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Brian Freeman – La muerte roja (PDF-EPUB)

Brian Freeman – La muerte roja (PDF-EPUB)

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Brian Freeman – La muerte roja (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Brian Freeman – La muerte roja (PDF-EPUB)

Mientras Alison Malville soñaba, hormigas negras desfilaban sobre su cuerpo.

Como un ejército de invasores íntimos, ellas buscaban los pliegues fruncidos alrededor de los botones de su camisón y marchaban en tropel por la seda hasta llegar a su piel húmeda. Desde su almohada, trepaban por el espeso bosque de su cabello rojo, se colgaban en sus pestañas y exploraban los orificios de su cara. Las probó en la lengua. Las inhalaba y exhalaba con la nariz. Las ahogaba con sus lágrimas cuando lloraba. Incapaz de moverse, gritaba en silencio mientras cientos de hormigas montaban en sus pies, sus muslos, su torso y su cuello, violando los resquicios entre sus miembros.

«Levántate», le ordenó su cerebro.

«¡Levántate!».

Alison se sentó con rapidez en la cama. Estaba despierta, pero aún podía sentir las hormigas arrastrándose por su cuerpo. Se liberó de su ropa, haciendo saltar los botones al desnudarse. Salió dificultosamente de entre las sábanas enredadas y se lanzó hacia la pared, frotando y golpeando su piel como si pudiera matarlas.

Finalmente, agotada y entre sollozos, con el pecho martilleándole, se desplomó en el suelo y se abrazó las rodillas.

Otra vez. Había pasado otra vez.

Ahora soñaba con las hormigas casi cada noche. Cuando cerraba los ojos, allí estaban ellas, esperando para deslizarse a través de las ventanas. Desde sus sueños, habían incluso empezado a invadir su vida real. No podía escapar de ellas.

Dondequiera que fuese en la casa, las oía agolpándose en el techo, vigilándola como espías.

Alison sabía lo que le estaba pasando. Al fin y al cabo, no tenía que ver con las hormigas. Tenía que ver con su marido. La estaba volviendo loca.

Mientras estaba sentada en el suelo, miró el reloj que brillaba en su mesita de noche. Eran las seis. No entraba luz a través de las cortinas, pero pronto amanecería y ya llegaba tarde. No lo había logrado. Había decidido quedarse despierta… para escuchar, para ver qué hacía Michael, pero en algún momento después de la medianoche se le habían cerrado los ojos a pesar de las tres tazas de té con cafeína.

Había tenido un sueño pesado.

Las hormigas habían vuelto.

Alison se puso en pie de un salto. Tenía la piel de gallina. Descolgó una bata de la percha de la parte trasera de la puerta del armario, deslizó sus brazos dentro de las mangas y se la ató a la cintura. Quitó la silla que había apoyada en el pomo de la puerta, bloqueando la salida del dormitorio, y miró escaleras abajo hacia la entrada, que estaba a oscuras y en calma.

Olió algo raro en el aire viciado y caliente que soplaba a través de los conductos de la calefacción. Era el aroma de un perfume. El suyo.

Primero fue a ver a Evan. Su hijo de diez años dormía en una habitación abarrotada con pósteres de monstruos colgados con chinchetas en las paredes. Estaba obsesionado con las películas antiguas de Frankenstein. Vampiros. Hombres lobo. A diferencia de su madre, Evan no tenía miedo a nada, era inmune a las pesadillas. Lo encontró sobre las mantas, con sus miembros delgados extendidos, la boca abierta y la desordenada mata de pelo castaño tapándole los ojos. Pasó entre el campo de minas de juguetes que cubría la alfombra y acarició su mejilla con el dorso de la mano.

Evan susurró pero no se despertó.

Alison oyó algo detrás de ella. Se dio la vuelta con rapidez, pero no había nada.

Sólo hormigas…

Título: La muerte roja (PDF-EPUB)
Autores: Brian Freeman
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 609 KB
Formato: PDF-EPUB

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Brian Freeman - La muerte roja (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Brian Freeman - La muerte roja (PDF-EPUB) Mientras Alison Malville soñaba, hormigas negras desfilaban sobre su cuerpo. Como un ejército de invasores íntimos, ellas buscaban los pliegues fruncidos alrededor de los botones de su camisón y marchaban en tropel por la seda hasta llegar a su piel húmeda. Desde su almohada, trepaban por el espeso bosque de su cabello rojo, se colgaban en sus pestañas y exploraban los orificios de su cara. Las probó en la lengua. Las inhalaba…

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