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Dolores Redondo – Legado en los huesos (PDF-EPUB)

Dolores Redondo – Legado en los huesos (PDF-EPUB)

Dolores Redondo - Legado en los huesos (PDF-EPUB)

Dolores Redondo – Legado en los huesos (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Dolores Redondo – Legado en los huesos (PDF-EPUB)

El ambiente en el juzgado era irrespirable. La humedad de la lluvia, prendida en los abrigos, comenzaba a evaporarse, mezclada con el aliento de cientos de personas que abarrotaban los pasillos frente a las distintas salas. Amaia se desabrochó el chaquetón mientras saludaba al teniente Padua, que, tras hablar brevemente con la mujer que lo acompañaba e instándola a entrar en la sala, se acercó sorteando a la gente que esperaba.

—Inspectora, me alegro de verla. ¿Cómo se encuentra? No estaba seguro de que pudiera estar aquí hoy —dijo, con un gesto hacia el abultado vientre.

Ella se llevó una mano a la tripa, que evidenciaba el último tramo del embarazo.

—Bueno, parece que de momento aguantará. ¿Ha visto a la madre de Johana?

—Sí, está bastante nerviosa. Espera dentro acompañada por su familia, acaban de llamarme de abajo para decir que ha llegado el furgón que trae a Jasón Medina —dijo dirigiéndose al ascensor.

Amaia entró en la sala y se sentó en uno de los bancos del final; aun así veía a la madre de Johana Márquez, enlutada y mucho más delgada que en el funeral de la niña. Como si percibiese su presencia, la mujer se volvió a mirar y la saludó con un breve gesto de asentimiento. Amaia intentó sonreír, sin conseguirlo, mientras apreciaba la apariencia lavada del rostro de aquella madre atormentada por la certeza de no haber podido proteger a su hija del monstruo que ella misma había llevado a casa. El secretario procedió a leer en voz alta los nombres de los citados. No se le escapó el gesto de crispación que se dibujó en la cara de la mujer al escuchar el nombre de su marido.

—Jasón Medina —repitió el secretario—. Jasón Medina.

Un policía de uniforme entró corriendo en la sala, se acercó al secretario y le susurró algo al oído. A su vez se inclinó para hablar con el juez, que escuchó sus palabras, asintió, llamó al fiscal y a la defensa, les habló brevemente y se puso en pie.

—Se suspende la sesión, serán citados nuevamente si así procede. —Y sin decir más, salió de la sala.

La madre de Johana comenzó a gritar mientras se volvía hacia ella demandando respuestas.

—No —chilló—, ¿por qué?

Las mujeres que la acompañaban intentaron en vano abrazarla para contener su desesperación.

Uno de los policías se acercó a Amaia.

—Inspectora Salazar, el teniente Padua le pide que baje a los calabozos.

Al salir del ascensor vio que un grupo de policías se arremolinaba frente a la puerta de los baños. El guardia que la acompañaba le indicó que entrase. Un policía y un funcionario de prisiones se apoyaban contra la pared con los rostros demudados.

Padua miraba hacia el interior del cubículo, apostado en el borde del charco de sangre que se derramaba por debajo de la estructura que separaba los retretes y que aún no había comenzado a coagularse. Al ver entrar a la inspectora se hizo a un lado.

—Le dijo al guardia que tenía que entrar al baño. Ya ve que está esposado, aun así logró rebanarse el cuello. Todo fue muy rápido, el policía no se movió de aquí, le oyó toser y entró, no pudo hacer nada.

Amaia dio un paso adelante para ver el cuadro. Jasón Medina aparecía sentado en el retrete con la cabeza echada hacia atrás. Un corte oscuro y profundo surcaba su cuello. La sangre había empapado la pechera de la camisa como un babero rojo que hubiera resbalado entre sus piernas, tiñendo todo a su paso. El cuerpo aún emanaba calor, y el olor de la muerte reciente viciaba el aire.

—¿Con qué lo ha hecho? —preguntó Amaia al no ver ningún objeto.

—Un cúter. Se le cayó de las manos al perder fuerza y fue a parar al váter de al lado —dijo empujando la puerta del siguiente retrete.

—¿Cómo pudo meter eso aquí? Es de metal, el arco tuvo que detectarlo.

—No lo introdujo él, inspectora. Mire —dijo señalando—, si se fija verá que el mango del cúter lleva pegado un trozo de cinta americana. Alguien se tomó muchas molestias para dejar el cúter aquí, seguramente tras la cisterna, él no tuvo más que despegarlo de su escondite.

Amaia suspiró.

—Y eso no es todo —dijo Padua, disgustado—. Esto asomaba del bolsillo de la chaqueta de Medina —dijo levantando con una mano enguantada un sobre blanco…

Título: Legado en los huesos (PDF-EPUB)
Autores: Dolores Redondo
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.2 MB
Formato: PDF-EPUB

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Dolores Redondo - Legado en los huesos (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Dolores Redondo - Legado en los huesos (PDF-EPUB) El ambiente en el juzgado era irrespirable. La humedad de la lluvia, prendida en los abrigos, comenzaba a evaporarse, mezclada con el aliento de cientos de personas que abarrotaban los pasillos frente a las distintas salas. Amaia se desabrochó el chaquetón mientras saludaba al teniente Padua, que, tras hablar brevemente con la mujer que lo acompañaba e instándola a entrar en la sala, se acercó sorteando a la gente…

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