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Fernando Trujillo Sanz – Tomo 1 del Testamento del Gris (PDF-EPUB)

Fernando Trujillo Sanz – Tomo 1 del Testamento del Gris (PDF-EPUB)

Fernando Trujillo Sanz - Tomo 1 del Testamento del Gris (PDF-EPUB)

Fernando Trujillo Sanz – Tomo 1 del Testamento del Gris (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Fernando Trujillo Sanz – Tomo 1 del Testamento del Gris (PDF-EPUB)

Bruno movía la cabeza y olfateaba, mientras arrugaba la nariz involuntariamente.

Un olor agresivo y penetrante, capaz de asfixiar a un hombre adulto, se extendía por toda la estancia.

Suspiró con resignación.

—¡Tenemos una emergencia, nena! —gritó.

—Te toca a ti —contestó Tamara entrando en el salón.

Tamara llevaba la cena sobre una bandeja roja con el estampado de Mickey Mouse. Esquivó al pequeño David, que gateaba en la alfombra entre el arsenal de juguetes y metralla de piezas descolocadas a los que apenas prestaba atención, y se sentó en el sofá.

—¿Cómo es posible que no te moleste este pestazo?

—Se acostumbra una —dijo ella. Cambió de canal con el mando a distancia—.

Cuanto más tardes peor será. Y no te librarás esta vez. Empieza mi serie favorita.

—Está bien. Allá voy —dijo Bruno recabando fuerzas—. Ven aquí, pequeño marrano. —Cogió al bebé por las axilas y le alzó hasta que sus ojos quedaron a la misma altura. El olor le envolvió de inmediato—. ¿Quién es el mocoso más cochino de todos? —Le dio una vuelta en el aire—. ¿Y quién es el más guapo?

Apretó sus labios con suavidad sobre el cuello de su hijo y sopló. El bebé le devolvió una sonrisa deliciosa. Bruno no tenía claro si era por el tacto de los labios y el calor de su aliento, o por el sonido que producía, pero la pedorreta funcionaba. Al niño le encantaba y a él se le caía la baba al verle sonreír.

Pero ni siquiera la sonrisa de su hijo de trece meses le ayudaba a soportar el olor.

—No me dejáis ver la tele —protestó Tamara—. Echaos a un lado.

—Vamos a dejar a mamá que vea su serie romántica —dijo Bruno haciendo una mueca al bebé—, que si no, ya sabes cómo se pone.

Llevaba al niño boca abajo como si estuviera volando. Silbaba, imitando sin mucho éxito el sonido del viento. El bebé sonreía, agitaba los brazos y pataleaba.

Bruno se detuvo en la puerta del salón.

—Y los pañales están…

—En el segundo cajón de la cómoda —recitó Tamara sin despegar los ojos de la pantalla.

—Ya lo sabía.

Por fin se quedó sola. Unos minutos de paz. El capítulo de hoy era apasionante.

La protagonista acababa de descubrir que su marido la engañaba con la nueva y joven abogada que había contratado la firma en la que trabajaba, bastante típico, pero igualmente emocionante. Tamara quería ver cuál iba a ser su reacción. Esperaba que le mandara al infierno y se quedara con todo. ¡Por cerdo! Si no…

La televisión se apagó en ese momento. Tamara bufó. Se levantó para ver si se había soltado el cable. El televisor volvió a encenderse, aunque no mostraba ninguna imagen, solo una nube de puntos negros y blancos y el sonido de la estática. Se volvió a apagar.

El cable estaba bien, no se había soltado. Tamara apretó el mando a distancia varias veces, pulsó los botones de la televisión manualmente. Nada. Solo restaba una cosa por hacer.

—¡Bruno! ¿Has terminado de cambiar al niño? ¡La tele se ha vuelto a estropear!

No obtuvo respuesta. Cruzó el pasillo andando deprisa, no quería perderse el resto del episodio. La puerta de la habitación del bebé estaba cerrada, pero le llegaba la voz de su marido hablando con el pequeño. Por lo visto, le estaba relatando una pelea entre Spiderman y otro superhéroe que ella no conocía. Seguramente por eso no le había oído cuando le llamó.

—Echa un vistazo a la tele, anda. Yo me ocupo de…

La frase murió en su boca con un gorgoteo. Al abrir la puerta, había entrado de nuevo en el salón, no en la habitación del bebé. Aquello no tenía sentido. Miró a su alrededor, tocó los cojines del sofá, el espejo que colgaba de la pared, la televisión que continuaba apagada. Todo era real, sólido, como debía ser. ¿Se estaría volviendo loca? Debía de haberse desorientado de alguna manera.

Volvió a salir al pasillo. Esta vez avanzó despacio, asegurándose de que no se giraba sin darse cuenta, lo que le hizo sentirse estúpida. Entonces reparó en que ya no escuchaba a Bruno ni al bebé y se le aceleró el corazón.

—¡Bruno! ¿Dónde estás? ¡Bruno!

La puerta de la habitación del pequeño David se abrió. Bruno salió al pasillo como una exhalación.

—¿Qué pasa? —dijo muy preocupado—. Me has asustado.

A Tamara le temblaban las manos.

—Yo… No lo sé… Me he mareado…

Título: Tomo 1 del Testamento del Gris (PDF-EPUB)
Autores: Fernando Trujillo Sanz
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.7 MB
Formato: PDF-EPUB

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Fernando Trujillo Sanz - Tomo 1 del Testamento del Gris (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Fernando Trujillo Sanz - Tomo 1 del Testamento del Gris (PDF-EPUB) Bruno movía la cabeza y olfateaba, mientras arrugaba la nariz involuntariamente. Un olor agresivo y penetrante, capaz de asfixiar a un hombre adulto, se extendía por toda la estancia. Suspiró con resignación. —¡Tenemos una emergencia, nena! —gritó. —Te toca a ti —contestó Tamara entrando en el salón. Tamara llevaba la cena sobre una bandeja roja con el estampado de Mickey…

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