la Iglesia católica fue primeramente una expresión de curiosidad. La execración de la Iglesia se había convertido en el pasatiempo predilecto de los intelectuales de su época: tanta unanimidad en el vituperio acabó provocando en su temperamento inquisitivo un movimiento de rechazo. Una institución humana que concitaba tan ardorosos ataques y, sin embargo, lograba revestirlos debía, sin duda, estar animada por un fuego divino. Chesterton se preocupó de indagar la naturaleza de tales ataques, descubriendo en todos ellos un fondo de enconada falsedad: también descubrió —al principio con perplejidad, luego con rendido entusiasmo— que en la naturaleza íntima de la Iglesia latía un meollo de Verdad que en el transcurso de los siglos no había logrado agostar, un meollo de Belleza antigua y eternamente renovada que acabaría subyugándolo. Chesterton descubre que la única herejía que su época no admite es la ortodoxia: descubre que el catolicismo es la única religión que nos libera de la «degradante esclavitud de ser hijos de nuestro tiempo», esto es, de sus modas perecederas y de su tumulto de banalidades y tópicos enquistados.

Y esa curiosidad hacia lo que sus contemporáneos denigraban sumariamente, incapaces de taladrar la mugre de los prejuicios, acabaría convirtiéndose en un deslumbramiento. Los hombres de su tiempo coincidían en caracterizar la Iglesia como una suerte de cárcel del intelecto: Chesterton no tardaría en comprobar que, más bien al contrario, era un ameno prado donde la libertad del hombre podía retozar a su gusto con alborozo casi infantil. Así, lo que había empezado siendo una suerte de desplante o insumisión ante el pensamiento dominante de su época acabaría convirtiéndose en una jubilosa expedición en pos de la Verdad. Y la crónica de esa expedición, narrada en un puñado de libros que concilian la intención apologética con el esplendor verbal y los primores del ingenio y la paradoja, conforma uno de los edificios más imperecederos de la literatura del siglo XX.

Este libro que ahora acometes, querido lector, quizá sea el pináculo que remata tan hermoso edificio: pero es, al mismo tiempo, el basamento en que se funda su robusta piedra angular. En Chesterton, la gracia de la expresión nunca se alcanza en detrimento de la hondura del pensamiento: ambas forman una aleación que hace de su escritura un festín de la inteligencia y una exultante experiencia estética. En Chesterton descubrimos, en fin, que belleza y Verdad constituyen una amalgama indisociable: y alcanzar esa íntima comunión, que es la exigencia máxima del artista, es también la exigencia máxima del católico. El hombre eterno, publicado originariamente en 1925, nace de la vocación polemista que incendió los días de Chesterton. Unos pocos años antes, Herbert George Wells había entregado a las imprentas un muy voluminoso ensayo titulado Esquema de la Historia (The Outline of History), que, como casi todos los suyos, obtuvo un éxito instantáneo y multitudinario. En ese ensayo, Wells considera al hombre un resultado casi aleatorio de la evolución; al reparar en la figura de Jesús. Wells lo caracteriza como una criatura mortal, sin duda determinante para el destino posterior de la Humanidad, como en otras épocas lo serían Mahoma o Buda, fundadores de religiones que se habrían limitado a dar forma a un impulso humano que, para Wells, es quimérico y prescindible. Las tesis materialistas de Wells ya habían sido combatidas en la prensa por escritores católicos de la talla de Bellos: pero sería Chesterton quien se encargaría de elaborar una refutación en toda regla, proponiendo su propio «bosquejo de la Historia» en un libro que, rehuyendo las erudiciones de enciclopedia o almanaque que lastraban el mamotreto de Wells, fundaba su argumentación sobre dos tesis subversivas para la época (en realidad, subversivas para cualquier época, de ahí la eterna novedad del cristianismo): la unicidad de la criatura llamada hombre y la unicidad del hombre llamado Jesús.

Como suele ocurrir en Chesterton, su capacidad persuasiva disuelve sofismas y especulaciones con una fuerza irradiadora fundada en el sentido común. En su narración de los acontecimientos que jalonan la existencia del hombre sobre la tierra.

Wells había actuado como un novelista a quien desagrada el protagonismo de su relato y no llega a penetrar su naturaleza más íntima. El hombre, según Chesterton, no es el fruto de una evolución, sino de una revolución: y para mejor explicar este aserto, nos lleva de la mano al interior de las cavernas que habitaron nuestros antepasados. Lo que encontramos en dichas cavernas —unas pinturas rupestres realizadas no sólo por la mano del hombre, sino por la mano de un verdadero artista — rebate esas hipótesis evolucionistas que lo enmarañan y complican lodo para que no podamos comprender la verdad, la sencilla y escueta verdad. Aunque hubiésemos sido adoctrinados en las más ortodoxas teorías evolutivas, llegaríamos a la conclusión de que esas mismas pinturas nunca las habría podido concebir ni realizar un animal.

Podríamos fatigar el entero atlas, pero jamás encontraríamos una línea trazada con intención artística por la garra de un animal. Resulta chocante que los hombres de las cavernas, tan alejados de nosotros en el tiempo, sean al mismo tiempo tan cercanos a nosotros; y que bestias tan cercanas a nosotros en el tiempo, como el chimpancé o el gorila, sean a su vez tan lejanas. El arte es la firma del hombre, el rasgo exclusivo de su personalidad.

El hombre —sostiene Chesterton— no puede ser considerado sino como una criatura absolutamente independiente y singular respecto a las demás criaturas. La señal más evidente de su misteriosa singularidad, la prueba de que no es el producto de un mero continuo evolutivo, es el impulso artístico…

Título: El hombre eterno (PDP-EPUB)
Autores: Gilbert Keith Chesterton
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.7 MB
Formato: PDF-EPUB

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Gilbert Keith Chesterton - El hombre eterno (PDP-EPUB) Introduccion del Libro Gilbert Keith Chesterton - El hombre eterno (PDP-EPUB) Es un ensayo histórico en dos partes sobre la humanidad, Cristo y el Cristianismo, de G. K. Chesterton, publicado en 1925. Es hasta cierto punto una consciente respuesta al libro de H. G. Wells’ Outline of History, que envuelve ambos, el origen evolutivo de la humanidad y la mortalidad humana de Jesús. Mientras que en Ortodoxia Chesterton destaca su propio viaje espiritual, en este libro trata de ilustrar el…

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