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Edgar Rice Burroughs – Historias De La Jungla (PDF)

Edgar Rice Burroughs – Historias De La Jungla (PDF)

Edgar Rice Burroughs - Historias De La Jungla (PDF)

Edgar Rice Burroughs – Historias De La Jungla (PDF)

Introduccion del Libro Edgar Rice Burroughs – Historias De La Jungla (PDF)

Tendida voluptuosamente a la sombra, en la floresta de la selva tropical, Teeka presentaba una preciosa imagen de juvenil belleza femenina. Al menos, así se lo parecía a Tarzán de los Monos, que la contemplaba desde la altura de la oscilante rama de un árbol próximo, donde permanecía sentado en cuclillas.

Cualquiera que le hubiese visto allí habría tomado a Tarzán por la reencarnación de algún semidiós antiguo. Su atlético cuerpo se mecía en actitud de relajado abandono sobre la rama de aquel gigante de la jungla, mientras los rayos del sol ecuatorial se filtraban a través de la verde y tupida fronda para salpicar de brillantes motas de luz la bronceada piel. Tenía inclinada la cabeza en absorta meditación, en tanto devoraba con los grises ojos, inteligentes y soñadores el objeto de su reverencia.

Nadie hubiera supuesto que, en su infancia, aquella criatura se amamantó en los pechos de una espantosa y peluda simia, ni que, desde que sus padres murieron en la cabaña construida en una pequeña cala, al borde de la selva, el muchacho no tuvo ni conoció más compañeros que los torvos machos y las gruñonas hembras de la tribu de Kerchak, el gran mono. Tarzán no recordaba haber tenido otros.

Y si alguien hubiese podido leer los pensamientos que bullían en el activo y saludable cerebro del joven hombre mono, los anhelos, deseos y pretensiones que le inspiraba la vista de Teeka, tampoco se habría sentido más inclinado a dar crédito al auténtico origen de Tarzán. Porque, sobre la única base de tales pensamientos, ni por lo más remoto se hubiera podido nunca espigar la verdad: que aquel mozo era hijo de una bellísima dama inglesa y que su padre fue un aristócrata británico de la más antigua alcurnia.

Para Tarzán de los Monos la verdad de su origen resultaba un misterio absoluto. Ignoraba que era John Clayton, lord Greystoke, con escaño en la Cámara de los Lores.

No lo sabía pero, de saberlo, tampoco hubiera comprendido lo que representaba.

¡Sí, Teeka era una auténtica preciosidad!

Naturalmente, Kala había sido hermosa -la madre de uno siempre lo es-, pero la belleza de Teeka tenía algo especial, algo inefable que Tarzán empezaba a percibir de un modo ambiguo y nebuloso.

Durante años, Tarzán y Teeka habían sido compañeros de juegos. Y Teeka continuaba mostrándose juguetona y alegre mientras los machos de su edad se convertían con pasmosa rapidez en individuos ariscos y malhumorados. De plantearse Tarzán la cuestión, es probable que hubiese atribuido su creciente inclinación hacia la joven hembra al hecho de que, de todos los antiguos compañeros de barrabasadas, sólo Teeka y él seguían manteniendo vivo el deseo de divertirse, de jugar y hacer diabluras como antes.

Pero aquel día, mientras contemplaba a Teeka, se sorprendió al reparar en la belleza de sus facciones y de su figura: algo que hasta entonces no había hecho nunca, puesto que tales detalles nada tenían que ver con las aptitudes de Teeka para saltar ágilmente de un árbol a otro por las altas enramadas, en el curso de las persecuciones y juegos del escondite y demás que la fértil imaginación de Tarzán inventaba. El hombre mono se rascó la cabeza y deslizó los dedos por debajo de la espesa melena negra que enmarcaba su bien parecido rostro juvenil. Se rascó la cabeza y dejó escapar un suspiro. El descubrimiento de la belleza de Teeka se convirtió en súbito motivo de desesperación.

Empezó a envidiar la espléndida capa de pelo que cubría el cuerpo de la hembra. A Tarzán, su propia piel tersa y bronceada le producía una aversión hija del disgusto y la repugnancia. Años antes alimentó la esperanza de que algún día su piel iba a recubrirse de pelo, como el que adornaba a sus hermanos, pero al final no tuvo más remedio que abandonar aquella grata ilusión.

Allí estaba la hermosa dentadura de Teeka, no tan grande como la de los machos, naturalmente, pero dotada de piezas fuertes y estupendas, comparadas con los débiles y blancos dientes de Tarzán. ¡Y las pobladas y ceñudas cejas, y la ancha y aplastada nariz, y los gruesos labios! Tarzán se había entrenado intentando poner la boca en forma de semicírculo, al tiempo que inflaba los carrillos y guiñaba los ojos repetida y rápidamente, pero tras una infinidad de esfuerzos inútiles llegó a la conclusión de que jamás conseguiría hacer aquello con la gracia irresistible que lograba Teeka…

Título: Historias De La Jungla (PDF)
Autores: Edgar Rice Burroughs
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.9 MB
Formato: PDF

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Edgar Rice Burroughs - Historias De La Jungla (PDF) Introduccion del Libro Edgar Rice Burroughs - Historias De La Jungla (PDF) Tendida voluptuosamente a la sombra, en la floresta de la selva tropical, Teeka presentaba una preciosa imagen de juvenil belleza femenina. Al menos, así se lo parecía a Tarzán de los Monos, que la contemplaba desde la altura de la oscilante rama de un árbol próximo, donde permanecía sentado en cuclillas. Cualquiera que le hubiese visto allí habría tomado a Tarzán por la reencarnación de algún…

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