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Anne Golon & Serge Golon – Angélica y su amor (PDF-EPUB)

Anne Golon & Serge Golon – Angélica y su amor (PDF-EPUB)

Anne Golon & Serge Golon - Angélica y su amor (PDF-EPUB)

Anne Golon & Serge Golon – Angélica y su amor (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Anne Golon & Serge Golon – Angélica y su amor (PDF-EPUB)

Fue la sensación de ser observada por una persona invisible lo que devolvió a Angélica a la realidad. Se sobresaltó y buscó con viveza a su alrededor a aquel que la había hecho llevar a los aposentos del castillo de popa, de un lujo oriental. Angélica estaba convencida de que él debía de encontrarse allí, pero no le vio. Estaba en el mismo salón donde, la noche precedente, el Rescator la había recibido. La rapidez de los acontecimientos, su desarrollo dramático, el sosiego actual y lo exótico del nuevo ambiente, daban a aquel instante un carácter de sueño. Angélica hubiese dudado de estar bien despierta, a no ser por la presencia de Honorine, que empezaba a moverse y a desperezarse como un gatito. En la creciente penumbra brillaba el oro de los muebles y de los objetos cuyo contorno apenas se distinguía. El perfume que Angélica había reconocido con emoción y que parecía propio del Rescator, flotaba en el aire. El pirata había debido conservar este refinamiento de su época en el Mediterráneo, así como había conservado la costumbre del café, de las alfombras y de los divanes con sedosos almohadones.

Una ráfaga fría penetró por la ventana, trayendo la humedad de las salpicaduras. Angélica tuvo frío. Entonces se dio cuenta de que tenía abierto el corpiño sobre su pecho desnudo, y este detalle la turbó. ¿Qué mano la había desabrochado? ¿Quién se había inclinado hacia ella cuando yacía inconsciente? ¿Qué mirada de hombre había escrutado su palidez, tal vez con inquietud, la inmovilidad de sus rasgos, sus párpados cerrados y doloridos por la fatiga? Después, esa persona se había dado cuenta de que ella solamente dormía abatida, sin fuerzas, y se había alejado tras de haberle desabrochado el corpiño para que pudiera respirar más a gusto.

Este gesto, que quizá no fuese más que una sencilla atención, pero que delataba también al hombre acostumbrado a tratar con mujeres, cualesquiera que fuesen, con amable desenvoltura, hizo ruborizar de pronto a Angélica, que se irguió reajustándose la ropa con hosca vivacidad. ¿Por qué la había llevado él allí, a sus aposentos, y no junto a los compañeros de ella? ¿La consideraba pues como su esclava, su cautiva, a disposición de sus caprichos, pese al desdén que había manifestado?

—¿Hay alguien? —preguntó Angélica en voz alta—. ¿Estáis ahí, monseñor?

Sólo le contestó el aliento del mar y el chapoteo de las olas. Pero Honorine despertó del todo y se sentó, bostezando. Angélica se inclinó hacia ella y la cogió en brazos con aquel ademán protector y celoso que tantas veces había realizado para preservarla de los peligros que amenazaban su frágil existencia.

—Ven, corazoncito —cuchicheó—, y no temas ya nada. ¡Estamos en el mar!

Angélica se dirigió hacia la puerta encristalada y se sorprendió al ver que se abría sin dificultad. Así pues, no estaba prisionera…

Fuera, todavía había luz. Se distinguían marineros que iban y venían por el puente, mientras se encendían las primeras linternas. Las olas eran mansas y una especie de sosiego emergía del barco pirata, único en el océano desierto, como si unas horas antes no hubiese tenido que enfrentarse muchas veces con su propia pérdida. Sólo se saborea bien la vida cuando la muerte ha estado muy próxima, casi inevitable.

Alguien que estaba acurrucado junto a la puerta se levantó, y Angélica vio erguirse frente a ella al gigantesco moro que, la noche anterior, les había preparado el café. Conservaba el capuchón de lana blanca de los marroquíes y llevaba un mosquete con culata de plata cincelada, tal como Angélica los había visto a los guardianes de Muley Ismael.

—¿Dónde han alojado a mis compañeros? —preguntó.

—Ven —contestó el otro—. El amo me ha dicho que te acompañe cuando hayas despertado.

Como todos los barcos, ya fuesen de carga o corsarios, el Gouldsboro no estaba construido para albergar pasajeros. El espacio reservado a la tripulación, bajo la toldilla de proa, era desde luego suficiente, pero nada más. Por lo tanto, se había alojado a los emigrantes en una parte del entrepuente reservada a la batería camuflada de la nave pirata. Después de haber bajado una corta escalera, Angélica volvió a encontrarse entre sus amigos, que empezaban a instalarse lo mejor que podían entre los cañones. Como último recurso, las cureñas de las grandes piezas de bronce, recubiertas de tela, podían servir de soporte donde depositar su escaso equipaje. El resplandor del día perduraba todavía en el puente, peroallí, más abajo, estaba ya oscuro, y apenas había un resplandor rosado procedente de una portañola abierta. Angélica, desde su entrada, fue acosada por el impulso fogoso de los niños y de sus amigos.

—¡Angélica! Os creíamos muerta… ahogada… Casi inmediatamente, estallaron las recriminaciones.

—Aquí no se ve nada… Nos han encerrado como prisioneros… Los niños tienen sed…

En la penumbra, Angélica los reconocía únicamente por sus voces. La de Abigael dominó…

Título: Angélica y su amor (PDF-EPUB)
Autores: Anne Golon & Serge Golon
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.4 MB
Formato: PDF-EPUB

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Anne Golon & Serge Golon - Angélica y su amor (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Anne Golon & Serge Golon - Angélica y su amor (PDF-EPUB) Fue la sensación de ser observada por una persona invisible lo que devolvió a Angélica a la realidad. Se sobresaltó y buscó con viveza a su alrededor a aquel que la había hecho llevar a los aposentos del castillo de popa, de un lujo oriental. Angélica estaba convencida de que él debía de encontrarse allí, pero no le vio. Estaba…

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