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E. M. Nathanson – Doce del patíbulo (PDF-EPUB)

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E. M. Nathanson – Doce del patíbulo (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro E. M. Nathanson – Doce del patíbulo (PDF-EPUB)

Siempre ha habido un patíbulo en Marston Tyne.

Está situado en lo más recóndito de las entrañas de la antigua prisión, que en un tiempo sirviera de baluarte contra las oleadas sajonas y en la actualidad encierra los detritus del gran ejército americano llegado a Inglaterra desde el otro lado del mar.

Más allá de los límites del viejo mercado de la ciudad, el edificio está envuelto en un halo de apacible encanto campesino. Pero el patíbulo es el vientre negro del lugar, celosamente cubierto por gruesos muros de piedra húmeda. Cuando se habla de él, es en un tono misterioso y secreto; Antiguamente sólo se entraba allí en ocasiones muyespeciales. Entre los participantes en la rígida ceremonia que las costumbres y las ordenanzas militares han decretado para su uso, el desempeño de su función como testigos y observadores, originó un complejo de emociones que había de desembocar en una situación insostenible. Los sacerdotes, que conocen todas estas cosas, solían decir que era un lugar de tránsito, y hablaban de él en esta forma para acallar los temblores de los hombres conducidos allí para su ejecución. En la prisiónhay otro cadalso, un modelo portátil, fabricado en servicial pino de Vermont, marcado con las siglas USQMC, trasportado por el errabundo ejército de los Estados Unidos desde el otro lado del océano. Algunos cerebros lógicos y clarividentes se habían preocupado de incluirlo en el inventario de utensilios y accesorios de guerra, seguros de que habría que utilizarlo. Pero se encontraba medio oculto en un rincón, aún sin desembalar y totalmente fuera de servicio, como por temor a ofender a la hospitalaria nación con la burda sugerencia de que América construía mejores patíbulos.

Precisamente de patíbulos estaban hablando Hump Edwards y Albie Salmón al capitán yankee en la posada The Butcher’s Arms, situada en la oscura y húmeda ciudad que se extendía tras los muros de la prisión.

—Había que ver las ejecuciones en los buenos tiempos —dijo Albie. A la nariz de John Reisman llegaba el peculiar olor dulzón de la sidra de Somerset, que había bebido el viejo cuyos mortecinos ojos azules se clavaban en él con insistencia—.

Entonces se hacían al amanecer —continuó Albie—. Una hora apropiada. Nada de la función de tapadillo en plena noche, que según tengo entendido organizáis vosotros, los yankees.

El americano agarró con fuerza su vaso de whisky, chocándolo suavemente contra el jarro de Albie.

—Bebe, viejo mono —dijo procurando imitar el cerrado acento de Somerset del viejo—. Te pago el veneno.

Pidió un nuevo whisky; bebía fría y deliberadamente para ablandar el temor ante la tarea que le aguardaba aquella noche.

«Comparecerá usted en el 51 D. T. C., en Marston Tyne, el 24 de febrero de 1944, como testigo de una ejecución». Así, sin más, en marcha. Es fácil. Tú has hecho cosas peores. Por eso te consideran tanto. Lárgate a presenciar cómo el ejército cuelga a un hijo de puta vociferante, según las ordenanzas.

La citación le había llegado al acuartelamiento de Relevo en Lichfield, donde se hallaba eligiendo voluntarios calificados para una nueva misión especial llamada «Rosedale». Sin embargo, no acertaba a encontrar la relación entre el cumplimiento de una sentencia de muerte y sus servicios de espionaje tras las líneas enemigas. En realidad, Reisman ni siquiera sospechaba que el ejército hiciera estas cosas. El telegrama le provocó una especie de shock, que le atraía por sí mismo, ya que había llegado a confiar en el control irracional sobre su mente tanto como en los recursos de su cuerpo flexible y lleno de cicatrices. En principio pensó protestar; averiguar el porqué de aquella orden, pues en sus misiones el averiguar el porqué le libraba del mal olor del cómo, pero lo pensó mejor y desistió. Con harta frecuencia el razonamiento de las eminencias grises del Cuartel General de las OSS de Londres era tan impenetrable como el del mismo ejército, y sus órdenes igualmente oscuras.

Con el quinto trago y el alcohol efectuando su tarea sedante en la corriente sanguínea, el sentimiento de cólera y temor que le habían empujado a la taberna se fueron debilitando mientras recobraba su habitual aire desenfadado de curiosidad ante la vida y la muerte. La muerte no era nada nuevo para Reisman, tampoco la violencia.

La suya no era una violencia ciega e incontrolada, sino astuta, escurridiza y firmemente gobernada por la inteligencia hacia un fin concreto. Durante años, Reisman se había consagrado a ella, era un profesional de la violencia, por ello le molestaba profundamente que se le hubiera ordenado asistir como testigo a una ejecución. Su terrible y agudo autocontrol le obsesionaba no dándole el menor reposo, en especial cuando se enfrentaba con una situación que le exigía una cualidad como el valor.

Título: Doce del patíbulo (PDF-EPUB)
Autores: E. M. Nathanson
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.7 MB
Formato: PDF-EPUB

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E. M. Nathanson - Doce del patíbulo (PDF-EPUB) Introduccion del Libro E. M. Nathanson - Doce del patíbulo (PDF-EPUB) Siempre ha habido un patíbulo en Marston Tyne. Está situado en lo más recóndito de las entrañas de la antigua prisión, que en un tiempo sirviera de baluarte contra las oleadas sajonas y en la actualidad encierra los detritus del gran ejército americano llegado a Inglaterra desde el otro lado del mar. Más allá de los límites del viejo mercado de la ciudad, el edificio está envuelto en un…

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