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Fedor Dostoieswski – El adolecente (PDF) Gratis

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Fedor Dostoieswski – El adolecente (PDF) Gratis La novela se desarrolla principalmente en base a la relación del protagonista con su padre, Andréi Versílov, por quien inicialmente siente rechazo y finalmente adoración. Lo odia como consecuencia de ciertos rumores que acusan a éste de diversos actos negativos hasta que descubre que dichos rumores son falsos; desde ese momento se da cuenta de que su padre «no es un aventurero que se ha arruinado y ha caído, sino un hombre de alma leal y absoluta nobleza. Arkadiy entonces pasará desde el odio de su padre a una absoluta extasiada adoración». Jorge Serrano señala, al respecto, que «Dostoievski introduce así en la novela un retorno del padre pródigo hacia el hijo, en lugar de ser a la inversa como en la Biblia. Será entonces el hijo quien, siendo consciente de que su padre no es el depravado moral que él creía, velará por él defendiéndolo y protegiéndolo». La obra marca claramente un antes y un después de la reconciliación: antes de ésta, Arkadiy, en un resentimiento proyectado hacia lo social, opta por pasar sus días encerrado en una habitación pequeña y alejado de la gente —situación que recuerda a la actitud de Raskólnikov recluido en su habitación y al «hombre del subsuelo»—; luego de la reconciliación, se apodera de él un optimismo ingenuo y desmesurado, que lo lleva a creer en la posibilidad de alcanzar un utópico paraíso terrenal. Se desengañará luego, lo que representará su paso de la ingenuidad a la madurez.

Paralelamente, en la historia, Dostoievski hace emerger lateralmente a Makar, padre legal de Arkadiy que, si bien no es un personaje protagonista en la narración, es central en el pensamiento del autor, pues representa los valores que éste intenta destacar en sus obras: la «belleza» espiritual, la bondad y el sufrimiento como sacrificio. En este sentido, este personaje es el equivalente al príncipe Myshkin de El idiota, a Tijón de Los demonios y a Zosima y Alioscha de Los hermanos Karamázov, entre otros. Versílov, un hombre representativo de la ya mencionada «década de los 40» rusa, al afirmar la tesis de que «es en el pueblo llano ruso, que en el pasado había soportado por siglos la esclavitud y la miseria, en donde se encontraba la «idea» de la nación rusa como liberadora de la Humanidad, una liberación que forzosamente tendría que estar sustentada en la religión ortodoxa», reconoce los principios morales de Makar, lo cual conduce a una de las ideas más queridas del autor: la «sublime fraternidad y unión de los intelectuales occidentalistas, la intelligentsia, con el pueblo depositario de la tradición ancestral rusa».

El adolescente, novela que tiene como principal protagonista a un joven ruso que admira u odia a su padre según sean las influencias contradictorias que recibe. La vida del adolescente y de un retablo de personajes, maravillosamente caracterizados por Dostoyevski, que bullen en torno a él, va creando un crescendo en la novela, que es lo que mueve al lector a no abandonar la lectura hasta la última página.

Hay dos hilos argumentales fundamentales en este relato en primera persona, por un lado la escabrosa relación del protagonista con su familia, principalmente con su padre biológico, personaje complejo como pocos, pero también con su madre, su hermana y su padre legal, quien tiene poco peso en la narración en tanto que aparece poco, pero es de gran importancia puesto que bien podría representar en cierto modo la voz del autor, ya que es el portavoz de muchas de sus ideas; y por otro lado sus relaciones sociales, las intrigas de las que es testigo, objeto o protagonista y las situaciones a las que el azar o su propia inconsciencia le conducen. Ambos tienen no poca intriga, hay en esta novela un gran número de misterios que poco a poco se van desvelando pero que, en realidad, no son sino el vehículo del que el autor se sirve para hacer desfilar ante nuestros ojos un completo catálogo de personajes y caracteres que son el espejo de su tiempo a la vez que intemporales. La sociedad ha cambiado desde entonces, de eso no cabe duda, pero si pudiésemos trasladar a cualquiera de los personajes de Dostoievski hasta nuestros días, tal vez no precisarían de más esfuerzo de adaptación que el propiamente indumentario para adquirir ese grado de inadaptación necesario para homologarse a cualquiera de nosotros.
Y, como no podía ser de otra manera, abundan en la obra las reflexiones sobre el honor, la religión, la política, en fin, sobre la vida. De lo contrario no sería Dostoieveski. Como por ejemplo: ¿Cómo puede suceder esto de que las cosas enunciadas por un hombre inteligente sean infinitamente más estúpidas que lo que queda en su cerebro?, lo que nos lleva a preguntarnos, en caso de ser cierto y visto lo que sacó de él, ¿qué quedaría en el cerebro del propio autor? También hay ideas sorprendentes precisamente en él, como …y en el fondo no hay que buscar explicaciones. No servirían más que para espesar las tinieblas. Hay pensamientos bellamente expresados: al hombre fuerte le cuesta a veces mucho trabajo soportar su propia fuerza, y otros tan actuales como contundentes (ya se sabe lo que es un abogado: un abogado es una conciencia de alquiler o porque un idealista, al chocar con la realidad, está siempre más dispuesto que los otros a suponer toda clase de porquerías), multitud de frases, en fin, que deslumbran, no se puede transitar por estas páginas pasando indemne ante las maravillas y los monstruos, incluso en algún momento aparece un instante de lucidez que explica por si mismo gran parte de la historia rusa: Lo de si este honor es bueno y este deber es verdadero, es otra cuestión. Pero lo importante para mí es el carácter acabado de estas formas, es un cierto orden, no prescrito, sino emanado de la vida de esta nobleza. ¡Dios mío, lo que nos importa más es tener por fin un orden, cualquiera que sea, pero realmente nuestro! En eso reside la esperanza y, por así decirlo, el reposo: algo construido en fin, que no sea ya esta eterna demolición, estas virutas que vuelan por todas partes. Estos escombros y estas basuras de las que no sale nada desde hace doscientos años. Puede que sea imposible leer a Dostoievski sin reflexionar sobre lo humano y lo divino, pero lo verdaderamente importante es que no es posible leerlo sin disfrutar como un enano, y en eso esta obra no es una excepción entre las muchas que escribió.

Biografia del Autor

(Moscú, 11 de noviembre de 1821 – San Petersburgo, 9 de febrero de 1881) es uno de los principales escritores de la Rusia Zarista, cuya literatura explora la psicología humana en el complejo contexto político, social y espiritual de la sociedad rusa del siglo XIX.

Es considerado como uno de los más grandes escritores de occidente y de la literatura universal. Walter Kaufmann citó las Memorias del subsuelo (1864), escritas con la amarga voz del anónimo «hombre subterráneo», como «la mejor obertura para el existencialismo jamás escrita». En el mismo sentido, el intelectual y escritor austríaco Stefan Zweig consideró al escritor ruso «el mejor conocedor del alma humana de todos los tiempos». Su obra, aunque escrita en el siglo XIX, refleja también al hombre y la sociedad contemporánea.

Si bien la madre de Fiódor Dostoyevski era rusa, la ascendencia paterna de éste se remonta a un pueblo denominado Dostóyevo, ubicado en la gubérniya de Minsk, en Bielorrusia. En sus orígenes, el acento del apellido, como el del pueblo, recaía en la segunda sílaba, pero cambió su posición a la tercera en el siglo XIX. De acuerdo con algunas versiones, los ancestros paternos de Dostoyevski eran nobles polonizados (szlachta) de origen rutenio que fueron a la guerra con el escudo de armas de Radwan.

Fiódor fue el segundo de los siete hijos del matrimonio de Mijaíl Dostoievski y María Fiódorovna. Un padre autoritario, médico del hospital para pobres Mariinski en Moscú, y una madre vista por sus hijos como un refugio de amor y protección marcaron el ambiente familiar en la infancia de Dostoyevski. Cuando Fiódor tenía once años de edad, la familia se radicó en la aldea de Darovóye, en Tula, donde el padre había adquirido unas tierras.

En 1834 ingresa, junto con su hermano Mijaíl, en el pensionado de Chermak, donde cursarían los estudios secundarios. La temprana muerte de la madre por tuberculosis en 1837 sumió al padre en la depresión y el alcoholismo, por lo que Fiódor y su hermano Mijaíl fueron enviados a la Escuela de Ingenieros Militares de San Petersburgo (ruso: Военный инженерно-технический университет), lugar en el que el joven Dostoievski comenzaría a interesarse por la literatura a través de las obras de Shakespeare, Pascal, Victor Hugo y E.T.A. Hoffmann.

En 1839, cuando tenía dieciocho años, le llegó la noticia de que su padre había fallecido. Los siervos mancomunados de Mijaíl Dostoyevski (hidalgo de Darovóye), enfurecidos tras uno de sus brutales arranques de violencia provocados por el alcohol, lo inmovilizaron y le hicieron beber vodka hasta que murió ahogado.11 Otra historia sugiere que Mijaíl murió por causas naturales, pero que un terrateniente vecino suyo inventó la historia de la rebelión para comprar la finca a un precio más reducido. En parte, Fiódor se culpó posteriormente de este hecho por haber deseado la muerte de su padre en muchas ocasiones. En su artículo “Dostoyevski y el parricidio” (1928), Sigmund Freud señalaría este sentimiento de culpa como la causa de la intensificación de su epilepsia.

Durante toda su carrera literaria Dostoievski padeció una epilepsia que supo incorporar inteligentemente en su obra. Los personajes presentados con epilepsia son Murin y Ordínov (“La patrona”, 1847), Nelly (Humillados y ofendidos, 1861), Myshkin (El idiota, 1868), Kiríllov (Los demonios, 1872) y Smerdiakov (Los hermanos Karamázov, 1879-80). Dostoievski también supo utilizar la epilepsia para librarse de una condena vitalicia a servir en el ejército en Siberia. Aunque la epilepsia había comenzado durante sus años académicos como estudiante de ingeniería militar en Petersburgo (1838-1843), el diagnóstico tardaría una década en llegar. En 1863 viajó al extranjero con intención de consultar a los especialistas Romberg y Trousseau. Stephenson e Isotoff apuntaron en 1935 la probable influencia Psique (1848), de Carus, en la construcción de sus personajes. Por contrapartida, la epilepsia de Dostoyevski ha inspirado a numerosos epileptólogos, incluyendo a Freud, Alajouanine y Gastaut. La de Dostoievski es la historia natural de una epilepsia que en terminología científica contemporánea se clasificaría como criptogénica focal de probable origen temporal. Sin embargo, más allá del interés que pueda despertar la historia clínica de un trastorno neurológico heterogéneo, bastante bien comprendido y correctamente diagnosticado en vida del escritor, el caso de Dostoievski muestra el buen uso de una enfermedad común por un genio literario que supo transformar la adversidad en oportunidad. Una de las ideas capitales en su obra (que un buen recuerdo puede colmar toda una vida de felicidad) guarda una estrecha relación con los momentos de éxtasis que alcanzaba el escritor durante algunos episodios de la enfermedad o en el momento (aura epiléptica) que anunciaba las crisis epilépticas más violentas, tal como fueron descritos en su obra literaria.

En 1844, Honoré de Balzac visitó San Petersburgo. Dostoyevski decidió traducir Eugenia Grandet para saldar una deuda de 300 rublos con un usurero. Esta traducción despertaría su vocación y poco después de terminarla pidió la excedencia del ejército con la idea de dedicarse exclusivamente a la literatura. En el año 1845 dejó el ejército y empezó a escribir la novela epistolar Pobres gentes, obra que le proporcionaría sus primeros éxitos de crítica y, fundamentalmente, el reconocimiento del crítico literario Belinski. La obra, editada en forma de libro al año siguiente, convirtió a Dostoyevski en una celebridad literaria a los 24 años. En esta misma época comenzó a contraer algunas deudas y a sufrir con más frecuencia ataques epilépticos. Las novelas siguientes –El doble (1846), Noches blancas (1848) y Niétochka Nezvánova (1849)– no tuvieron el éxito de la primera y recibieron críticas negativas, lo que sumió a Dostoyevski en la depresión. En esta época entró en contacto con ciertos grupos de ideas utópicas, llamados nihilistas, que buscaban la libertad del hombre.

Título: El adolecente (PDF) Gratis
Autores: Fedor Dostoieswski
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.7 MB
Formato:PDF

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