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Esteban Navarro – El lodo mágico (PDF-EPUB)

Esteban Navarro – El lodo mágico (PDF-EPUB)

Esteban Navarro - El lodo mágico (PDF-EPUB)

Esteban Navarro – El lodo mágico (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Esteban Navarro – El lodo mágico (PDF-EPUB)

A Alberto siempre le ocurría igual. Unas veces empezaba con los patos, que asolaban los ventanales de la escuela con sus estridentes graznidos. En otras ocasiones eran las moscas, las que forzaban su mirada en localizarlas revoloteando por encima de los pupitres. En alguna ocasión fueron las arañas del polvo las que buscaron su atención. Y hasta el jardinero, rastrillando las hojas caídas de los árboles del patio, desplazaron los ojos de Alberto a través de los grandes ventanales.

Y finalmente…

—¡Alberto! —gritó don Luis— ¿Qué es lo último que he dicho?

Ya hacía un buen rato que el profesor más emblemático del colegio Santa Ágata de Osca se había percatado de la ausencia cerebral de Alberto. Enérgico, clavó sus ojos en el niño mirándole por encima de sus gafas cuadradas y de cristales oscurecidos.

—Pues… —dudó un instante Alberto— Mire don Luis, estaba usted diciendo que…

De nuevo lo había vuelto a pillar despistado. Por enésima vez en esa mañana otoñal. El niño agotó las increíbles excusas de ocasiones anteriores, así que optó porno decir nada. Miró con complicidad a Andrés, el compañero que se sentaba justo asu lado. Lo observó escrutándole para ver si mostraba alguna señal que le permitiera averiguar de qué trataba la clase de historia. Por lo menos antes de que el maestro seenfadara y soltara una, de sus ya conocidas reprimendas, por la constante falta de atención en la asignatura. Buscó en los ojos de su compañero alguna pista, algún vestigio. Algo que le indicara cual era el tema de hoy.

Pero Andrés no dijo nada. No podía, ni siquiera, musitar palabra alguna sin que el profesor se diese cuenta. Su compañero no quiso implicarse y optó por el silencio.

—¡Lo imaginaba! —clamó don Luis, elevando el tono de voz y visiblemente irritado—. Siempre pensando en las musarañas, eternamente divagando, ausente de forma perpetua…

El resto de compañeros sonrieron al principio y luego soltaron una estruendosa carcajada.

—Haz el favor de aterrizar inmediatamente y sentarte en tu silla Alberto — abroncó don Luis, mientras andaba de un lado hacia otro de la tarima con las manos cruzadas detrás de la espalda y refunfuñando palabras incomprensibles.

Pero su mirada se pausó y su rostro no pudo evitar tornarse afable. Todos los alumnos lo conocían. Sabían que don Luis estaba ejercitando el papel de profesor duro, pero que en el fondo era un buenazo. Siempre lo había sido. Alberto escuchó de fondo las risas de los compañeros de aula: diez chicos y ocho chicas. No se ofendió.

Era obligado reconocer que don Luis tenía razón, él era un despistado y necesitaba bien poco para distraerse con cualquier cosa. Es la aflicción que tenían que soportar los soñadores. Un sinfín de pesadumbres y penalidades, aderezadas con una pizca de mala conciencia, por no ser como los demás, por no seguir el ritmo marcado por el entorno. Incluso entonces, metido en medio de una amonestación del profesor, era incapaz de mantener la atención. Se abstrajo. Y solamente el creciente bullicio, provocado por la algarabía de sus compañeros de clase, fue lo que le hizo retornar al pupitre y percibir los ojos abiertos, hasta casi salirse de sus cuencas, del maestro de historia.

Título: El lodo mágico (PDF-EPUB)
Autores: Esteban Navarro
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.2 MB
Formato: PDF-EPUB

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Esteban Navarro - El lodo mágico (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Esteban Navarro - El lodo mágico (PDF-EPUB) A Alberto siempre le ocurría igual. Unas veces empezaba con los patos, que asolaban los ventanales de la escuela con sus estridentes graznidos. En otras ocasiones eran las moscas, las que forzaban su mirada en localizarlas revoloteando por encima de los pupitres. En alguna ocasión fueron las arañas del polvo las que buscaron su atención. Y hasta el jardinero, rastrillando las hojas caídas de los árboles del patio, desplazaron los ojos de…

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