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Ernest Hemingway – Islas a la deriva (PDF-EPUB)

Ernest Hemingway – Islas a la deriva (PDF-EPUB)

Ernest Hemingway - Islas a la deriva (PDF-EPUB)

Ernest Hemingway – Islas a la deriva (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Ernest Hemingway – Islas a la deriva (PDF-EPUB)

La casa de alzaba en la parte más alta de la estrecha lengua de tierra entre el puerto y el abierto mar. Había aguantado tres huracanes y su construcción era tan sólida como la de un barco. Estaba situada a la sombra de unos altos cocoteros curvados por los alisios, y por la parte del océano bastaba trasponer el umbral y bajar al acantilado y atravesar la arena blanca para encontrarse en la Corriente del Golfo. El agua de la Corriente tenía por lo general un azul intenso si se la miraba en un día sin viento. Mas si se penetraba en ella sólo podía verse su verde luz en la arena de un blanco harinoso y era muy fácil divisar algún pez grande antes de que alcanzase la playa.

Durante el día era un lugar hermoso y seguro para bañarse, pero de noche no era sitio para nadar. De noche los tiburones se acercaban a la orilla para cazar al filo de la Corriente y desde el porche, en las noches tranquilas, se oían perfectamente las zambullidas de algún pez por ellos perseguido y si se bajaba a la playa se divisaban los surcos fosforescentes en el agua. De noche los tiburones no tenían miedo de nada y eran de todos temidos. De día en cambio permanecían muy alejados de la arena blanca y limpia y cuando alguno se acercaba era muy fácil ver su sombra desde lejos.

Un hombre llamado Thomas Hudson, excelente pintor, habitaba la casa y trabajaba en ella y en el resto de la isla la mayor parte del año. Después de vivir un tiempo en aquellas latitudes, los cambios de estación resultaban tan importantes como en cualquier lugar y Thomas Hudson, que amaba la isla, no se hubiera perdido una primavera, ni un verano, ni tampoco un otoño o un invierno.

A veces los veranos eran demasiado calurosos si el viento de agosto dejaba de soplar o fallaban los alisios en junio y julio. En setiembre y octubre podía producirse algún huracán, incluso ocasionalmente a principios de noviembre, y podían presentarse caprichosas tormentas tropicales en cualquier momento a partir de junio.

Pero los verdaderos meses propicios al huracán eran los de buen tiempo, cuando no hay tormentas.

Thomas Hudson había estudiado las tormentas tropicales durante años, y mirando el cielo podía decir cuándo iba a producirse una perturbación antes de que el barómetro la indicase. Sabía la forma en que se desarrollaría la tormenta y las precauciones que era necesario tomar para defenderse de ella. También sabía lo que significaba vivir un huracán junto a los otros habitantes de la isla y el estrecho vínculo que se establecía entre las gentes obligadas a soportarlo. Sabía igualmente que un huracán puede ser tan terrible como para arrollarlo y destruirlo todo, y sin embargo siempre acababa decidiendo que si realmente se presentaba uno de tal especie prefería estar allí y volar por los aires con la casa si es que ésta volaba.

Título: Islas a la deriva (PDF-EPUB)
Autores: Ernest Hemingway
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.8 MB
Formato: PDF-EPUB

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Ernest Hemingway - Islas a la deriva (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Ernest Hemingway - Islas a la deriva (PDF-EPUB) La casa de alzaba en la parte más alta de la estrecha lengua de tierra entre el puerto y el abierto mar. Había aguantado tres huracanes y su construcción era tan sólida como la de un barco. Estaba situada a la sombra de unos altos cocoteros curvados por los alisios, y por la parte del océano bastaba trasponer el umbral y bajar al acantilado y atravesar la arena blanca…

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