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Anne Perry – Sangre en el Támesis (PDF-EPUB)

Anne Perry – Sangre en el Támesis (PDF-EPUB)

Anne Perry - Sangre en el Támesis (PDF-EPUB)

Anne Perry – Sangre en el Támesis (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Anne Perry – Sangre en el Támesis (PDF-EPUB)

Monk se echó hacia atrás, apoyándose un momento en el remo, y dirigió la vista a las aguas del Pool de Londres. Había barcos anclados de todos los países del mundo, el viento del crepúsculo balanceaba las luces de fondeo. El sol estaba bajo en el cielo de primeros de verano, teñido de intenso rojo por la parte de poniente.

Detrás de él, al otro remo, Orme también descansaba. Era un hombre taciturno que había trabajado toda su vida en el río.

—Bonita vista, ¿eh, señor? —dijo, arrugando con satisfacción su rostro curtido—.

Apuesto a que no hay nada igual en todo el mundo.

Monk sonrió. Tratándose de Orme, aquello era un derroche de emotividad.

—Creo que lleva usted razón —convino Monk.

Volvieron a agacharse sobre sus remos al unísono. Había una embarcación de recreo a unos cien metros de su popa. Los faroles brillaban a lo largo de todas las cubiertas y podían oír la música y las risas, incluso desde aquella distancia. El barco probablemente había estado fuera la mayor parte del día, tal vez llegando hasta Gravesend, ya en el estuario. El tiempo era perfecto para hacerlo.

Unos jóvenes jugaban, peleando en broma; demasiado cerca de la baranda, pensó Monk. La corriente del Támesis era engañosamente rápida y el agua, asquerosa.

Había un par de barcas en las cercanías, una de ellas a pocos metros.

Un hombre gritaba y agitaba los brazos, corriendo hacia la baranda como si fuese a tirarse al agua.

De súbito se produjo un tremendo estallido y una inmensa llamarada se alzó en la proa. Restos de la nave salieron disparados por el aire y la columna de luz fue cegadora. Monk se agachó instintivamente para resguardarse de la onda expansiva, y trozos de madera y metal cayeron en torno a él y a Orme con un ruido ensordecedor.

Como un solo hombre, agarraron los remos y se esforzaron en estabilizar la lancha en la turbulencia causada por el barco siniestrado.

Parecía que hubiese cuerpos por doquier, personas revolviéndose en el agua, gritando por encima del estruendo.

Monk se quedó sin habla, sentía tal opresión en el pecho que apenas podía respirar. Él y Orme dieron media vuelta a la patrullera biplaza de la policía y clavaron los remos bien hondo en una carrera hacia la pesadilla, con las espaldas inclinadas, los músculos tensos, ajenos a cualquier cosa que no fuese el horror.

La oscuridad regresó cuando el agua engulló el boquete de la proa y, con las enormes palas todavía girando, el barco entero se sumergió bajo la superficie.

En cuestión de minutos alcanzaron el primer cuerpo: un hombre que flotaba boca arriba, con los ojos abiertos y ciegos. Intentaron rescatarlo hasta que se dieron cuenta de que había perdido ambas piernas, convertidas en sanguinolentos muñones medio oscurecidos por la inmundicia. Nada podían hacer por él. A Monk se le hizo un nudo en el estómago al soltar el cadáver para que cayera de nuevo al agua.

La segunda víctima fue una mujer, sus amplias faldas ya se habían empapado y tiraban de ella hacia abajo. Fueron precisas toda la fuerza de Monk y la muy considerable destreza de Orme para subirla a bordo, manteniendo la lancha estable.

La mujer apenas estaba consciente pero, con tanta gente hundiéndose tan deprisa, no había tiempo para detenerse a reanimarla. Lo único que podían hacer era colocarla boca abajo con el mayor cuidado, de modo que el agua que vomitara no la ahogase.

Trabajaron conjuntamente, agachándose, jalando, evitando que la lancha se volcara con el balanceo y el cabeceo que provocaban sus movimientos, y agarrando manos desesperadas, rostros blancos vueltos hacia arriba en la oscuridad. Pocos sabían nadar y se estaban quedando sin fuerzas. Monk les tendía los brazos y notaba dedos como de hierro que se clavaban en su carne mientras los subía a bordo.

Tanto él como Orme estaban calados hasta los huesos, con los músculos doloridos y los brazos magullados. El corazón de Monk le latía en la garganta como si fuese a asfixiarlo. No podía hacer lo suficiente, no daba abasto.

Apenas habían transcurrido minutos desde la explosión cuando lo que quedaba del barco se deslizó hacia las oscuras profundidades del río y desapareció. Sólo quedaron los gritos, los restos de la explosión y los cuerpos; algunos inmóviles, otros todavía luchando por mantenerse a flote.

Título: Sangre en el Támesis (PDF-EPUB)
Autores: Anne Perry
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.8 MB
Formato: PDF-EPUB

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Anne Perry - Sangre en el Támesis (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Anne Perry - Sangre en el Támesis (PDF-EPUB) Monk se echó hacia atrás, apoyándose un momento en el remo, y dirigió la vista a las aguas del Pool de Londres. Había barcos anclados de todos los países del mundo, el viento del crepúsculo balanceaba las luces de fondeo. El sol estaba bajo en el cielo de primeros de verano, teñido de intenso rojo por la parte de poniente. Detrás de él, al otro remo, Orme también descansaba.…

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