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Elmore Leonard – El tren de las 3:10 a Yuma y otros relatos del Oeste (PDF-EPUB)

Elmore Leonard – El tren de las 3:10 a Yuma y otros relatos del Oeste (PDF-EPUB)

Elmore Leonard - El tren de las 3:10 a Yuma y otros relatos del Oeste (PDF-EPUB)

Elmore Leonard – El tren de las 3:10 a Yuma y otros relatos del Oeste (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Elmore Leonard – El tren de las 3:10 a Yuma y otros relatos del Oeste (PDF-EPUB)

Habrá habituales de las librerías —alguno tiene que quedar— a quienes sorprenda encontrarse con un volumen de relatos de western firmados por Elmore Leonard, uno de los grandes clásicos de la narrativa policíaca de la segunda mitad del siglo XX. Y quizá se digan: «vaya, Leonard aparcó su habitual producción de novela negra para darse el capricho de escribir unas cuantas historias del viejo Oeste. Es lo que tiene triunfar, que te puedes dar caprichos como este…». En otros casos, con otros autores, esa reflexión puede que tuviera posibilidades de acercarse a la verdad, pero no en esta ocasión, no con Leonard. Elmore Leonard inició su andadura de escritor profesional publicando relatos de western en revistas como Argosy (“El rastro de los apaches”, 1951), 10 Story Western (“Infierno en el Cañón del Diablo”, 1952) o Dime Western (“Medicina apache”, 1952). Y tras un buen montón de relatos y ocho novelas dedicadas al viejo Oeste, acabó imponiéndose su faceta de autor de novela negra sobre la de escritor de western, si bien es opinión de algunos críticos que algunos planteamientos y clichés del western dotan de originalidad a su narrativa policíaca; al igual que características de la narrativa criminal apuntaban ya en su inicial producción de ranchos, apaches y personajes de la frontera norteamericana en el siglo XIX.

Contaba Leonard en una entrevista —hablando sobre sus inicios en la profesión de escritor— que, tras sus iniciales pinitos narrativos en el instituto y la facultad, llegó a la conclusión de que el trabajo de escribir le gustaba. Escogió el western, según confesión propia, porque le apasionaban las películas de este género y porque pensaba que escribiendo western se podía seguir aprendiendo a escribir y empezar a cobrar algo como profesional. Explicaba después que, tras ver sus primeros relatos rechazados, aprendió que era importante documentarse sobre el periodo y el lugar en el que se desarrollaban esas historias que él quería contar. Y algunos párrafos más adelante rememoraba lo que le defraudó que no aceptasen sus primeros relatos en el Saturday Evening Post o en el Collier’s, que eran las revistas que mejor pagaban y tuviera que conformarse, inicialmente, con verse publicado en revistas más humildes, donde solo cobraba a dos centavos la palabra.

Aunque el western no ha tenido en nuestro país círculos de aficionados, tertulias o revistas donde intercambiaran opiniones y conocimientos los lectores habituales del género, a quienes somos igualmente aficionados a leer ciencia ficción o policiaco, ese «dos centavos por palabra» seguro que nos provoca sensación de reconocimiento y hasta nostalgia. Sí, en publicaciones como la añorada Nueva Dimensión, dedicada a la ciencia ficción, o en Gimlet, que apostaba por lo policiaco, o en las introducciones que presentaban a los autores de la era del pulp norteamericano, se mencionaba continuamente —y se sigue mencionando ahora, cuando estas presentaciones se escriben— esa faceta tan prosaica de la vida del creador de literatura popular que consiste en conseguir vender sus relatos. La lucha por vendérselos a revistas cada vez más prestigiosas y que paguen cada vez mejor; la lucha por publicar junto a celebrados compañeros de profesión y recibir cartas de lectores alabando los escritos propios y también, cómo no, la experiencia y el aprendizaje que suponía el asumir o discutir las indicaciones de los jefes de redacción de esas revistas. Todo esto formaba parte de la cotidianidad entonces —y del anecdotario ahora— del escritor profesional de buena parte del siglo XX… como también lo fue para sus iguales del siglo anterior. Quizá en el XIX no era un asunto de centavos por palabra, pero su equivalente: las entregas, el contrato de las series, la publicación final en libro, los tira y afloja sobre la remuneración con los editores, etc., eran práctica común en el mundo de Dickens, Dumas, Victor Hugo o Manuel Fernández y González. Pero volviendo a nuestro autor de Detroit —nacido en Nueva Orleans, pero aclimatado en Detroit—, la cuestión es que a principios de la década de los cincuenta, decidido a ser escritor profesional, se decantó por el western.

Aparte de una afición inicial por el tema, la elección caminó de la mano de una actitud muy prosaica, porque confiesa que creyó detectar en aquellos años un aumento del interés del público por este tipo de narrativa. También constató que había abundancia de publicaciones de literatura western a las que presentar sus primeros trabajos, y que este tipo de relatos se aceptaba también en otras revistas más misceláneas como Argosy, Short Stories o el Saturday Evening Post. Eligió como escenario los territorios de Arizona y Nuevo México a finales del XIX, porque simpatizaba con utilizar palabras españolas y le resultaron fascinantes los apaches como pueblo. Los indios de la llanura no le interesaban demasiado. Los apaches, por su atuendo, por su dureza como guerrilleros, por su capacidad como asaltantes, por su adustez y hasta quizá por su «mala prensa», fueron preferidos a otras tribus más proclives al heroísmo romántico. Se documentó sobre la época leyendo ensayos sobre las Guerras Apaches y biografías y memorias de sus protagonistas y testigos: libros como On the Border with Crook, de John G. Bourke, o las memorias de Gatewood, el principal explorador de Crook, —aunque hay que reconocer que son varios quienes alardean de esta distinción—. También se suscribió al Arizona Highways e investigó sobre aspectos menores de la vida cotidiana en la frontera Suroeste. Cuando consiguió vender su primer relato al editor de Argosy, “Infierno en el Cañón del Diablo”, que este destinó a una de las revistas del grupo, consiguió, ya de paso, el refrendo de su intuición y gustos personales. En Argosy le comentaron que, si tenía más relatos de este periodo, la revista estaba interesada en comprarlos. Poco después les llevó “El rastro de los apaches”, y también fue comprada. De hecho fue la primera de sus historias que tuvo el placer de ver publicada. Los primeros relatos de esta recopilación, que son aquellos con los que inicia su carrera profesional, están inscritos en ese ambiente apache. Y son buenos. Si alguien tiene dudas sobre un hipotético titubeante primer periodo de la narrativa de Leonard, puede acudir a ellos para despejar sus dudas. Sus características como escritor están ya ahí y responden a onvicciones estilísticas tempranas y mantenidas a lo largo del tiempo. Afirmaba que inicialmente algunos de sus primeros relatos fueron tildados por los editores de demasiado escuetos, excesivamente sobrios y terminantes. Le sugirieron la conveniencia de dotarlos de una cierta pausa, de un alivio en la tensión con contrapuntos humorísticos o líricos y ralentizar algo el flujo de la información narrativa. Sin embargo, Leonard siempre estuvo seguro de cómo quería escribir…

Título: El tren de las 3:10 a Yuma y otros relatos del Oeste (PDF-EPUB)
Autores: Elmore Leonard
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.9 MB
Formato: PDF-EPUB

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