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Cinco esquinas – Mario Vargas Llosa (EPUB – PDF)

Cinco esquinas – Mario Vargas Llosa (EPUB – PDF)

Cinco esquinas - Mario Vargas Llosa (EPUB - PDF)

Cinco esquinas – Mario Vargas Llosa (EPUB – PDF)

Introduccion del Libro Cinco esquinas – Mario Vargas Llosa (EPUB – PDF)

Es una novela publicada el 3 de marzo de 2016, de manera simultánea en España, Latinoamérica y en Estados Unidos (en español) por la editorial Alfaguara.

La novela se publicó en la Casa de América de Madrid el 1 de marzo de 2016, dando así inicio a una serie de actos y homenajes coincidiendo con el 80 cumpleaños de Vargas Llosa y al hacerse también 60 de la publicación de su primer relato.

El libro es el relato de un mundo amenazado por el cinismo, la ambición, la miseria moral y la violencia, en el que Vargas Llosa ofrece un retrato del Perú de los años noventa y crea un mural en el que personajes de distintos ambientes sociales se ven afectados por el pavor provocado por el terrorismo de Sendero Luminoso, el periodismo amarillista y la corrupción asociada a las esferas de poder durante el gobierno de Alberto Fujimori.

El nombre de las Cinco esquinas hace referencia a un barrio limeño del mismo nombre, en la zona de Barrios Altos, a dos cuadras de la Quinta Heeren, la que en el pasado fue un área elegante y acomodada de la ciudad en la que se enclavaban las embajadas de Australia, Bélgica, Japón, Francia y Estados Unidos, y que actualmente ha venido a menos.

Según ha manifestado su autor, esta novela, al contrario de lo habitual, empezó sin título, lo que le supuso un mayor trabajo, ya que el nombre le sirve de guía para escribir, reveló en el primer Foro Internacional del español 2.0, celebrado en Madrid en abril de 2015.

Argumento

La historia comienza cuando el director de un semanario sensacionalista (Rolando Garro), intenta destruir la reputación de un exitoso ingeniero de minas con unas fotos en las que aparece en una situación comprometida. La novela se ambienta en el Perú de la última década del siglo XX, bajo el dominio del presidente Alberto Fujimori y su hombre de confianza Vladimiro Montesinos.

Prólogo

¿Había despertado o seguía soñando? Aquel calorcito en su empeine derecho estaba siempre allí, una sensación insólita que le erizaba todo el cuerpo y le revelaba que no estaba sola en esa cama. Los recuerdos acudían en tropel a su cabeza pero se iban ordenando como un crucigrama que se llena lentamente. Habían estado divertidas y algo achispadas por el vino después de la comida, pasando del terrorismo a las películas y a los chismes sociales, cuando, de pronto, Chabela miró el reloj y se puso de pie de un salto, pálida: «¡El toque de queda! ¡Dios mío, ya no me da tiempo a llegar a La Rinconada! Cómo se nos ha pasado la hora». Marisa insistió para que se quedara a dormir con ella. No habría problema, Quique había partido a Arequipa por el directorio de mañana temprano en la cervecería, eran dueñas  departamento del Golf. Chabela llamó a su marido. Luciano, siempre tan comprensivo, dijo que no había inconveniente, él se encargaría de que las dos niñas salieran puntualmente a tomar el ómnibus del colegio. Que Chabela se quedara nomás donde Marisa, eso era preferible a ser detenida por una patrulla si infringía el toque de queda. Maldito toque de queda. Pero, claro, el terrorismo era peor.

Chabela se quedó a dormir y, ahora, Marisa sentía la planta de su pie sobre su empeine derecho: una leve presión, una sensación suave, tibia, delicada. ¿Cómo había ocurrido que estuvieran tan cerca una de la otra en esa cama matrimonial tan grande que, al verla, Chabela bromeó: «Pero, vamos a ver, Marisita, me quieres decir cuántas personas duermen en esta cama gigante»? Recordó que ambas se habían acostado en sus respectivas esquinas, separadas lo menos por medio metro de distancia. ¿Cuál de ellas se había deslizado tanto en el sueño para que el pie de Chabela estuviera ahora posado sobre su empeine?

No se atrevía a moverse. Aguantaba la respiración para no despertar a su amiga, no fuera que retirara el pie y desapareciera aquella sensación tan grata que, desde su empeine, se expandía por el resto de su cuerpo y la tenía tensa y concentrada.

Poquito a poco fue divisando, en las tinieblas del dormitorio, algunas ranuras de luz en las persianas, la sombra de la cómoda, la puerta del vestidor, la del baño, los rectángulos de los cuadros de las paredes, el desierto con la serpiente-mujer de Tilsa, la cámara con el tótem de Szyszlo, la lámpara de pie, la escultura de Berrocal. Cerró los ojos y escuchó: muy débil pero acompasada, ésa era la respiración de Chabela.

Estaba dormida, acaso soñando, y era ella entonces, sin duda, la que se había acercado en el sueño al cuerpo de su amiga.

Sorprendida, avergonzada, preguntándose de nuevo si estaba despierta o soñando, Marisa tomó por fin conciencia de lo que su cuerpo ya sabía: estaba excitada. Aquella delicada planta del pie calentando su empeine le había encendido la piel y los sentidos y, seguro, si deslizaba una de sus manos por su entrepierna la encontraría mojadita. «¿Te has vuelto loca?», se dijo. «¿Excitarte con una mujer? ¿De cuándo acá, Marisita?». Se había excitado a solas muchas veces, por supuesto, y se había masturbado también alguna vez frotándose una almohada entre las piernas, pero siempre pensando en hombres. Que ella recordara, con una mujer ¡jamás de los jamases! Sin embargo, ahora lo estaba, temblando de pies a cabeza y con unas ganas locas de que no sólo sus pies se tocaran sino también sus cuerpos y sintiera, como aquel empeine, por todas partes la cercanía y la tibieza de su amiga.

Moviéndose ligerísimamente, con el corazón muy agitado, simulando una respiración que se pareciera a la del sueño, se ladeó algo, de modo que, aunque no la tocara, advirtió que ahora sí estaba apenas a milímetros de la espalda, las nalgas y las piernas de Chabela. Escuchaba mejor su respiración y creía sentir un vaho recóndito que emanaba de ese cuerpo tan próximo, llegaba hasta ella y la envolvía. A pesar de sí misma, como si no se diera cuenta de lo que hacía, movió lentísimamente la mano derecha y la posó sobre el muslo de su amiga. «Bendito toque de queda», pensó.

Sintió que su corazón se aceleraba: Chabela se iba a despertar, iba a retirarle la mano:

«Aléjate, no me toques, ¿te has vuelto loca?, qué te pasa». Pero Chabela no se movía y parecía siempre sumida en un profundo sueño. La sintió inhalar, exhalar, tuvo la impresión de que aquel aire venía hacia ella, le entraba por las narices y la boca y le caldeaba las entrañas. Por momentos, en medio de su excitación, qué absurdo, pensaba en el toque de queda, los apagones, los secuestros —sobre todo el de Cachito — y las bombas de los terroristas. ¡Qué país, qué país!…

Título: Cinco esquinas (PDF-EPUB)
Autores: Mario Vargas Llosa
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.4 MB
Formato: PDF-EPUB

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