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Emilio Salgari – Un desafío en el Polo (PDF-EPUB)

Emilio Salgari – Un desafío en el Polo (PDF-EPUB)

Emilio Salgari - Un desafío en el Polo (PDF-EPUB)

Emilio Salgari – Un desafío en el Polo (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Emilio Salgari – Un desafío en el Polo (PDF-EPUB)

—Hurrah for miss Ellen!…

—Hurrah for Montcalm!

—Hurrah for Torpon!…

Estas exclamaciones salían de diez mil pechos, o quizás de más, con un fragor ensordecedor, casi espantoso.

Si las aguas del lago Ontario hubiesen roto sus diques y se hubiesen desbordado con ímpetu irrefrenable a través de la pequeña y graciosa ciudad canadiense de Kingston, no habrían producido mayor estruendo.

Parecía que una repentina locura habíase apoderado de aquellas diez mil personas, norteamericanas unas, canadienses otras e inglesas el resto, reunidas aquende el San Lorenzo y que se estrujaban dentro de un vastísimo recinto, improvisado como mejor se pudo con rústicos maderos, pero bien provisto de mostradores en los que se delineaban infinitos regimientos de polvorientas botellas.

—¿Es la rubia miss?

—¡Sí, sí, es ella que llega con su automóvil de ochenta caballos!

—No, son los dos aspirantes a su mano.

—¡Cien dólares a que es miss Perkins! ¿Quién acepta?…

—¡Mil a que son Montcalm y Torpon!

—¡Quinientos a que son dos fastidiosos policemen que vendrán a prohibir hasta aquí el match de box!

—Si son ellos les recibiremos a puntapiés.

—No, los arrojaremos al San Lorenzo con las manos atadas a la espalda.

—¡Adelante los fuertes!

—¡Mueran los policemen!

—¡Estúpidos!… ¡Es el automóvil de miss Ellen!… ¿Están ustedes ciegos? ¡He ganado quinientos dólares!… ¡Puedo ir a tomar un crabmeat cocktail!

—Hurrah for mis Ellen!

Sobre una inmensa y recta carretera, flanqueada por una doble fila de gigantescos pinos, un punto negro, que por momentos se hace más visible, destácase sobre la ligera capa de nieve, dejando atrás una nube de nevisca.

No puede ser sino un automóvil lanzado a velocidad vertiginosa, quizá a cien kilómetros por hora.
Los diez mil espectadores, después de haber aullado como lobos, y luego de haber enronquecido a fuerza de gritar hurrah, desbandáronse a derecha e izquierda, apretujándose contra las cuerdas y volcando, en su fulmínea retirada, más de un mostrador con sus botellas respectivas.

¡Caramba!… No había que vacilar un momento, tratándose del automóvil de la bellísima Ellen Perkins, la más atrevida sportwoman de todos los Estados de la Unión Americana, y demasiado conocida ya hasta en el Canadá, donde había atropellado, en sus locas carreras, una media docena de personas.

—¡Ancho campo! ¡Ancho campo! —gritaban en todos los lados.

Aquella magnífica carretera blanca y recta, terminaba precisamente en el espacioso recinto ocupado por la enorme multitud de apostadores empedernidos y de sportmen, llegados de todas las ciudades canadienses y de las poblaciones situadas en la próxima frontera norteamericana.

El automóvil, que avanzaba con la velocidad de un tren expreso americano, no se detendría hasta llegar al centro de la pista; y, dado el ímpetu que llevaba, era muy probable que ocasionase algunas desgracias.

Entretanto el entusiasmo de los espectadores iba en aumento. Parecía que las gargantas, excitadas por los repetidos tragos de whisky y de gin, hubieran adquirido una potencia extraordinaria, porque los hurrah podían oírse en el cielo.

No se percibía ya el murmullo del vecino San Lorenzo, apagado por el ruido de la muchedumbre.

—Hurrah for miss Ellen!… Hurrah!… ¡Hurrah por Montcalm!… ¡Hurrah por Torpon!…

Título:Un desafío en el Polo (PDF-EPUB)
Autores: Emilio Salgari
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.4 MB
Formato: PDF-EPUB

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Emilio Salgari - Un desafío en el Polo (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Emilio Salgari - Un desafío en el Polo (PDF-EPUB) —Hurrah for miss Ellen!… —Hurrah for Montcalm! —Hurrah for Torpon!… Estas exclamaciones salían de diez mil pechos, o quizás de más, con un fragor ensordecedor, casi espantoso. Si las aguas del lago Ontario hubiesen roto sus diques y se hubiesen desbordado con ímpetu irrefrenable a través de la pequeña y graciosa ciudad canadiense de Kingston, no habrían producido mayor estruendo. Parecía que una repentina locura habíase…

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