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Cassandra Clare – Ciudad De Las Almas Perdidas (PDF-EPUB)

Cassandra Clare – Ciudad De Las Almas Perdidas (PDF-EPUB)

Cassandra Clare - Ciudad De Las Almas Perdidas (PDF-EPUB)

Cassandra Clare – Ciudad De Las Almas Perdidas (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Cassandra Clare – Ciudad De Las Almas Perdidas (PDF-EPUB)

Jace es ahora un sirviente del mal, vinculado a Sebastian, el verdadero hermano de Clary, por toda la eternidad. Sólo un pequeño grupo de Cazadores de Sombras cree posible su salvación. Para lograrla, deben desafiar al Cónclave, y deben actuar sin Clary. Porque Clary está jugando a un juego muy peligroso por su propia cuenta. Si pierde, el precio que deberá pagar no consiste tan solo en entregar su vida, sino también el alma de Jace.

Clary está dispuesta a hacer lo que sea por Jace, pero ¿puede seguir confiando en él? ¿O lo ha perdido para siempre? Y, de seguir confiando en él, ¿es el precio a pagar demasiado alto, incluso para el amor? ¿será que el vinculo de sangre de Clary y Sebastian es más fuerte? que puede más con el amor hacia Jace.

Prólogo

Simon se levantó y se quedó aturdido en la puerta de su casa.

Nunca había conocido otro hogar. Era la casa a la que sus padres lo habían llevado cuando nació. Había crecido dentro de aquellas paredes adosadas de Brooklyn. Había jugado en la calle bajo la frondosa sombra de los árboles en verano, y había hecho los trineos improvisados con las tapas de la basura en invierno. En aquella casa toda su familia se había sentado por shivá1 después de que su padre muriera. Aquí había besado a Clary por primera vez.

Nunca había imaginado que un día la puerta de aquella casa se cerraría para él. La última vez que había visto a su madre, ella lo había llamado monstruo y había rezado para que él se marchara. Él le había hecho olvidar que era un vampiro con un glamour, pero no sabía cuánto tiempo duraría el glamour. Mientras miraba fijamente delante de él, de pie en el aire frío de otoño, supo que no había durado lo suficiente.

La puerta estaba cubierta de símbolos: estrellas de David salpicadas en la pintura, la forma tallada de un símbolo chai que representaba la vida. Había tefilín2 atado a la perilla de la puerta. Una jamsa3, la Mano de Dios, cubría la mirilla.

Aturdido, puso su mano sobre la mezuzá de metal que había al lado derecho de la puerta. Vio como el humo se eleva desde el lugar en donde su mano tocaba el símbolo sagrado, pero no sentía nada. No había dolor, sólo una blancura terrible y vacía aumentando poco a poco en una rabia fría.

Pateó la parte inferior de la puerta y escuchó el eco por toda la casa.

―¡Mamá! ―gritó―. Mamá, ¡soy yo!

No hubo respuesta, sólo el sonido de los cerrojos de la puerta. Su oído desarrollado había reconocido los pasos de su madre, su respiración, pero no dijo nada. Podía oler el miedo y el pánico incluso a través de la madera.

―¡Mamá! ―Su voz se quebró―. Mamá, ¡esto es ridículo! ¡Déjame entrar! ¡Soy yo, Simon!

―¡Fuera! ―Su voz era áspera, irreconocible por el terror―. ¡Asesino!

―Yo no mato gente. ―Simon apoyó la cabeza contra la puerta. Sabía que probablemente podría derribarla, pero ¿sería capaz de hacerlo?―. Te lo dije, bebo sangre de animales.

La oyó susurrar en voz baja, varias palabras en hebreo.

―Has matado a mi hijo ―dijo―. Lo has matado y pusiste un monstruo en su lugar.

―Yo soy tu hijo…

―Usas su cara y hablas con su voz, ¡pero no eres él! ¡No eres Simon! ―Su voz se elevó a casi un grito―. Aléjate de mi casa antes de que te mate, ¡monstruo!

―Beck ―dijo. Su rostro estaba mojado, levantó las manos para tocarlo, y quedaron manchadas: sus lágrimas eran de sangre―. ¿Qué es lo que dijo Becky?

―Mantente alejado de tu hermana. ―Simon escuchó un estruendo dentro de la casa, como si hubieran derribado algo.

―Mamá ―dijo de nuevo, pero esta vez su voz no se elevó, salió como un susurro ronco. Su mano había comenzado a palpitar―. Tengo que saber cómo está Becky mamá, abre la puerta. Por favor…

―¡Mantente alejado de Becky! ―Se estaba alejando de la puerta, podía oírlo. Luego llegó el sonido inconfundible de la puerta de la cocina al abrirse, el crujido del linóleo, mientras caminaba sobre él. El sonido de un cajón que se abría. De repente, se imaginó a su madre agarrando uno de los cuchillos.

Antes de que te mate, monstruo.

La idea le hizo retroceder. Si ella lo atacaba, la marca se activaría. La destruiría, como había destruido a Lilith.

Bajó la mano y retrocedió lentamente, tropezando por las escaleras hacia la acera, apoyándose contra el tronco de uno de los grandes árboles que daban sombra a la manzana. Se quedó donde estaba, mirando la puerta de su casa, marcada y desfigurada con los símbolos de odio de su madre hacia él.

No, se recordó. Ella no lo odiaba, sino que creía que estaba muerto. Lo que odiaba era algo que no existía. No soy lo que ella dice que soy.

No sabía cuánto tiempo se hubiera quedado allí mirando, si su teléfono no hubiera comenzado a vibrar en el bolsillo de su chaqueta.

Alargó la mano reflexivamente, dándose cuenta de que el patrón de las estrellas de David que le habían quemado estaba marcado en la palma de su mano. Cambió de mano para poder poner el teléfono en su oído.

―¿Hola?

―¿Simon? ―Era Clary. Se escuchaba sin aliento―. ¿Dónde estás?

―En casa ―dijo e hizo una pausa―. La casa de mi madre ―se corrigió. Su voz sonaba hueca y distante a sus propios oídos―. ¿Por qué no estás en el Instituto? ¿Están todos bien?

―De eso se trata ―dijo―. Después de que te marchaste, Maryse volvió de la azotea, donde se suponía que esperaba Jace. No había nadie allí.

Simon se movió, sin darse cuenta de lo que estaba haciendo, y como un muñeco mecánico comenzó a caminar por la calle, hacia la estación de metro.

―¿Qué quieres decir?, ¿cómo que no había nadie allí?

―Jace se ha ido ―dijo ella, podía oír la tensión en su voz―. Y también Sebastian.

Simon se detuvo a la sombra de un árbol de ramas desnudas.

―Pero él estaba muerto… Está muerto, Clary…

―Entonces dime por qué su cuerpo no está allí, porque no está ―dijo, y su voz por fin se quebró―. No hay nada allí, sólo una gran cantidad de sangre y vidrios rotos. Los dos se han ido, Simon. Jace se ha ido….

Título: Ciudad De Las Almas Perdidas (PDF-EPUB)
Autores: Cassandra Clare
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 4.0 MB
Formato: PDF

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Cassandra Clare - Ciudad De Las Almas Perdidas (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Cassandra Clare - Ciudad De Las Almas Perdidas (PDF-EPUB) Jace es ahora un sirviente del mal, vinculado a Sebastian, el verdadero hermano de Clary, por toda la eternidad. Sólo un pequeño grupo de Cazadores de Sombras cree posible su salvación. Para lograrla, deben desafiar al Cónclave, y deben actuar sin Clary. Porque Clary está jugando a un juego muy peligroso por su propia cuenta. Si pierde, el precio que deberá pagar no consiste tan solo…

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