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António Lobo Antunes – El orden natural de las cosas (PDF-EPUB)

António Lobo Antunes – El orden natural de las cosas (PDF-EPUB)

António Lobo Antunes - El orden natural de las cosas (PDF-EPUB)

António Lobo Antunes – El orden natural de las cosas (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro António Lobo Antunes – El orden natural de las cosas (PDF-EPUB)

Hasta los seis años, Iolanda, no conocí a la familia de mi madre ni el olor de los castaños que el viento de septiembre traía de la Buraca, con las ovejas y los chivos que trepaban la Calçada en dirección al cementerio abandonado, arreados por un viejo de boina y por las voces de los muertos. Aún hoy, mi amor, tendido en la cama a la espera del efecto del válium, me sucede como en las tardes de verano en las que me tumbaba, en busca de fresco, en un arrabal de hoyos destrozados: siento un adorno de sepultura magullarme la pierna, oigo la hierba de las losas en la sábana, veo los serafines y los cristos de escayola que me amenazan con las manos rotas; una mujer con sombrero plantaba coles y nabos en las raíces de los cipreses; las esquilas de los cabritos tintineaban en la capilla sin imágenes, reducida a tres paredes quemadas y a un pedazo de altar con tapete hundido entre las trepadoras; y yo observaba avanzar la noche, lápida a lápida, coagulando las bendiciones de los santos en manchas de tinieblas.

Pero ayer, por ejemplo, abrazado a tu cuerpo mientras aguardaba a que la indulgencia de la medicina me liberase de los sobresaltos de la memoria, me vino a la cabeza un crepúsculo antiguo, en el cincuenta o el cincuenta y uno, con los arriates del jardín regados de frescura, el Señor Fernando, en camiseta, haciendo gimnasia en el mirador, y un alboroto de gatos en el patio de la cocina, y oyendo a los caballos de los monárquicos vencidos que bajaban la sierra (según me contó Doña Anita que era una niña a esas alturas) camino de las celdas de la Penitenciaría.

No entiendo por qué motivo, querida, nunca te interesaste por mi infancia: siempre que hablo de mí encoges los hombros, se tuerce tu boca, los párpados se estiran desdeñosos, arrugas mordaces asoman detrás del flequillo de pelo rubio, de modo que acabo callándome, avergonzado, pongo los vasos, los platos y los cubiertos en la mesa para comer, mientras tu tía tose en la despensa y tu padre tienta los botones del televisor en busca de las estridencias del serial. Y no obstante, Iolanda, en cuanto te duermes, apenas tu rostro, hundido en la almohada, recupera la inocencia del pesebre de otrora, tal como te vi, por primera vez, en la pastelería de la esquina del Liceo, cuando tus dedos sucios de tinta y tus cuadernos escolares me conmovieron con una alegría sin sentido, en cuanto te duermes y una blancura de olmos con pájaros atraviesa nuestra habitación, hablo sin que te burles de mí, converso, cerniéndome sobre ti, con tus palmas inertes y tus muslos indefensos, y la casa donde viví antes de conocer a la familia de mi madre surge de la noche, nacida de una imperfección del espejo o del
cajón de la cómoda en el que nuestra ropa se entremezcla con nidos de polillas y asas de cobre, desde que hace meses me ordenaste Ven y yo me presenté, con el paraguas y dos maletas raídas, en este pisito de la Quinta do Jacinto, en Alcântara, para explicar que sí, que tenía treinta y un años más que tú pero el empleo del Estado, Señor Oliveira, no está mal del todo, y claro que pagaría la luz, el alquiler y la cuenta del agua.

Oye, mi amor. Tal vez me comprendas en tu sueño, tal vez tu cuerpo se libere de la ironía para conmigo y me quiera, tal vez tus párpados, ahora suaves, se estremezcan si dicen cómo me gustaría que me tocases y me dejases tocarte, tal vez me acerques el vellón de pelo de tu vientre, y las rodillas se abran despacio sobre una húmeda, lisa, tierna blandura de gruta que aprisiona mi deseo con una firmeza de nácar. Pero desde el verano me ignoras, enamorada de un compañero de clase con el acné encendido y la barba incipiente, que nos visita con el pretexto de dudas de Geografía o Matemáticas y me aprieta los dedos, hasta hacer rechinar los huesos, en un saludo cruel. Reducido a un vago pariente de chaleco, corbata y ralos pelos grises, incapaz de mantener el tipo, incapaz de leer sin gafas, incapaz de correr veinte metros por culpa de las vacilaciones del corazón, incapaz, en suma, de competir con ese mocoso lleno de granos, más alto que yo, sin tripa, sin calva, sin pasta, cuyos dieciocho años me derrotan, aguardo la noche, con una inmovilidad de tarántula, cuando tu cuerpo, aliñado por el aceite y por el vinagre del dentífrico y del perfume barato, se encoge para acomodarse en el colchón, cuando la cadencia del pecho se vuelve sigilosa como la de los barcos, cuando tus labios, fruncidos por el mohín del sueño, lanzan un beso que no se me destina, aguardo la noche, midiendo la densidad de las tinieblas por el insomnio de tu padre y la bronquitis de tu tía del otro lado del tabique, y recomienzo mi historia en el episodio en el que la dejé, regresando, Iolanda, a la casa donde viví antes de conocer a la familia de mi madre, con sus mil corredores, sus mil rincones, sus mil escondrijos, la casa, la casa, la casa, Dios mío, rodeada de petreles sobre el acantilado y los vapores del océano, de portones batidos por el viento y cortinas en pedazos, con el anuncio Hotel Central en semicírculo en la fachada y los tres de la policía secreta, siempre de negro, con el brazo en alto al modo nazi, que bebían, en la salita de estar, la malta de la mañana…

Título: El orden natural de las cosas (PDF-EPUB)
Autores: António Lobo Antunes
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.6 MB
Formato: PDF-EPUB

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António Lobo Antunes - El orden natural de las cosas (PDF-EPUB) Introduccion del Libro António Lobo Antunes - El orden natural de las cosas (PDF-EPUB) Hasta los seis años, Iolanda, no conocí a la familia de mi madre ni el olor de los castaños que el viento de septiembre traía de la Buraca, con las ovejas y los chivos que trepaban la Calçada en dirección al cementerio abandonado, arreados por un viejo de boina y por las voces de los muertos. Aún hoy, mi amor,…

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