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Arthur C. Clarke – Preludio al Espacio (PDF-EPUB)

Arthur C. Clarke – Preludio al Espacio (PDF-EPUB)

Arthur C. Clarke - Preludio al Espacio (PDF-EPUB)

Arthur C. Clarke – Preludio al Espacio (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Arthur C. Clarke – Preludio al Espacio (PDF-EPUB)

En una longitud de cinco millas, recta como una flecha, la reluciente pista de metal se extendía sobre la faz del desierto en dirección al noroeste, a través del muerto corazón del continente y el océano que se extendía más allá. Sobre esta tierra, un día hogar de los aborígenes, se habían elevado muchas extrañas y rugientes formas durante la última generación. El mayor y más extraño de estos artefactos yacía ahora en el extremo de la pista de despegue, a lo largo de la cual tenía que remontarse hacia el cielo.

En el desierto de aquel valle, formado por dos bajas colinas, había crecido una pequeña ciudad. Era una ciudad construida con un propósito, un propósito que estaba centralizado en los grandes tanques de reserva de combustible y la central de energía, situados al extremo de la larga pista. Allí se habían reunido ingenieros y científicos de todos los países del mundo. Y allí, el «Prometheus», primera de todas las naves del espacio, había sido montada durante los tres últimos años.

El Prometeo de la leyenda había traído a la Tierra el fuego del cielo. El «Prometheus» del siglo XX tenía que devolver el fuego atómico al hogar de los dioses y probar que el hombre, por su propio esfuerzo, se había liberado por fin de las cadenas que lo había sujetado a este mundo durante un millón de años.

Nadie, al parecer, sabía quién había dado su nombre a la nave del espacio. En realidad, no se trataba de una sencilla nave, sino que consistía en dos máquinas separadas. Con una notable falta de imaginación, los constructores habían bautizado los dos componentes con los nombres de «Alfa» y «Beta». Sólo el componente superior, «Alfa», era el verdadero cohete. «Beta», para darle su verdadero nombre, era un «athodyd hipersónico». La mayoría de la gente lo llamaban un expulsor atómico, lo cual era a la vez más sencillo y más expresivo.

Había un gran trecho entre las bombas volantes de la Segunda Guerra Mundial y «Beta» con sus doscientas toneladas, recorriendo el techo de la atmósfera a miles de millas por hora. Y, sin embargo, ambas operaban bajo el mismo principio: el empleo de la velocidad de avance para procurar la compresión del chorro. La principal diferencia residía en el combustible. V-1 había quemado gasolina; «Beta» quemaba plutonio y su radio de acción era prácticamente ilimitado. Mientras sus inyectores de aire podían captar y comprimir el tenue gas de la atmósfera superior, el horno al rojo blanco de la pila atómica lanzaría sus chorros. Sólo cuando, finalmente, el aire era demasiado tenue para crear energía o sostenimiento, la nave necesitaba inyectar en la pila el metano procedente de los tanques de combustible, convirtiéndose de esta forma en un verdadero cohete.

«Beta» podía salir de la atmósfera, pero no podía escapar nunca totalmente a la Tierra. Su tarea era doble. Primero tenía que transportar tanques de combustible a la órbita alrededor de la Tierra, e instalarlos girando alrededor de ella como diminutas lunas hasta que fuesen necesitados. Sólo una vez conseguido esto, la nave elevaría a «Alfa» en el espacio. La nave más pequeña se surtiría entonces del combustible de los tanques en la órbita libre, y pondría en marcha sus motores para romper contacto con Tierra y emprender su viaje a Luna.

Girando pacientemente, «Beta» esperaría el regreso de la nave del espacio. Al final de su viaje de medio millón de millas, «Alfa» tendría escasamente suficiente combustible para maniobrar dentro de una órbita paralela. La tripulación y su equipo serían entonces transbordados a «Beta», que estaba esperando, la cual llevaría todavía suficiente combustible para devolverlos sanos a Tierra.

Era un plan complicado, pero incluso con la energía atómica era la única forma practicable de realizar un viaje circular alrededor de Luna con un cohete de un peso no inferior a muchos miles de toneladas, aún, tenía otras diversas ventajas. «Alfa» y «Beta» podían ser destinadas separadamente a llevar a cabo sus diferentes misiones con una eficiencia que ninguna simple nave, destinada a todos los propósitos, podría jamás esperar realizar. Era imposible combinar en una sola nave la facultad de volar a través de la atmósfera de Tierra y aterrizar en Luna carente de aire.

Cuando llegase el momento de realizar el próximo viaje, «Alfa» estaría todavía girando en torno a Tierra, para ser avituallada en el espacio y usada de nuevo.

Ningún viaje posterior sería tan difícil como el primero. Con el tiempo habrían motores más eficientes, y más tarde aun, una vez hubiese sido fundada la colonia lunar, habría estaciones de servicio en Luna. Después de esto, la cosa sería fácil y el vuelo a través del espacio se convertiría en una empresa comercial, si bien todo esto no ocurriría antes de un siglo, si no más.

Entretanto, la nave «Prometheus», alias «Alfa» y «Beta», seguía reluciendo bajo el sol australiano mientras los técnicos trabajaban todavía en ellas. Los últimos dispositivos estaban siendo instalados y probados; el momento de iniciar su destino se estaba aproximando. Dentro de pocas semanas, si todo iba bien, transportaría las esperanzas y temores de la Humanidad a las solitarias profundidades que yacen más allá del cielo…

Título: Preludio al Espacio (PDF-EPUB)
Autores: Arthur C. Clarke
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.1 MB
Formato: PDF-EPUB

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Arthur C. Clarke - Preludio al Espacio (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Arthur C. Clarke - Preludio al Espacio (PDF-EPUB) En una longitud de cinco millas, recta como una flecha, la reluciente pista de metal se extendía sobre la faz del desierto en dirección al noroeste, a través del muerto corazón del continente y el océano que se extendía más allá. Sobre esta tierra, un día hogar de los aborígenes, se habían elevado muchas extrañas y rugientes formas durante la última generación. El mayor y más extraño de estos…

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