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Catherine Fisher – Incarceron (PDF)

Catherine Fisher – Incarceron (PDF)

Catherine Fisher - Incarceron (PDF)

Catherine Fisher – Incarceron (PDF)

 Introduccion del Libro Catherine Fisher – Incarceron (PDF)

Incarceron es una prisión futurista de muros invisibles donde los descendientes de los prisioneros originales viven en un oscuro mundo lleno de peleas y salvajismo, en una terrible mezcla de alta tecnología ―la‖ propia‖ prisión‖ es‖ un‖ ser‖ vigilante‖ y‖ vengativo―,‖con‖una‖típica‖sala‖de‖tortura‖ medieval, donde las cadenas, grilletes y laberintos son habituales, Finn, un joven prisionero, tiene flash backs sobre una vida anterior mientras se niega a creer que allí es donde nació y donde siempre ha vivido.

En el mundo exterior, Claudia, hija del Guardián de Incarceron, también‖vive‖encerrada‖de‖otra‖manera,‖―un‖ mundo futurista construido de manera hermosa para parecer una era pasada y un matrimonio inminente al que le teme. Ella no sabe nada de Incarceron, excepto que existe. Pero entonces, Finn, dentro de Incarceron, y Claudia, afuera, encuentran simultáneamente un instrumento‖―una‖Llave‖de‖cristal,‖a‖través‖de‖la‖cual‖pueden‖hablar‖el‖ uno con el otro. Y así nace el plan de escape de Finn…

Prólogo

Finn había sido golpeado en el rostro y encadenado a las losas de piedra del pasillo. Sus brazos, abiertos a lo ancho, estaban ponderados con cadenas tan pesadas, que él con suerte podía quitar sus muñecas de la tierra. Sus tobillos estaban enredados en una reptante masa de metal, unidos mediante un anillo al pavimento. Él no podía levantar el pecho para conseguir suficiente aire. Yacía exhausto, la frialdad de la piedra contra su mejilla. Pero la Civicry estaba viniendo al menos.

Él los sintió antes de escucharlos; vibraciones en la tierra, comenzando de a poco y creciendo hasta que temblaban en sus dientes y nervios. Luego, sonidos en la oscuridad, el resonar de camiones migrantes, el lento sonido metálico hueco de las llantas. Arrastrando su cabeza alrededor, se quitó el cabello sucio de los ojos y vio como surcos paralelos en el piso se extendían directo bajo su cuerpo. Él estaba encadenado directamente a través de las vías.

El sudor peinaba su frente. Apretando las congeladas cadenas con un guante, él remolcó su pecho hacia arriba y jadeo en un respiro. El aire era acre y olía a aceite.

No había sentido en gritar aún. Estaban demasiado lejos y no lo escucharían por sobre el clamor de las ruedas hasta que estuvieran completamente en el vasto pasillo. Él tenía que calcularlo exactamente. Demasiado tarde, y los camiones no podrían ser detenidos, y él seria atropellado. Desesperadamente, trató de evitar el otro pensamiento. Que ellos pudieran verlo y oírlo y que no les importara.

Luces.

Pequeñas, tambaleantes luces de mano. Concentrándose, él contó nueve, once, doce; luego las contó de nuevo para tener un número que era firme, que se sostendría en contra de la nausea ahogando su garganta.

Refregando su rostro contra la destruida manga por algo de comodidad pensó en Keiro, su sonrisa, el último pequeño golpe de burla mientras revisaba la cerradura y retrocedía en la oscuridad. Él susurró el nombre, un susurro amargo:

―Keiro.

Vastos pasillos y galerías se lo tragaron. La niebla colgaba en el aire metálico. Los camiones hacían sonidos metálicos y gemían.

Él podía ver gente ahora, caminando. Emergían de la oscuridad tan aislados contra el frío, que era difícil saber si era niños o viejas mujeres dobladas. Probablemente niños —los viejos, si es que había alguno, viajarían en los tranvías con los bienes.

Una bandera harapienta blanca y negra cubría el camión principal; él podía ver su diseño, un ave heráldica con un perno de plata en su pico.

―¡Paren!‖―él‖gritó―.‖¡Miren!‖¡Aquí‖abajo!

La molienda de la maquinaria temblaba en el piso. Gemía en sus huesos. Él apretó las manos mientras el peso puro y el ímpetu de los camiones se acercaban a él, el aroma del sudor de las masivas hordas de hombres empujándolos, el traqueteo y deslizar de los bienes apilados. Él esperó, forzando al terror a retraerse, segundo a segundo probando sus nervios contra la muerte, sin respirar, no permitiéndose a sí mismo quebrarse, porque él era Finn, el Vidente de Estrellas, él podía hacer esto.

Hasta que de quien sabe dónde, el pánico hizo erupción mientras él se elevaba a sí mismo y gritaba:

―¡Me‖escucharon!‖¡Deténganse!‖¿Deténganse?

Ellos se acercaron.

El sonido era insoportable. Ahora él aullaba, pateaba y se debatía, porque el terrible momento de los camiones cargados pasaría sin detenerse, se cerniría sobre él, lo oscurecería, aplastando sus huesos y cuerpo en una lenta e inevitable agonía.

Hasta que recordó la linterna.

Era pequeña pero aun la tenia. Keiro se había asegurado de eso. Tirando del peso de la cadena, él se giró y metió su mano dentro de su abrigo, los músculos de las muñecas retorciéndose en espasmos. Sus delos se deslizaron por el delgado tubo frio.

La luz se transmitió.

Él estaba jadeando aliviado, pero los camiones continuaron avanzando.

Seguramente la Civicry lo podía ver. ¡Ellos deberían ser capaces de verlo!

La linterna era una estrella en la inmensa y ruidosa oscuridad del pasillo, y en ese momento, entre todas sus estrellas y las galerías y las miles de cámaras laberínticas, él supo que Incarceron había percibido su peligro, y el crujido de los camiones era su cruel diversión, que la Prisión lo miraba y no interferiría.

―¡Sé‖que‖puedes‖verme!‖―él‖gritó…

Título: Incarceron (PDF)
Autores: Catherine Fisher
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.5 MB
Formato:PDF

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Catherine Fisher - Incarceron (PDF)  Introduccion del Libro Catherine Fisher - Incarceron (PDF) Incarceron es una prisión futurista de muros invisibles donde los descendientes de los prisioneros originales viven en un oscuro mundo lleno de peleas y salvajismo, en una terrible mezcla de alta tecnología ―la‖ propia‖ prisión‖ es‖ un‖ ser‖ vigilante‖ y‖ vengativo―,‖con‖una‖típica‖sala‖de‖tortura‖ medieval, donde las cadenas, grilletes y laberintos son habituales, Finn, un joven prisionero, tiene flash backs sobre una vida anterior mientras se niega a creer que allí es donde nació y donde siempre ha vivido. En el…

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