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Edgar Rice Burroughs – El Hijo De Tarzán (PDF)

Edgar Rice Burroughs – El Hijo De Tarzán (PDF)

Edgar Rice Burroughs - El Hijo De Tarzán (PDF)

Edgar Rice Burroughs – El Hijo De Tarzán (PDF)

Introduccion del Libro Edgar Rice Burroughs – El Hijo De Tarzán (PDF)

El alargado bote del Marjorie W. se deslizaba aguas abajo del ancho Ugambi, impulsado por la corriente y el reflujo. Sus tripulantes disfrutaban indolentemente de aquel momento de respiro, tras el arduo esfuerzo de remontar la embarcación a golpe de remo. El Marjorie W. estaba fondeado tres millas más abajo, listo para levar anclas en cuanto se encontraran a bordo y hubiesen colgado el bote de sus pescantes. De pronto, los marineros despertaron de su modorra o suspendieron sus parloteos para dirigir su atención hacia un punto determinado de la orilla septentrional del río. Con cascada voz de falsete, al tiempo que agitaba los extendidos y esqueléticos brazos, la inconcebible aparición de un ser humano les gritaba desde allí a pleno pulmón.

-¿Quién demonios puede ser ese tipo? -exclamó uno de los remeros.

-¡Un hombre blanco! murmuró el piloto. Ordenó-: Dadle a las palas, muchachos, acerquémonos a ver qué quiere.

Al aproximarse a la ribera vieron a una criatura demacrada, cuyas escasas greñas blancas se apelotonaban en mugrienta maraña. Su enjuto cuerpo encorvado iba completamente desnudo, salvo por un exiguo taparrabos. Las lágrimas descendían por las hundidas mejillas picadas de viruela. El hombre les farfulló algo en un idioma desconocido.

-Debe de ser ruso -aventuró el piloto. Se dirigió al individuo-: ¿Habla inglés?

Lo hablaba. Y en esa lengua, a saltos, entrecortada y vacilantemente, como si llevara años sin emplearla, les suplicó que lo llevasen con ellos, que lo sacaran de aquella espantosa región. Una vez a bordo del Marjorie W., el extraño ser refirió a los que acababan de rescatarle una lastimosa historia de miserias, privaciones, dificultades y angustias cuya duración se había prolongado a lo largo de más de diez años. No les explicó cómo había ido a parar a África, sólo les dio a entender que había olvidado todo lo concerniente a su vida anterior a la llegada allí y a los terribles sufrimientos que tuvo que soportar y que acabaron por desquiciarle física y mentalmente. Ni siquiera les dio su verdadero nombre, por lo que sólo le conocieron por el de Michael Sabrov. Y la verdad es que entre aquella lamentable ruina humana y el vigoroso, aunque falto de principios, Alexis Paulvitch no existía la más remota semejanza.

Diez años habían transcurrido desde que el ruso escapó al destino que acabara con su compinche, el diabólico Rokoff y, en el curso de ese decenio, Paulvitch maldijo no una sino muchísimas veces al hado que concedió a Nicolás Rokoff la muerte y le dispensó así de todo padecimiento, mientras le había reservado a él, Alexis Paulvitch, los horrores escalofriantes de una existencia infinitamente peor que la muerte, una muerte que se negó empecinadamente a llevárselo.

Cuando vio que las fieras de Tarzán y su salvaje amo y señor invadían la cubierta del Kincaid, Paulvitch se dirigió a la selva y, abrumado por el pánico que le inspiraba la idea de que el hombre-mono le persiguiera y le capturase, el ruso se adentró tanto por la espesura de la jungla que, al final, acabó cayendo en poder de una de las silvestres tribus de caníbales que habían sufrido el rigor de la mala sangre y la cruel brutalidad de Rokoff. Una extraña veleidad del jefe de dicha tribu salvó a Paulvitch de la muerte…, sólo para caer en una existencia plagada de tormentos y calamidades. Durante diez años fue el blanco de todos los golpes y pedradas que quisieron descargar sobre él las mujeres y los niños de la aldea, el receptor de cuantas cuchilladas y desfiguraciones desearon administrarle los guerreros, la víctima de las fiebres recurrentes más virulentas y malignas que impregnaban la zona. A pesar de todo, nomurió. La viruela le clavó sus horribles garras y lo dejó indescriptiblemente señalado con sus repugnantes marcas. Entre la viruela y las atenciones que le dedicaron los miembros de la tribu, el semblante de Alexis Paulvitch estaba tan desfigurado que ni su propia madre hubiese podido descubrir un solo rasgo familiar en aquella deplorable carátula. Unos pocos mechones, ralos y grasientos, de color blanco pajizo, habían sustituido a la densa cabellera negra que otrora cubrió la cabeza del ruso. Tenía las extremidades curvadas y retorcidas, andaba arrastrando los pies, inseguro y vacilante, encorvado el cuerpo.

No le quedaban dientes, sus salvajes amos se habían encargado de saltárselos. Incluso su inteligencia no era más que un triste remedo de lo que fue…

Título: El Hijo De Tarzán (PDF)
Autores: Edgar Rice Burroughs
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 664 KB
Formato: PDF

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Edgar Rice Burroughs - El Hijo De Tarzán (PDF) Introduccion del Libro Edgar Rice Burroughs - El Hijo De Tarzán (PDF) El alargado bote del Marjorie W. se deslizaba aguas abajo del ancho Ugambi, impulsado por la corriente y el reflujo. Sus tripulantes disfrutaban indolentemente de aquel momento de respiro, tras el arduo esfuerzo de remontar la embarcación a golpe de remo. El Marjorie W. estaba fondeado tres millas más abajo, listo para levar anclas en cuanto se encontraran a bordo y hubiesen colgado el bote de…

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