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Baldomero Lillo – La Chascuda (PDF)

Baldomero Lillo – La Chascuda (PDF)

Baldomero Lillo - La Chascuda (PDF)

Baldomero Lillo – La Chascuda (PDF)

Introduccion del Libro Baldomero Lillo – La Chascuda (PDF)

La historia tal como nos la narró el hacendado es más o menos así: Hacía ya dos años que era juez de distrito en X, empezó nuestro amigo, cuando las hazañas de La Chascuda me obligaron a tomar cartas en el asunto para investigar lo que hubiese de verdad en los fabulosos cuentos que relataban los campesinos acerca del misterioso fantasma que traía aterrorizados a los caminantes que tenían precisión de pasar por la Angostura de la Patagua.

El primer mes pasaron de doce los viajeros que tuvieron que habérselas con él, y este número fue en aumento en el segundo y tercer mes hasta que, por fin, no hubo alma viviente que se atreviese a cruzar sin buena compañía por el sitio de la temerosa aparición.

Este estaba situado en la medianía de la carretera que va desde mi hacienda, Los Maitenes, hasta el pueblo de X.

Llamábasele la Angostura de la Patagua porque ahí el camino atravesaba una profunda zanja, cavada por las aguas lluvias al borde mismo de una hondísima quebrada en cuya ladera arraigaba una patagua gigantesca. Las ramas superiores cruzaban por encima de la carretera y cubrían el extremo inferior del foso. Aquel lugar, verdaderamente siniestro y solitario, era el que había elegido La Chascuda para sus apariciones nocturnas. Todos los que la habían visto estaban acordes en la descripción del fantasma y en los relatos que hacían de los detalles del encuentro. Referían que, al llegar a la zanja, un poco antes de pasar por debajo de las ramas de la patagua, el caballo deteníase de improviso, daba bufidos y trataba de encabritarse y que, cuando obligado por el látigo y la espuela descendía al foso, súbitamente se descolgaba del árbol, y caía sobre la grupa del animal, un monstruo espantable cuya vista producía en los jinetes tal terror, que la mayoría se desmayaba con el susto.

El cuerpo del fantasma, con brazos y piernas descomunales, estaba cubierto de un pelaje largo y rojizo. La mitad del rostro era de hombre y la otra mitad era mujer. Pero lo que caracterizaba a la aparición y le había dado el nombre que tenía era su peculiarísima cabellera dividida en dos partes desde la nuca hasta la frente. En el lado derecho que correspondía al rostro de hombre era blanca como la nieve y estaba alisada y peinada cuidadosamente. En cambio, en el lado izquierdo que correspondía al rostro de mujer era negra y enmarañada como chasca de potranca chúcara.

En cuanto el caballo sentía en las ancas aquello que parecía caer de las nubes, se tiraba de espaldas y se ponía a brincar y cocear hasta que el jinete rodaba por el suelo. Otras veces era La Chascuda misma la que lo cogía por el pescuezo y lo arrojaba de la montura.

Pasados el susto y el aturdimiento, el viajero se levantaba y seguía tras su espantada bestia, guiado por la luz de la luna, porque acontecía el hecho curioso de que La Chascuda no se presentaba jamás en las noches oscuras. Pero lo más extraño del caso es que los
sorprendidos por la aparición eran despojados de un modo misterioso de cuanto dinero u objeto de valor llevaban encima, como ser fajas de seda, frenos y espuelas de plata. ¿Era el fantasma el ladrón o algún caminante que aprovechándose de la pérdida del conocimiento de las víctimas los desvalijaba a mansalva?

Esta última suposición era contradicha por algunos de los robados, quienes aseguraban que mientras estaban tendidos en tierra, paralizados por el terror, sentían, sin que les quedara la menor duda, cómo las manos del fantasma les andaban en los bolsillos. Todos estaban también conformes en proclamar la prodigiosa fuerza de La Chascuda, que los tomaba por el cuello y los sacaba de la montura con una facilidad increíble. Muchos conservaban por algún tiempo, marcadas en la garganta, las huellas de las garras del monstruo. Mas, salvo alguna que otra contusión producida por la caída y la pérdida del portamonedas u otro objeto, los favorecidos por la aparición no tenían otra cosa que referir. Pero una mañana me despertaron a la salida del sol para imponerme de que había un muerto en la Angostura de la Patagua. Hice ensillar mi mejor caballo y me dirigí hacia allá acompañado de un grupo de huasos y del campesino que trajo la noticia, que era hermano del difunto…

Título: La Chascuda (PDF)
Autores: Baldomero Lillo
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 113 KB
Formato: PDF

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Baldomero Lillo - La Chascuda (PDF) Introduccion del Libro Baldomero Lillo - La Chascuda (PDF) La historia tal como nos la narró el hacendado es más o menos así: Hacía ya dos años que era juez de distrito en X, empezó nuestro amigo, cuando las hazañas de La Chascuda me obligaron a tomar cartas en el asunto para investigar lo que hubiese de verdad en los fabulosos cuentos que relataban los campesinos acerca del misterioso fantasma que traía aterrorizados a los caminantes que tenían precisión de pasar por la Angostura…

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