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Donato Carrisi – La hipótesis del mal (PDF) Gratis

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Introduccion del Libro Donato Carrisi – La hipótesis del mal (PDF) Gratis

La sala número 13 del depósito de cadáveres era el recinto de los durmientes.

Se hallaba en el cuarto y último nivel del subterráneo, en el gélido infierno de las salas frigoríficas. Una planta reservada a los cadáveres sin identificar. Raramente alguien pedía entrar allí.

Pero aquella noche estaba a punto de llegar un visitante.

El vigilante lo esperaba delante del ascensor con la nariz levantada hacia el techo. Observaba los números que aparecían de uno en uno en el cuadro luminoso que marcaba el ritmo del descenso de la cabina, y mientras tanto se preguntaba quién podría ser aquella inesperada visita. Pero, sobre todo, se preguntaba por el motivo que lo habría empujado hasta aquella lejana frontera con los asuntos de los vivos.

Cuando se iluminó el último número hubo un largo instante de silencio, y a continuación las puertas del ascensor se abrieron de par en par. El vigilante observó al huésped, un hombre que pasaba de los cuarenta y que llevaba un traje azul oscuro. Y, enseguida —como siempre les sucedía a quienes ponían los pies allí abajo por primera vez—, vio dibujarse el estupor en su rostro cuando comprendió que no estaba ante un entorno revestido de baldosas blancas e iluminado por asépticos neones, sino que las paredes eran de color verde y los puntos de luz, anaranjados.

—La policromía reprime los ataques de pánico —explicó el vigilante, respondiendo a una pregunta tácita. A continuación le tendió una bata azul.

El visitante no dijo nada. Se la puso y, poco después, ambos empezaron a andar.

—Los cadáveres de esta planta son principalmente personas sin techo o inmigrantes ilegales. Al no tener documentación ni ningún pariente, cuando estiran la pata vienen a parar aquí abajo. Todos ellos están en las salas que van de la número 1 a la 9 —explicó el vigilante—. La 10 y la 11, en cambio, son para gente que, como usted y como yo, paga sus impuestos y ve los partidos por la tele, pero un buen día sufre un infarto en el metro y la diña. Algún pasajero hace como si lo ayudara pero, en lugar de eso, le birla la cartera y, voilà, el truco de magia le sale bien: el tío o la tía desaparece para siempre. Sin embargo, a veces es sólo cuestión de burocracia: una empleada se hace un lío con el papeleo y, cuando citan a tus familiares para que te reconozcan, les muestran el cadáver de otra persona. Es como si tú no hubieras muerto y ellos continúan buscándote.

—Intentaba impresionar al visitante haciendo de guía turístico, pero el hombre no mostraba reacción alguna—. Después están los casos de suicidio o accidente: sala 12. Porque puede ocurrir que el cadáver haya quedado tan mal que incluso te haga dudar de que fuera realmente una persona —añadió intentando tantear el estómago del visitante, que evidentemente no era quisquilloso—. En cualquier caso, la ley prevé el mismo trato para todos: un período de permanencia en la cámara frigorífica no inferior a dieciocho meses. Cuando el plazo finaliza, si nadie identifica o reclama los restos, y en caso de que no existan otras indicaciones por parte de la investigación, se autoriza su eliminación mediante cremación. —El vigilante había citado el reglamento de memoria.

Llegado a este punto su tono cambió, se mostró inquieto, porque lo que seguía tenía que ver con el motivo de aquella extraña visita nocturna.
—Después están los de la sala número 13.

Las víctimas anónimas de los homicidios sin resolver.

—En los casos de asesinato, la ley dice que el cuerpo constituye elemento de prueba hasta que se verifique la identidad de la víctima —prosiguió el vigilante—. No se puede condenar a un asesino si no se demuestra que la persona a la que ha matado existía de verdad. Sin un nombre, el cuerpo es la única prueba de esa existencia. Por eso se conserva sin límite de tiempo. Es una de esas extravagantes sutilezas legales que tanto les gustan a los abogados. Según dictaban las disposiciones, mientras no se determinara el hecho criminal que estaba relacionado con la muerte, los restos mortales no podían ser destruidos o destinados a su deterioro natural…

Título: La hipótesis del mal (PDF) Gratis
Autores: Donato Carrisi
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.3 MB
Formato: PDF–EPUB–FB2–MOBI

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Donato Carrisi – La hipótesis del mal (PDF) Gratis Introduccion del Libro Donato Carrisi – La hipótesis del mal (PDF) Gratis La sala número 13 del depósito de cadáveres era el recinto de los durmientes. Se hallaba en el cuarto y último nivel del subterráneo, en el gélido infierno de las salas frigoríficas. Una planta reservada a los cadáveres sin identificar. Raramente alguien pedía entrar allí. Pero aquella noche estaba a punto de llegar un visitante. El vigilante lo esperaba delante del ascensor con la nariz levantada…

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