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Franz-Olivier Giesbert – Un animal es una persona (PDF-EPUB)

Franz-Olivier Giesbert – Un animal es una persona (PDF-EPUB)

Franz-Olivier Giesbert - Un animal es una persona (PDF-EPUB)

Franz-Olivier Giesbert – Un animal es una persona (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Franz-Olivier Giesbert – Un animal es una persona (PDF-EPUB)

En el principio era el verme, un verme de agua sin cabeza y de cuerpo blando.

Apareció en los océanos hace quinientos millones de años.

Por lo visto, descendemos todos de ese gusano acéfalo. Las hormigas, los elefantes, las muchachas, las luciérnagas, los chicos, los loros, los mapaches y las truchas marinas.

No hay de qué presumir en lo referido a nuestros inicios en este mundo: nuestro antepasado común era un tubo digestivo que reptaba por los océanos, con una boca para alimentarse y un ano para defecar. Nada más. Y de esa forma llegamos a ser lo que somos: humanos, aves, reptiles o insectos. Todos semejantes, aunque no nos parezcamos.

Mucho después, salimos del estado vermiforme para empezar a movernos por las aguas buscando con qué alimentarnos. Aparecieron unas aletas y una mandíbula dentada. Hace cuatrocientos millones de años éramos peces.

Día llegó en que terminamos por salir del agua y, por fin, utilizamos el aire para hallar en este mundo la pitanza. Nos convertimos de peces en tetrápodos, con dos pares de patas. Para ser exactos, en reptiles mamiferoides, con un ritmo de vida nocturno, que son una prefiguración de los mamíferos.

No descendemos del gusano, ni del pez, ni del tetrápodo, ni del cerdo, ni del mono, somos todos ellos a la vez, como lo indican nuestros cromosomas. Las cosas nos han salido mejor que a los demás, eso es todo. Tanto, que nos hemos convertido en un caso de manual: la única especie animal, junto con la rata topo, que extermina a sus propios individuos.

Si dejamos aparte esa particularidad, el Homo sapiens, aunque esté en la cima de la creación, no es, a fin de cuentas, sino un elemento, entre otros, que tiene 46 cromosomas, tantos como la serpiente o el murciélago, pero menos que el pollo (78), la carpa dorada (100) o el esturión chato (372).

Platón opinaba que vivimos demediados. Esa es la tragedia de nuestra especie, el origen de su nostalgia congénita. En esta tierra, siempre echamos de menos algo cuya carencia se compensa con el amor, pero también con la amistad y la transcendencia.

Para ser felices, necesitamos competiciones deportivas, victorias, misas, conciertos: la mayoría de nosotros necesita sentirse en comunión con los demás.

Cuando se trata de ir al encuentro de nuestros congéneres, es este un comportamiento que no se discute, es incluso una aspiración natural a cuyo servicio están, por lo demás, las religiones que, por definición, crean vínculos. Con el mundoanimal, en cambio, las cosas no son tan evidentes. Tenemos tendencia a regatearle nuestra piedad en nombre del principio de que no es extensible.

Ahora bien, el desvalimiento no se puede dividir. Ni la compasión tampoco. No veo por qué iba a ser menos legítima por aplicarse a unos animales con los que tantas cosas llevamos compartiendo desde la noche de los tiempos. Como si algunos seres se la merecieran y otros, no. No admito el concepto antropocéntrico y neciamente maltusiano según el cual todo el cariño que les demos a los animales se lo quitamos a los humanos.

Antes bien, en cuanto empezamos a pesar la caridad en una balanza melindrosa significa que andamos escasos de ella. El impulso nos impele hacia los humillados y ofendidos, ya vistan ropas, escamas, plumas o pieles de pelo corto o largo. La solidaridad, o es total o no existe. Es un sentimiento que no sabe de ahorro.

En estos momentos en que la ciencia se interesa por fin por los animales y avanza a pasos de gigante en su conocimiento, sobre todo en el de los peces, a nuestra especie no le queda más remedio que cambiar de actitud: efectivamente, como ya lo decía san Francisco de Asís, los animales son hermanos nuestros; vamos a tener que darles otro trato. Nada podrá detener esa revolución de la mentalidad que ya está en marcha.

Título:Un animal es una persona (PDF-EPUB)
Autores: Franz-Olivier Giesbert
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 867 KB
Formato: PDF-EPUB

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Franz-Olivier Giesbert - Un animal es una persona (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Franz-Olivier Giesbert - Un animal es una persona (PDF-EPUB) En el principio era el verme, un verme de agua sin cabeza y de cuerpo blando. Apareció en los océanos hace quinientos millones de años. Por lo visto, descendemos todos de ese gusano acéfalo. Las hormigas, los elefantes, las muchachas, las luciérnagas, los chicos, los loros, los mapaches y las truchas marinas. No hay de qué presumir en lo referido a nuestros inicios en este mundo:…

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