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Cassandra Clare – La Reina Fugitiva (PDF)

Cassandra Clare – La Reina Fugitiva (PDF)

Cassandra Clare - La Reina Fugitiva (PDF)

Cassandra Clare – La Reina Fugitiva (PDF)

Introduccion del Libro Cassandra Clare – La Reina Fugitiva (PDF)

Había un aroma en París en las mañanas de verano que Magnus disfrutaba. Esto era sorprendente, porque las mañanas de verano en París olían a queso expuesto al sol todo el día, y a pescado, las partes menos deseables de los pescados. Olía a personas y a todas las cosas que las personas producían -eso no se refiere a arte o a cultura, si no a las cosas desagradables en cubos que eran aventadas por las ventanas-. Estos eran interrumpidos por otros olores, y los olores cambiaban rápidamente de calle en calle, o de edificio a edificio. El aroma embriagador de una pastelería podría estar seguido por un inesperado fuerte olor a gardenias en un jardín, lo cual daba paso al desagradable olor a hierro de un matadero. París no estaba si no viva, con el Sena bombeando como una grandiosa arteria, a las calles más anchas, estrechándose en los callejones más pequeños… y cada pulgada de ello tenía olor.

Olía todo a vida, la vida en cada forma y condición.

Los olores hoy, sin embargo, eran un poco fuertes. Magnus estaba tomando una ruta desconocida, una que lo llevo por un camino tosco de París. El camino aquí no estaba tan plano. Estaba brutalmente caliente en el interior de su carruaje mientras iba saltando a lo largo del camino.

Magnus había animado a uno de sus magníficos abanicos, y le aleteaba inefectivo, apenas moviendo la brisa. Estaba, si era completamente honesto consigo mismo -y no lo quería ser-, algo acalorado para su nuevo y colorido abrigo rayado de azul y rosa, hecho de satín y tafetán, y el chaleco de seda bordado con una escena de pájaros y querubines. El cuello de pajarita, la peluca, los pantalones, y los maravillosos guantes nuevos del más delicado amarillo limón… todo era un poco cálido.

Aún así. Si uno puede verse así de fabuloso, entonces se tenía la obligación de que fuera así. Uno debía de usarlo todo, o no debía de usar nada entonces.

Se acomodó en su asiento y aceptó el sudor orgulloso, aliviado de que viviera bajo sus principios, principios que eran muy bien recibidos en París. En París las personas siempre estaban a la última moda.

Sombreros que llegaban hasta el techo y que tenían botes en miniatura; las sedas chillonas, pintura blanca, mejillas sonrojadas en las mujeres y hombres; las manchas decorativas de belleza; la sastrería; los colores…

En París uno podía tener los ojos de un gato —como los suyos— y decirle a las personas que era un truco de moda.

En un mundo como este, había mucho trabajo para un brujo emprendedor. La aristocracia amaba un poco de magia y estaban dispuestos a pagar por ella. Pagaban por suerte en la mesa de juego. Le pagaban para hacer a los monos hablar, para hacer a los pájaros cantar sus piezas favoritas de ópera, para hacer que sus diamantes brillaran de diferentes colores. Querían que corazones, copas de champán, y estrellas aparecieran espontáneamente en sus mejillas. Querían deslumbrar a sus invitados con fuego saliendo de las fuentes, y divertir a esos mismos invitados teniendo sus divanes correteando por la habitación. Y sus listas de peticiones para la habitación… bueno, él tomaba notas cuidadosas en eso. No eran si no imaginativas.

En resumen, las personas de París y el pueblo real vecino de Versalles eran las personas más decadentes que Magnus había conocido, y por esto los veneraba profundamente…

Título: La Reina Fugitiva (PDF)
Autores: Maureen Johnson
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 636 KB
Formato: PDF

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Cassandra Clare - La Reina Fugitiva (PDF) Introduccion del Libro Cassandra Clare - La Reina Fugitiva (PDF) Había un aroma en París en las mañanas de verano que Magnus disfrutaba. Esto era sorprendente, porque las mañanas de verano en París olían a queso expuesto al sol todo el día, y a pescado, las partes menos deseables de los pescados. Olía a personas y a todas las cosas que las personas producían -eso no se refiere a arte o a cultura, si no a las cosas desagradables en cubos que…

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