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Brian Freeman – Ruinas (PDF-EPUB)

Brian Freeman – Ruinas (PDF-EPUB)

Brian Freeman - Ruinas (PDF-EPUB)

Brian Freeman – Ruinas (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Brian Freeman – Ruinas (PDF-EPUB)

El hermano Tomastic pasó cojeando, nervioso, junto a la gran torre que custodiaba el ala norte de la abadía de Lesarbres. De vez en cuando alzaba la vista hacia la vasta silueta que se erigía sobre él, aunque sólo reparaba en su pálido perfil y no en los intrincados colores de las vidrieras de sus ventanas. En unos minutos, cuando la media luna se alzara lo suficiente sobre los árboles, los muros y ventanas volverían a la vida en una mezcla de luces y sombras. Ya sería demasiado tarde para Tomastic.

Para entonces, habría encontrado la muerte en una u otra de sus formas.

La noche era terriblemente calurosa. Ni siquiera la hora tardía y los altos árboles que rodeaban la abadía ofrecían protección. Tomastic se ahogaba en el aire inmóvil de julio. Bajo el hábito, se había arañado la piel hasta descarnarla y los sarpullidos cubrían la mayor parte de su cuerpo. A cada movimiento, la pesada tela rozaba sus heridas y le hacía daño. Se los llamaba «monjes blancos» por la lana de oveja sin teñir que utilizaban para sus hábitos. Tomastic sabía que la ropa blanca llamaba la atención incluso en medio de la oscuridad de los jardines. Se sentía como un fantasma que merodeara por los desolados muros de su abadía. Se preguntó si alguien estaría observándolo.

Tomastic tenía hambre. Era culpa suya, pues la ansiedad por la noche que se acercaba le había quitado el apetito. Ni siquiera el estofado de muslo de cordero del hermano William, uno de sus pocos amigos entre los hermanos legos, había logrado calmarle los nervios. William se había sentido herido, pero esa noche Tomastic no había tenido paciencia para consolarlo. En lugar de eso, se había dirigido a los aposentos de los monjes y había fingido dormir, mientras los otros hermanos caían en sus sueños inquietos. Ahora no resultaba fácil conciliar el sueño en la abadía de Lesarbres. Para Tomastic, aquella noche, tal posibilidad no tenía cabía. Mientras caía la oscuridad, abandonó los aposentos y empezó su vigilia por los campos vacíos.

Vagar solo por allí era una estupidez, lo sabía. Tomastic ni siquiera llevaba su cuchillo consigo. Todos los monjes tenían uno, para protegerse de ladrones y asesinos que en ocasiones salían arrastrándose del bosque para robar las exiguas riquezas de la abadía. Días atrás alguien le había robado el suyo, así que estaba indefenso si había algún salteador espiándolo desde los senderos. Aun así, el monje apenas pensaba en los peligros procedentes del exterior de la abadía. Un mal mucho mayor acechaba en el interior de sus muros y, si sus conclusiones eran acertadas, esa noche volvería a atacar. Esperaba poder prevenirlo, pero en aquellos momentos Tomastic no se sentía capaz de tal tarea. Se veía diminuto ante las paredes del edificio. El escozor de las ampollas y el dolor en la pierna izquierda (una pulgada más corta que la derecha) habían empeorado, por lo que aquella noche le parecía más probable convertirse en víctima que en un héroe.

«Trrrrrrrrrrrrrrrrrrippppp».

Dio un respingo ante el ruido repentino procedente de los árboles. Sólo era un mirlo que se reía de él. Oyó el crujido de las hojas cuando el pájaro se echó a volar, aún con su risa socarrona. Tomastic permaneció como petrificado hasta que las ramas dejaron de moverse y volvió a reinar el silencio. Sintió los latidos de su corazón.

Dejó atrás la torre del transepto norte y se pegó a las sombras del muro hasta que llegó al extremo más occidental de la abadía. Más allá quedaban los jardines y luego los senderos que se internaban entre los árboles.

Justo detrás de él estaba la gigantesca puerta de roble por la que se accedía a la iglesia. Tomastic se sirvió de ambas manos para abrirla. Se adentró en lo que parecía una oscuridad aún más densa. Permaneció inmóvil durante casi dos minutos, mientras dejaba que poco a poco sus ojos se acostumbraran a la negrura de la nave, hasta que fue capaz de distinguir el perfil de las formas.

Título: Ruinas (PDF-EPUB)
Autores: Brian Freeman
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 615 KB
Formato: PDF-EPUB

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Brian Freeman - Ruinas (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Brian Freeman - Ruinas (PDF-EPUB) El hermano Tomastic pasó cojeando, nervioso, junto a la gran torre que custodiaba el ala norte de la abadía de Lesarbres. De vez en cuando alzaba la vista hacia la vasta silueta que se erigía sobre él, aunque sólo reparaba en su pálido perfil y no en los intrincados colores de las vidrieras de sus ventanas. En unos minutos, cuando la media luna se alzara lo suficiente sobre los árboles, los muros y ventanas volverían a la vida…

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