Libros y Solucionarios Más Descargados
Inicio » Literatura » Literatura 4 » Georges Simenon – El hombre del perrito (PDF-EPUB)

Georges Simenon – El hombre del perrito (PDF-EPUB)

Georges Simenon – El hombre del perrito (PDF-EPUB)

Georges Simenon - El hombre del perrito (PDF-EPUB)

Georges Simenon – El hombre del perrito (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Georges Simenon – El hombre del perrito (PDF-EPUB)

¿Tuvo, en verdad, el incidente del domingo, la importancia que estoy tentado a darle? No se puede, incluso, sin pecado de exagerar, hablar de incidente. Un mero encuentro fortuito, en plena calle. Una pareja desconocida, entre la multitud parisina.

Un simple intercambio de miradas.

Y sin embargo, desde hace ya tres días, ha cambiado mi talante, y las decisiones que yo, hasta entonces, consideraba como definitivas, ya no me lo parecen tanto. No les evoco en forma dramática, ni sentimental tampoco. No soy más que un hombre cualquiera entre el resto de los hombres, entre los millares, entre los millones de seres que viven, que nacen o que mueren en el mismo instante en que yo escribo, sin contar las centenas de millones de individuos, más o menos parecidos a mí, que han pisado a lo largo de los tiempos, esta misma tierra, han respirado este mismo aire y han conocido el mismo ritmo, monótono y continuado, de las cuatro estaciones.

De todas formas me hubiera puesto a escribir. Pero antes del pasado domingo no pensaba, ni con mucho, en una carta tan larga, ya que, sobre todo, no tengo a quién enviársela.

Sin embargo, ayer, tras haber cerrado la tienda, me dirigí a una papelería dispuesto a comprar un cuaderno, un típico y grueso cuaderno de escolar. Me los enseñaron con tapas en color azul, rosa, verde y amarillo. Escogí uno azul a causa, sin duda, de un trocito de cielo que, el domingo, se veía, a eso de las tres de la tarde, por encima del Panteón.

Mi carta hubiese tenido, de otra forma, un tono muy distinto del que va a tener ésta que hoy comienzo a escribir. Es verdad, también, que aún no sé, a ciencia cierta, cómo será el tono que emplee en ella mañana, ni en los días venideros. En las semanas, quizá, que a ella dedique, puesto que presiento que el plazo que yo mismo me conceda para acabarla será largo y sé, sobradamente, que aun sobre él, es bien probable que me conceda demoras.

El sábado, mi decisión estaba tomada. Me hallaba sereno, en calma, y veía aproximarse el fin con una especie de ironía, con esa ironía, precisamente, que me disponía a introducir en todo el desarrollo de mi carta.

Tuve dudas sobre la forma más conveniente de empezarla.

«Yo, Félix Allard, de cuarenta y ocho años, con domicilio en el número 3 de la calle de los Arcabuceros, distrito III, París…».

Luego, probablemente, habría añadido como en los testamentos:

«sano física y mentalmente…».

Mentalmente, no me siento capaz de jurarlo, aunque no sea más que porque ignoro, en verdad, lo que ocurre en los cerebros de los demás, razón por la cual me es muy difícil determinar lo que es corriente y normal, y lo que no.

Ése era el estilo, más o menos, que yo pretendía adoptar. Un tono ligero, con una pequeña dosis de sarcasmo, más bien dirigida contra mí que contra el prójimo.

Ahora, cuando ya he ennegrecido con mi escritura la primera página del cuaderno, sigo manteniéndome en calma, como de costumbre, tal vez incluso sonriente, pero sin atreverme a decir que logre no estar un poco emocionado.

¿A causa, quizá, de la pareja con quien me encontré el domingo?

Tal vez.

Lo mejor será, sin duda, relatar brevemente cómo se desarrolló, para mí, ese día.

Me desperté, como todas las mañanas, a eso de las seis. Aún era de noche. Igual que los días precedentes, tan pronto como extendí el brazo para encender la lámpara de la mesilla, Bib, que estaba dormido sobre la colcha, a los pies de mi cama, comenzó a reptar por encima mío, meneando alegre la cola, hasta llegar a pegar su hocico junto a mi cara. Unos gruñidos mimosos fueron sus buenos días.

Hemos hablado mucho los dos. ¡Cuando digo hablar…! Está claro que Bib, como todos los restantes perros, no habla realmente. Soy yo quien le habla, y él quien me responde a su manera. Por ejemplo: cuando ya nos hartamos de los mimos y las efusiones matinales, coge con su boca el borde de mi ropa, recula sobre la colcha hasta que me descubre, como invitándome a levantarme. Y, sin duda para animarme, salta entonces al suelo.

Me puse mi bata de casa, metí mis pies descalzos en unas pantuflas y me dirigí hacia la puerta. Todos estos gestos y movimientos, habituales y repetidos, día tras día, hasta la saciedad, ya sé que no cuentan para nada, ni tienen valor alguno a los ojos de la mayoría de la gente. En cambio, adquieren la importancia de un ritual para un hombre que vive solo con su perro. Y más todavía para un ser que, tras de haber sopesado serenamente los pros y los contras, ha decidido acabar.

He conocido, a lo largo de mi vida, otras costumbres, otros comportamientos habituales. Me ha despertado, muchas mañanas, el olor del café y el ruido de mi madre en la cocina; más tarde, el de un despertador de agudo tono metálico; luego, los movimientos y el tibio calor de un cuerpo de mujer. El llanto de un bebé, y el corretear de un crío por la habitación vecina me han arrancado también muchas veces de mi sueño. Luego…

Título:El hombre del perrito (PDF-EPUB)
Autores: Georges Simenon
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 969 KB
Formato: PDF-EPUB

LINKS DE DESCARGA:
Comparte Nuestros Libros!
Facebook
Twitter
Google +
Youtube
Correo
Georges Simenon - El hombre del perrito (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Georges Simenon - El hombre del perrito (PDF-EPUB) ¿Tuvo, en verdad, el incidente del domingo, la importancia que estoy tentado a darle? No se puede, incluso, sin pecado de exagerar, hablar de incidente. Un mero encuentro fortuito, en plena calle. Una pareja desconocida, entre la multitud parisina. Un simple intercambio de miradas. Y sin embargo, desde hace ya tres días, ha cambiado mi talante, y las decisiones que yo, hasta entonces, consideraba como definitivas, ya no me…

Review Overview

0%

User Rating: Be the first one !
0

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada.