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George R. R. Martin – La Espada Leal (PDF-EPUB)

George R. R. Martin – La Espada Leal (PDF-EPUB)

George R. R. Martin - La Espada Leal (PDF-EPUB)

George R. R. Martin – La Espada Leal (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro George R. R. Martin – La Espada Leal (PDF-EPUB)

Tras los fabulosos sucesos del torneo de Vado Ceniza, Dunk se consolidó como caballero y Egg obtuvo permiso para ver mundo. Ahora la errancia ha llevado a la extraña pareja a Tiesa, un lugar empobrecido que sufre una grave sequía. Además, la violencia atenaza el territorio, pues hace años que su gobernante, Ser Eustace, está enemistado con la señora de la región vecina, Fosafría. Se trata de la bella y temible Lady Rohanne, a quien los lugareños atribuyen crímenes infames y llaman, entre susurros, la Viuda Escarlata. El pleito pondrá a prueba la lealtad de Dunk y Egg hasta extremos que jamás habrían sospechado.

Prólogo

En el interior de una jaula de hierro situada en un cruce de caminos, dos cadáveres se pudrían al sol del verano.

Egg se detuvo debajo para echarles un vistazo.

—¿Quienes pensáis que eran, Ser? —Su mula Maestra, agradecida por el respiro, comenzó a ramonear la seca hierba rastrera de las orillas del camino, ajena a las dos enormes cubas de vino de su lomo.

—Ladrones —dijo Dunk. Montado sobre Trueno, estaba mucho más cerca de los muertos—. Violadores. Asesinos. —Bajo ambos brazos, su vieja túnica verde presentaba manchas oscuras en forma de círculo. El cielo era azul y el sol resplandeciente y cálido, y había sudado litros desde que levantaran el campamento por la mañana.

Egg se quitó el flexible sombrero ancho de paja. Debajo, su cabeza era calva y reluciente.

Usó el sombrero para espantar a las moscas. Había cientos sobre los cadáveres, y más aún revoloteando perezosamente por el aire caliente e inmóvil.

—Debe haber sido algo malo, para que les dejaran morir dentro de una jaula.

En ocasiones, Egg podía ser tan sabio como cualquier maestre, pero otras veces seguía siendo un niño de diez años.

—Hay señores y señores —dijo Dunk—. Algunos no necesitan muchos motivos para dejar que un hombre muera.

La caja de hierro apenas tenía el tamaño suficiente para contener un hombre, pero dos habían sido forzados a entrar. Estaban cara a cara, con los brazos y las piernas enredados y las espaldas contra el caliente hierro negro de los barrotes. Uno había intentado comerse al otro, por los mordiscos en su cuello y hombros. Los cuervos sí que lo habían hecho, a los dos.

Cuando Dunk y Egg habían rodeado la colina, los pájaros habían levantado el vuelo como una nube oscura, tan espesa que Maestra se había asustado.

—Quien quiera que fuesen, parecen haber muerto de hambre —dijo Dunk.

Esqueletos dentro de la piel, y la piel es verde y se está pudriendo—. Debe ser que robaron algo de pan, o cazaron un venado en el bosque de algún noble. —Con la sequía entrando en su segundo año, la mayoría de los señores se había vuelto menos tolerante con la caza furtiva, y para empezar ninguno lo había sido demasiado.

—Pudiera ser que estuvieran en alguna banda de forajidos. —En Dosk, habían oído a un arpista cantar «El día en que ahorcaron a Robin el Negro». Desde entonces, Egg veía gallardos forajidos detrás de cada arbusto.

Dunk se había encontrado con algún forajido mientras servía como escudero para el anciano. No tenía prisa por encontrarse con ninguno más. Ninguno de los que había conocido fue especialmente gallardo. Recordó a un bandido que Ser Arlan había ayudado a colgar, por robo de anillos. Cortaba los dedos de los hombres para conseguirlos, pero con las mujeres prefería morder. Que Dunk supiera, no había canciones en su honor. Bandidos o cazadores furtivos, no hay diferencia. Los muertos son una compañía muy pobre. Hizo caminar a Trueno alrededor de la jaula. Los ojos vacíos parecían seguirle. Uno de los cadáveres tenía la cabeza gacha y la boca abierta.

No tenía lengua, observó Dunk. Supuso que los cuervos se la habrían comido. Los cuervos siempre picoteaban primero los ojos del cadáver, según había oído, pero quizá la lengua iba la segunda. O puede que un señor se la haya cortado, por algo que dijo. Dunk se pasó los dedos por su coleta de pelo con mechas rubias. Los muertos estaban más allá de su ayuda, y tenían unas cubas de vino que llevar a Tiesa.

—¿Por dónde vinimos? —preguntó, pasando la mirada de una carretera a otra—.

Me he despistado.

—Tiesa está por ahí, Ser —señaló Egg.

—Por ahí nos vamos, pues. Podríamos estar de regreso para el ocaso, pero no si nos sentamos aquí todo el día a contar las moscas. —Tocó a Trueno con los talones y condujo al gran corcel hacia el ramal de la izquierda. Egg volvió a ponerse el sombrero y tiró con fuerza de las bridas de Maestra. La mula dejó de mordisquear la hierba y, por una vez, siguió adelante sin discutir. También tiene calor, pensó Dunk, y esas barricas de vino deben de ser pesadas.

El sol veraniego había vuelto el camino tan duro como el ladrillo. Los surcos eran lo bastante profundos para romper la pata de un caballo, así que Dunk puso cuidado en llevar a Trueno por el terreno más elevado entre ellos. Se había torcido su propio tobillo el día que dejaron Dosk, caminando en la noche cerrada cuando más frío hacía. Un caballero tenía que aprender a vivir con achaques y dolores, solía decir el anciano. Sí muchacho, y con huesos rotos y cicatrices. Son tan parte de la caballería como tus espadas y escudos. Sin embargo, si Trueno se rompiera una pata… bueno, un caballero sin caballo ya no era un caballero…

Título: La Espada Leal (PDF-EPUB)
Autores: George R. R. Martin
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 972 KB
Formato: PDF-EPUB

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George R. R. Martin - La Espada Leal (PDF-EPUB) Introduccion del Libro George R. R. Martin - La Espada Leal (PDF-EPUB) Tras los fabulosos sucesos del torneo de Vado Ceniza, Dunk se consolidó como caballero y Egg obtuvo permiso para ver mundo. Ahora la errancia ha llevado a la extraña pareja a Tiesa, un lugar empobrecido que sufre una grave sequía. Además, la violencia atenaza el territorio, pues hace años que su gobernante, Ser Eustace, está enemistado con la señora de la región vecina, Fosafría. Se trata…

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