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Camilo Jose Cela – Pabellon de reposo (PDF) Gratis

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Introduccion del Libro Camilo Jose Cela – Pabellon de reposo (PDF) Gratis

Esta novela es el inmediato producto de una amarga y aleccionadora experiencia personal; no me explico cómo algo tan evidente pudo dar pábulo al rumor, actitud que requiere, al menos, de un cierto velo de misterio cayendo sobre las cosas. En la gestación de este libro mío no hubo misterio alguno y así lo declaré, paladinamente y sin ambages ni circunloquios, en la «Nota a la segunda edición». No es mía la culpa de que la gente hable y hable sin conocer de lo que habla. Decía Ortega, refiriéndose a la postura del español ante sus escritores, que los que escribimos somos mucho más conocidos —mal conocidos, podría añadir yo aquí— que leídos, y más leídos que entendidos y estimados. En España suele interesar más la anécdota del escritor, cierta o falsa, que su obra literaria, y, en este rumbo, todos nuestros esfuerzos por ser escuchados en lo que queremos decir resultan tan vanos como rendidores. El escritor, en España, es admitido no como tal escritor —y precisamente por lo que escriba— sino a título pintoresco y decorativo; de esta situación tiene no poca culpa el propio escritor que, con harta frecuencia y enseñando la oreja del gozquecillo mendigo, se presta al juego a cambio de lo que caiga. El día que el escritor español se dé cuenta de cuál debe ser su función social y cuáles sus deberes y sus derechos, sus dignidades y sus inabdicables desprecios, es posible que las tornas viren y pueda recoger el fruto de su sabiduría o, al menos, la flor de su heroísmo; y no se me hable de las excepciones de todos conocidas ya que ni una mosca, ni diez, hacen verano. Mientras aquello acontece, no queda más remedio que tener paciencia y barajar; en todo caso, siempre resulta saludable el recuerdo de Horacio: la paciencia hace más llevadero lo que no tiene remedio.

Sin embargo, no es culpa de los escritores —o, al menos, tan sólo de los escritores— el que las cosas sucedan como es costumbre que vengan sucediendo (aunque los escritores, con frecuencia, no estén a la altura de las circunstancias) ya que para que esas cosas pudieran suceder al revés —¡y con qué resignada ingenuidad, con qué tesón!— los escritores que procuran lastrar el oficio de un sedimento moral, que tampoco faltan, no escatiman absolutamente nada. Pero en España no basta con que los escritores digamos las cosas una vez porque lo que decimos, por lo común, suele interesar muy poco y pronto es olvidado. A lo mejor tiene razón Gide cuando afirma que todo está dicho pero, como nadie escucha, siempre es necesario empezar de nuevo continuamente.

Esta novela mía tiene mucho —y aún más que mucho— de experiencia propia y no poco de anécdota (quizás fuera mejor decir: situación) imaginada. La vieja norma de partir de la realidad para llegar a la literatura —ese reflejo artístico de la realidad— la he seguido aquí puntualmente. Yo estuve dos veces en un sanatorio antituberculoso: la primera en el Real Sanatorio de Guadarrama, que dirigía el Dr. Partearroyo, en el 1931, teniendo quince años, y la segunda en el Nuevo Sanatorio de Hoyo de Manzanares, que dirigía el Dr. Valdés Lambea, el 1942, teniendo veintiséis años. Entonces no existían las modernas drogas milagrosas que hoy hay, pero se conoce que aquellas estancias debieron hacerme bastante bien ya que, a pesar de ello, en el 1946 emprendí mi prime caminata, la de la Alcarria, que no sólo no me dejó en la cuneta sino que me sentó como un baño de agua de rosas.

El pabellón de reposo donde centro la acción de mi novela no es ninguno de los dos sanatorios en los que estuve y también, en cierto sentido, tiene no poco de ambos. Los tipos están literaturizados —esto es: aguados— porque me pareció excesivo llevar a la página escrita la ruindad, la vileza y la violencia de las que mis atónitos ojos de entonces fueron testigo. No me arrepiento de haber sido clemente porque pienso que la vida, al lado de la abyección, siempre sabe dar cabida a la misericordia.

El texto de Pabellón de reposo lo fui escribiendo a medida que se iba necesitando en el semanario El Español, en cuyas páginas lo publiqué en folletón. Lo comencé en Madrid, a fines de febrero de 1943, y lo rematé en Las Navas, a mediados de julio del mismo año. No es una novela difícil ni de técnica complicada y me fue posible irla sacando adelante semana a semana y sin mayores agobios. En Las Navas vivía en la fonda La Florida, cuya dueña, la señora Magdalena, era una mujeruca pulcra y bien dispuesta que me cuidaba con cariño y me daba de comer opíparamente, a pesar de que, para hacerle una demostración de mis juveniles facultades, le hipnotizaba gallinas que después —¡quién sabe si del susto!— no volvían a poner huevos en una larga temporada; de la señora Magdalena guardo un amable y agradecido recuerdo. Su hijo, Félix (ella decía el Féliz), se hizo muy amigo mío y juntos solíamos dedicarnos al noble y emocionante deporte de perseguir gatos por los tejados, que después echábamos en un saco para soltárselos en su habitación a Víctor Ruiz Iriarte, que había ido a hacerme una visita. Por qué me dio la idea de inundarle la alcoba de gatos a mi amigo, es cosa que aún no sé.

Esta mi novela —siguiendo la norma que me tracé al preparar la presente edición— no está, en su vestidura de hoy, en absoluto cambiada, ni aun arreglada, sino tan sólo expurgada de las inevitables impurezas con las que el tiempo se entretuvo en mancharla. Por fortuna, mis páginas han perdido actualidad —o, al menos, dramatismo— y como consecuencia, acritud, y la siniestra y chirriante carretilla ya no se emplea para transportar, entre las dos luces del crepúsculo, su dulce carga de adolescentes muertos, su áspero flete de hombres y de mujeres muertos con el mar saltándoles, en su disparatada cabriola, por los recovecos, llenos de hollín, de los pulmones.

Título: Pabellon de reposo (PDF) Gratis
Autores: Camilo Jose Cela
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.0 MB
Formato: PDF

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Camilo Jose Cela – Pabellon de reposo (PDF) Gratis Introduccion del Libro Camilo Jose Cela – Pabellon de reposo (PDF) Gratis Esta novela es el inmediato producto de una amarga y aleccionadora experiencia personal; no me explico cómo algo tan evidente pudo dar pábulo al rumor, actitud que requiere, al menos, de un cierto velo de misterio cayendo sobre las cosas. En la gestación de este libro mío no hubo misterio alguno y así lo declaré, paladinamente y sin ambages ni circunloquios, en la «Nota a la…

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