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Fernando Trujillo Sanz – Tomo 1 del Testamento de Mad (PDF-EPUB)

Fernando Trujillo Sanz – Tomo 1 del Testamento de Mad (PDF-EPUB)

Fernando Trujillo Sanz - Tomo 1 del Testamento de Mad (PDF-EPUB)

Fernando Trujillo Sanz – Tomo 1 del Testamento de Mad (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Fernando Trujillo Sanz – Tomo 1 del Testamento de Mad (PDF-EPUB)

Había sangre y huesos rotos. También un brazo dislocado, colgando hacia atrás de un modo tan antinatural que su dueño podría rascarse cualquier parte de su espalda. Un ojo hinchado, una mejilla desgarrada, una nariz del doble de su tamaño que ya no apuntaba al frente…

—No me queda más remedio que imponer una sanción disciplinaria —dijo el director, devolviendo las fotografías a la carpeta del expediente—. Las normas son muy claras al respecto. Tres días de suspensión. El comité escolar se reunirá mañana y decidirá si la expulsión es permanente.

Marina desvió la mirada y tomó aire. Le costó un esfuerzo considerable mantener la compostura. La palabra «permanente» y todas sus implicaciones resonaban en su cabeza, alterando inevitablemente su talante tranquilo.

—¡No pueden hacer eso! —replicó elevando el tono más de lo que pretendía.

—Me gustaría no tener que hacerlo —apuntó el director con la indiferencia de quien está acostumbrado a manejar situaciones delicadas—, pero el comportamiento de sus hijos no nos deja otra opción.

Ella no podía aceptarlo. Para una madre, renunciar a defender a sus hijos era algo impensable, algo que sencillamente no tenía lugar en la mente de Marina. Además, eran solo unos niños, demasiado pequeños para…

De pronto, cayó en un detalle importante.

—Pero… supongo que habría algún profesor vigilando el recreo, ¿verdad?

—Naturalmente. Siempre hay dos profesores…

—¿Y no tendrán alguna responsabilidad en lo sucedido? —le interrumpió Marina.

Una mueca bastante fea, cuyo significado Marina no acertó a descifrar, pasó por el rostro serio e imperturbable del director, se quedó allí un instante, y luego desapareció.

—Hay muchos alumnos, no se puede pretender que estén encima de todos y cada uno de ellos.

—Pues es su deber. Si no pueden controlar a unos chicos de seis años, deberían contratar a más personal.

Ahora empezaba a traslucir el enfado en la expresión del director.

—Gracias por su sugerencia, pero llevo a cargo de este colegio más de dieciséis años y sé cómo gestionarlo. Los profesores cumplieron con su obligación. A saber qué hubiera pasado si no llegan a detener la pelea.

—Si mis hijos se han peleado, será por una buena razón —dijo Marina. Deseaba creerlo con toda su alma, pero lo cierto era que aún no había hablado con ellos. En cuanto la llamaron, había acudido al despacho del director—. ¿Han cometido alguna falta antes? —El director negó con la cabeza de mala gana—. ¿Han causado algún problema? ¿Se han peleado otras veces?

Marina sabía que no. Sus hijos, los tres, eran buenos chicos, y nada violentos.

—Esto es algo más que una simple riña —repuso el director—. Han hospitalizado a dos alumnos y el profesor que detuvo la pelea tiene un cardenal del tamaño de un balón de fútbol.

—Eso fue un accidente.

—No puede pretender que dejemos una conducta como esta sin castigar. El comité decidirá mañana. Yo no puedo hacer nada.

Marina estalló. No soportaba que tratasen a sus hijos como si fueran criminales.

—Esto no quedará así. —Se levantó de la mesa con brusquedad. El director no se inmutó—. Es usted un pésimo director que piensa culpar a tres niños de seis años de algo que es responsabilidad de un adulto. —Marina apoyó las manos en la mesa, se inclinó sobre él y le arrojó una mirada llena de odio—. Los dos sabemos por qué está haciendo esto, ¿no es así?

—¿Qué insinúa? Yo cumplo con la obligación de mi cargo. ¿Qué pensarán otros padres si dentro de unos meses sus hijos son agredidos por los suyos?

—¿Eso es lo que dirá mañana en su asqueroso comité? Apuesto a que sí. Pero yo averiguaré la verdad y se la haré tragar. Estaban en el patio, había muchos alumnos que vieron lo ocurrido. Hablaré con todos ellos si es necesario y con sus padres. Ya veremos qué sucede. —Se retiró de la mesa y fue hasta la puerta. Antes de salir, se volvió—. Se arrepentirá. Yo sé que no actuaría usted así de no ser por que su propio hijo es uno de los niños hospitalizados.

La mujer no esperó una respuesta. Abandonó el despacho con un portazo y un bufido, temiendo decir algo de lo que seguro se arrepentiría si permanecía más tiempo con aquel maldito fascista. El hijo del director sí había participado en peleas anteriormente, pero nunca lo habían expulsado.

Marina encontró a los trillizos sentados en un banco, cabizbajos. Tres figuras pequeñas e inocentes, tres figuras exactamente iguales que cualquiera tendría problemas para distinguir, especialmente cuando adoptaban la misma postura, como ahora. Diana, la niña, se sentaba entre sus hermanos. Los tres tenían los hombros caídos y las manos entre las rodillas.

Título: Tomo 1 del Testamento de Mad (PDF-EPUB)
Autores: Fernando Trujillo Sanz
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.8 MB
Formato: PDF-EPUB

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Fernando Trujillo Sanz - Tomo 1 del Testamento de Mad (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Fernando Trujillo Sanz - Tomo 1 del Testamento de Mad (PDF-EPUB) Había sangre y huesos rotos. También un brazo dislocado, colgando hacia atrás de un modo tan antinatural que su dueño podría rascarse cualquier parte de su espalda. Un ojo hinchado, una mejilla desgarrada, una nariz del doble de su tamaño que ya no apuntaba al frente… —No me queda más remedio que imponer una sanción disciplinaria —dijo el director, devolviendo…

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