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Emilio Castelar – El suspiro del moro (PDF-EPUB)

Emilio Castelar – El suspiro del moro (PDF-EPUB)

Emilio Castelar - El suspiro del moro (PDF-EPUB)

Emilio Castelar – El suspiro del moro (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Emilio Castelar – El suspiro del moro (PDF-EPUB)

Los señores de Solís vivían gozosos en el castillo de la Higuera, cabeza de feraces territorios, allegados por sus progenitores a fuerza de combates y de victorias, que las crónicas recogieran con cuidado en sus sencillos capítulos y los poetas cantaran con arte y armonía en sus cadenciosos romances. Fosos anchos y ceñudas torres a su defensa y resguardo servían; salones decorados por mudéjares artífices a su aposento; siervos fáciles de congregar por el pendón y la caldera señoriales a su defensa; huertas y jardines inacabables a su recreo; y correrías de varía fortuna, pero de verdadera gloria magnitud, a su engrandecimiento y a su gloria.

Eran los señores aquellos representantes de la conquista cristiana en la incomparable Andalucía; y sus propias preeminencias les obligaban con privilegios, cebo de su soberbia y de su valor, al combate continuo, tan vistoso y regocijante, dados los tiempos aquellos de guerra, como los desafíos, los torneos, y demás fiestas militares de las usadas, antes que por pedirlas el tiempo y la necesidad, por entender el deseo cómo sin ellas no era la vida posible, ni fácil aquel imperio incontrastable, de antiguo ejercido por las añejas costumbres.

La paz volvía después de la guerra en sociedad tan batalladora, como viene después del invierno la primavera en el año, es decir, a modo de una estación alternativa y regular, engendrada por el tiempo y su movimiento continuo, que todo lo cambia y lo transforma. Desde los reyes primeros castellanos, que superaron las empinadas crestas de Sierra Morena y cayeron, como una tormenta sobre las llanuras andaluzas convertidas en edenes de los árabes, podía el menos previsor anunciar el desquite y la reconquista, como legado de unas generaciones a otras generaciones, por la natural solidaridad y perpetuidad irremediables en la duradera vida de los pueblos. En cuanto, al comienzo de la centuria decimotercia, los cristianos alcanzaron la victoria inmortal de las Navas, pudo asegurarse que serían suyas Córdoba, Jaén, Sevilla, y lo fueron a fines del mismo siglo; exaltado es el recuerdo patrio con tales conquistas y con sus compañeras y complemento, Jaén, Murcia, Mallorca y Valencia.

Si la debilidad irremediable del principio monárquico, muy quebrantado por la prematura revolución que para fortalecerlo intentara fuera de sazón el Rey Sabio, lo consintiera, no pasara tan ilustre siglo sin coronar el cobro de las dos sultanas del Guadalquivir con el cobro de la sultana del Darro. Pero los elementos aristocráticos y su pugna con los elementos municipales entrecogían al general verdadero de la cruzada constante, al monarca, en los remolinos de dos corrientes contrarias y lo paralizaban para el común esfuerzo y para mayores empresas. Sin embargo, ese mismo siglo decimotercio había visto al fantaseador de la incomparable Alhambra confundirse con los cortesanos de la victoria cristiana para respirar a su placer en Granada; y el siglo siguiente había visto más, llegar bajo las enseñas del onceno Alonso a las puertas de África la nación castellana por virtud y merced de la gloriosa

victoria del Salado.

No importaba. Puede asegurarse que aquí acabó, en el Salado, la carrera tomada con soberano empuje por Castilla desde su triunfo gloriosísimo en las Navas.

D. Pedro el Cruel no se curó sino de combatir con la nobleza capitaneada por sus hermanos los infantes de Trastámara, ensangrentando, más que fortaleciendo, el principio monárquico, en su durísimo reinado de verdadero terror. Muerto en los campos de Montiel, murió de la misma puñalada que lo penetró en el corazón, aquella causa del predominio monárquico, enterrada en la política, impuesta por la usurpación y por el fratricidio, a D. Enrique, política de complacencias con la nobleza y de mercedes a su peculio y a sus privilegios. Así, desde mediados del siglo decimocuarto, a fines del siglo decimoquinto, sólo dos guerras se mantuvieron por los cristianos con Granada, guerras, que más bien pueden llamarse, relampagueantes correrías sin resultado alguno, como esas noches eléctricas de estío, en que las chispas culebrean por los horizontes, y no retumba el estampido de un trueno, ni cae una gota de agua. Fue la primera de tales inútiles y lujosas correrías la emprendida por D. Álvaro de Luna, cuando privaba con D. Juan II, terminada con el combate y triunfo de la Higuerita; fue la segunda la emprendida por, D. Enrique IV, limitada en término último a un simulacro, donde apareció el rey de Castilla como un pobre comediante, haciendo de cetro y espada miserables arreos en la representación de una farsa.

Por fin llegaron los Reyes Católicos al que podía, llamarse, desde aquel entonces, verdadero trono de nuestra España, por asentarse ya en la unidad indispensable del suelo nacional. D. Fernando parecía traer aquella política un tanto doble, por sus predecesores allegada en Italia, que no excluía de ningún modo el heroísmo; y Doña Isabel aquella inquieta y gloriosísima índole de los grandes reconquistadores castellanos, que no excluía la prudencia en ellos. Con los Reyes Católicos, debía dilatarse la gente española, después de haber puesto en las torres Bermejas la cristiana cruz y en las altísimas Alpujarras el castellano blasón, por las tierras bañadas del Tirreno en Italia y por las tierras bañadas en Occidente del misterioso inexplorado Atlántico. Así el propósito firme de la reconquista uniría entonces con su empuje soberano los dos cetros, que reunidos, iban a ser como el eje, sobre cuya línea giraba nuestra patria. Los pobres y humildes montañeses confinados por las vencedoras tribus del desierto en los picachos de las cordilleras pirenaicas, después de haber probado suerte tan varia en Clavijo y Calatañazor, en Toledo y Alarcos, acercábanse al deseado logro de seculares anhelos bajo las enseñas de Doña Isabel y de Don Fernando…

Título: El suspiro del moro (PDF-EPUB)
Autores: Emilio Castelar
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.6 MB
Formato: PDF-EPUB

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Emilio Castelar - El suspiro del moro (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Emilio Castelar - El suspiro del moro (PDF-EPUB) Los señores de Solís vivían gozosos en el castillo de la Higuera, cabeza de feraces territorios, allegados por sus progenitores a fuerza de combates y de victorias, que las crónicas recogieran con cuidado en sus sencillos capítulos y los poetas cantaran con arte y armonía en sus cadenciosos romances. Fosos anchos y ceñudas torres a su defensa y resguardo servían; salones decorados por mudéjares artífices a su aposento; siervos…

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