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Georges Simenon – La anciana (PDF-EPUB)

Georges Simenon – La anciana (PDF-EPUB)

Georges Simenon - La anciana (PDF-EPUB)

Georges Simenon – La anciana (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Georges Simenon – La anciana (PDF-EPUB)

El comisario de policía se paró un instante en el frío y húmedo vestíbulo de la portería y consultó su reloj de pulsera. Luego sacudió su abrigo enviando algunas gotas de nieve derretida sobre las baldosas, donde se extinguieron cual si se tratara de papel secante. Eran las once y cinco La primera vez que se presentó, a las nueve y treinta, la portera, aún joven, casi bonita, confortablemente instalada en su logia, no se había dejado impresionar ni por su cargo ni por la amabilidad con que la trató, y le había contestado con cierto enojo.

—Supongo que no viene a detener a esta señorita.

—Naturalmente que no.

—Si es porque ha dejado abandonado su coche Dios sabe dónde…

—En absoluto. Mi visita, a decir verdad, no es oficial. Se trata de que la señorita Emel tal vez pueda proporcionarme cierta información e incluso su ayuda…

Sin molestarse en hacer cesar el zumbido del aspirador, la portera le dirigió una mirada irónica.

—Siendo así le aconsejo que no la moleste tan temprano. No se levanta nunca antes de las once, siendo lo más frecuente hacia las dos o las tres.

Se trataba pues de su segunda visita, y antes de subir se quitó el sombrero, hizo saltar las oscuras y gruesas gotas de agua de que se hallaba empapado y se lo volvió a poner; después dio unos golpes en el suelo, primero con el pie derecho, luego con el izquierdo, a fin de hacer saltar la nieve derretida, de tal forma que dejó una extensa mancha de humedad en el suelo. A través de la puerta vidriera de la logia, la portera, con su bata blanca sobre un vestido negro, le miraba indiferente, sin animarle ni desanimarle.

En el lado izquierdo del vestíbulo se iniciaba una escalera y otra en el lado derecho, ambas con un pasamano de hierro forjado que terminaba en una bola de cobre. Al fondo, un patio, donde se veía la escalinata de un viejo hotel particular; sobre las pulidas baldosas aún había algunos copos de nieve.

Sin saber qué camino tomar, el comisario volvió sobre sus pasos, y la portera, que no le había quitado la vista de encima, entreabriendo la puerta le dijo, condescendiente:

—Escalera de la izquierda. quinto piso.

No preguntó por el ascensor, pues era muy improbable que lo hubiera. Los viejos inmuebles de Île Saint-Louis no se prestaban a la instalación de estos artilugios, aparte de que algunos propietarios no querían ni oír hablar de ellos.

Empezó a subir las escaleras lentamente, sin que se oyera ni el más ligero rumor detrás de las trabajadas puertas; a partir del tercer piso empezó a apoyarse en el pasamano para proseguir su lenta ascensión. Al llegar al quinto piso se detuvo unos instantes antes de llamar, a fin de recobrar el aliento. Pulsó el timbre y quedóse inmóvil. La espera le pareció muy larga. Consultó el reloj. Dudaba en llamar por segunda vez cuando adivinó más que oyó un ligero rumor; silencio de nuevo; por fin el clic de una cerradura bien engrasada.

La puerta se entreabrió unos veinte centímetros. Una pequeña y robusta sirvienta, vestido negro, bata blanca, como la portera, le miraba en silencio, como si el aspecto del visitante fuese algo fuera de lo normal, cuando en realidad el comisario vestía correctamente, diríase que con elegancia.

No era posible tomarle por un alguacil ni confundirle con un vendedor de aspiradores o de enciclopedias.

—¿Está en casa la señorita Emel? —preguntó al tiempo que le entregaba una tarjeta de visita, que había sacado de su cartera mientras ascendía los encerados peldaños de la escalera.

Al contacto con el abrigo sus manos se habían mojado. No había creído necesario tomar el coche, pues la comisaría estaba muy cerca.

—Voy a ver.

Hizo un movimiento para cerrar la puerta, pero levantando los hombros la dejó como estaba y se alejó.

El comisario oyó confusamente unas voces femeninas hacia el fondo del apartamento, luego pasos precipitados, como si alguien se apresurara a poner en orden las cosas. Después oyó claramente una voz que preguntaba:

—¿Dónde está?

— En el rellano.

La puerta de roble se abrió de par en par y el comisario se encontró frente a una Sophie Emel que, si bien se parecía a la de las fotografías que publicaban los periódicos y las revistas ilustradas, sin embargo le pareció muy distinta. No era la primera vez que debido a su profesión trataba con personajes célebres en el marco de su vida privada. Quedóse algo sorprendido al verla vestida con unos pantalones muy ceñidos de color rojo vivo, semejantes a los de un torero, los pies desnudos sobre la moqueta y un jersey de cuello alto que se había puesto precipitadamente…

Título: La anciana (PDF-EPUB)
Autores: Georges Simenon
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.0 MB
Formato: PDF-EPUB

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Georges Simenon - La anciana (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Georges Simenon - La anciana (PDF-EPUB) El comisario de policía se paró un instante en el frío y húmedo vestíbulo de la portería y consultó su reloj de pulsera. Luego sacudió su abrigo enviando algunas gotas de nieve derretida sobre las baldosas, donde se extinguieron cual si se tratara de papel secante. Eran las once y cinco La primera vez que se presentó, a las nueve y treinta, la portera, aún joven, casi bonita, confortablemente instalada en su logia, no se…

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