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Frédérique Deghelt – La lectora de Jade

Frédérique Deghelt – La lectora de Jade en PDF-EPUB

Frédérique Deghelt - La lectora de Jade

Frédérique Deghelt – La lectora de Jade

Frédérique Deghelt – La lectora de Jade En cuanto se enteró de la noticia, Jade decidió ir a buscarla. Su abuela Jeanne, su Mamoune, había perdido el conocimiento. No la habían encontrado hasta el día después del ataque, estirada en el suelo de la cocina, en la granja de Saboya donde vivía. La noche siguiente, cuando Jade se disponía a salir con sus amigos, había sonado el teléfono. Las once de la noche. Jade había dudado si coger o no la llamada.

A esa hora, seguramente sería Julien, con el alma magullada y ganas de verla. Vaciló, descolgó el auricular suspirando y oyó la voz de su padre, que vivía en Polinesia desde hacía unos doce años. Su padre le dijo que Mamoune se había desmayado, y también le dijo que había otro problema: sus hermanas, las tías de Jade, se negaban a admitir que el desmayo fuera un fenómeno aislado. Decían que podía volver a pasar, y con eso bastaba a las tres hijas de Jeanne, que vivían a tiro de piedra de su casita, pero nunca iban a visitarla. Decidieron esgrimir la seguridad; Mamoune no tuvo voz ni voto en la decisión, y las tres hermanas excluyeron del debate al resto de la familia que vivía más lejos. Serge, el padre de Jade, sabía que sería imposible arrancar a su madre, de ochenta años, de su casa de toda la vida invitándola a sus islas lejanas. Y de todas formas, nadie le preguntó qué opinaba. La orden de ingreso de Mamoune en una residencia con asistencia médica ya estaba firmada y sus hermanas acababan de informarle de la situación.

—Intenta averiguar qué traman —le dijo a su hija esa noche—. Parece que es temporal, pero a su edad, ¿quién sabe?

Al oír la inquietud en la voz de su padre, Jade se preguntó por qué razón sus tías querían deshacerse tan rápido de la madre que los había criado a todos, sin tan siquiera darle una oportunidad ni plantearse ayudarla. El malestar de Jade crecía a medida que escuchaba lo que su padre le contaba acerca del complot contra Mamoune. Una de las hermanas era médico, así que todo era muy fácil: con un certificado médico podía ingresar a Mamoune en una residencia. «Solo por un tropezón, el primero en toda su vida», pensó Jade.

Seguro que era una locura, pero decidió que a la mañana siguiente se subiría al coche, sin darle más vueltas, e iría hasta allí para sofocar la indignación que le ardía en el estómago. A lo largo del camino, sabía que repasaría mentalmente los pros y los contras, inclinándose por unos u otros según los kilómetros que la separasen de Mamoune. Siempre le pasaba lo mismo con las decisiones que tomaba en caliente.

Fue lo mismo cuando Jade decidió dejar a Julien: un arrebato repentino. El que había creído que sería el hombre de su vida, y que durante cinco años lo había sido. Desde hacía dos meses vivía sola, en su apartamento. ¿Sería capaz de compartir su vida con una octogenaria, después de concluir que no podía vivir con un hombre? No, no: era perfectamente ridículo, y no tenía punto de comparación. Jade sabía que pronto su doble la acribillaría a preguntas: esa, la que metía siempre palos en las ruedas en cuanto Jade cedía a sus impulsos. La otra, la que era cerebral y todo lo medía con lógica, le presentaría los argumentos pertinentes para frenar sus arrebatos. Le diría, por ejemplo, que se pasaba todo el día trabajando y no podría vigilar si Mamoune estaba bien. O que si sus tías tenían razón, si su abuela realmente necesitaba asistencia médica permanente, ella no podría permitirse una enfermera veinticuatro horas al día con su reducido sueldo de periodista free-lance…

Título: La lectora de Jade
Autor/es: Frédérique Deghelt
Tipo: Libro
Idioma: Español
Formato: PDF-EPUB

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Frédérique Deghelt - La lectora de Jade en PDF-EPUB Frédérique Deghelt - La lectora de Jade En cuanto se enteró de la noticia, Jade decidió ir a buscarla. Su abuela Jeanne, su Mamoune, había perdido el conocimiento. No la habían encontrado hasta el día después del ataque, estirada en el suelo de la cocina, en la granja de Saboya donde vivía. La noche siguiente, cuando Jade se disponía a salir con sus amigos, había sonado el teléfono. Las once de la noche. Jade había dudado si coger o no la…

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