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Anne Golon & Serge Golon – Angélica Y El Rey (PDF-EPUB)

Anne Golon & Serge Golon – Angélica Y El Rey (PDF-EPUB)

Anne Golon & Serge Golon - Angélica Y El Rey (PDF-EPUB)

Anne Golon & Serge Golon – Angélica Y El Rey (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Anne Golon & Serge Golon – Angélica Y El Rey (PDF-EPUB)

Angélica dormitaba, con el animo agitado por gozosos proyectos, como chiquilla en víspera de Navidad. Por dos veces se levantó para darle al eslabón y encender la vela, a fin de contemplar, colocados sobre unos sillones junto a la cama, los dos vestidos que luciría al día siguiente en la cacería real y en el baile que iba a celebrarse a continuación.

Estaba bastante satisfecha del modelo de «caza». Había dado idea, ella misma, al sastre para que lograra dar a la casaca de terciopelo gris perla, el corte masculino que contrastase con la delicada figura de la joven dama. El gran sombrero a lo mosquetero era blanco con nevado penacho de avestruz. Pero lo que más convencía a Angélica era la corbata. Un nuevo detalle de moda con que contaba para llamar la atención y despertar la curiosidad de las grandes damas de la Corte. Consistía en un gran lazo de finísima batista, bordado delicadamente con minúsculas perlas, que le rodeaba varias veces el cuello expandiéndose luego en forma de mariposa. Fue una idea que tuvo la noche anterior. Había vacilado largo rato ante el espejo, se había probado y arrugado por lo menos diez corbatas, entre las más escogidas que le presentó el mercero de «La Cajita de Oro» y por fin había resuelto anudarse la cinta a «lo caballero» pero con nudo mucho más grande que el usado por los hombres. A su juicio el rostro de la mujer no se avenía con el cuello recortado de la casaca de caza. En cambio el nudo blanco bajo el mentón, daría un toque de femineidad a su atavío.

Angélica se volvió a la cama y comenzó a dar vueltas. Estuvo a punto de llamar para que le sirvieran una tisana de verbena, a fin de poder conciliar el sueño.

Necesitaba dormir por lo menos unas horas, pues la jornada del día siguiente iba a ser fatigosa. La cacería tendría lugar cerca del mediodía, en el bosque del Fausse-repose.

Angélica, como todos los invitados del Rey que venían desde París, debería emprender el viaje muy temprano, a fin de reunirse a la hora señalada con los carruajes procedentes de Versalles, en la encrucijada de los Bueyes. En dicho lugar, situado en el corazón del bosque, había unas caballerizas a las que los privilegiados mandaban anticipadamente sus caballos de montar. De este modo, los animales se encontraban frescos en el momento de correr el ciervo. Aquel mismo día, Angélica había tenido buen cuidado de enviar allí, acompañada de dos lacayos, su preciosa yegua Ceres, un pura sangre español por el que había pagado mil pistolas.

Se incorporó y volvió a encender la luz. Decididamente, el vestido de baile era el más satisfactorio. De satén rosa fuego, con manto tono «aurora» más encendido y plastrón bordado con finas flores de un rosa nacarado. Como aderezo había elegido perlas también rosa. En racimos para los pendientes, en forma de collar de tres vueltas para cuello y hombros, en diadema «cuarto menguante», para el peinado. Las había adquirido en la tienda de un joyero muy agradable porque le hablaba de los mares cálidos de donde las perlas procedían, de las largas transacciones, de los peritajes difíciles y de dilatados viajes realizados por la mercancía, disimulada en saquitos de seda que pasaban de mano en mano entre comerciantes árabes, griegos o venecianos.

El tal joyero quintuplicaba el precio de sus perlas gracias a su arte de dar a cada joya el valor de la rareza y una impresión como de haber tenido que robarla del jardín de los dioses. A pesar de la cuantiosa fortuna que se había visto obligada a gastar para obtenerlas, Angélica no experimentaba el menor remordimiento, como suele a menudo suceder con esta clase de locas adquisiciones. Las contempló con embeleso, en sus estuches de terciopelo blanco, sobre la mesita de noche. Angélica estaba hambrienta de cuantos objetos delicados y preciosos puede la vida otorgar. Este apetito de posesión era el desquite de los años de miseria que había conocido. De milagro no había llegado tarde. Todavía estaba a tiempo de embellecerse con los mejores adornos, de lucir los más suntuosos atuendos, de rodearse de muebles, cortinajes y toda clase de objetos salidos de manos de los más hábiles artesanos.

Todo ello muy costoso y bien elegido, con gusto de mujer experimentada, aunque hastiada.

Conservaba todo el entusiasmo de que era capaz. A veces se maravillaba y daba gracias al cielo por no haber quedado quebrantada a causa de sus múltiples pruebas.

Por el contrario, seguía manteniendo el espíritu juvenil. Tenía más experiencia que la mayoría de las jóvenes de su edad, y menos desilusión. Su vida estaba sembrada de placeres fantásticos y maravillosos como los de la infancia. Cuando no se ha conocido el hambre, ¿es posible gozar con un pedazo de pan caliente? Y cuando se ha vagado por las calles de París con los pies descalzos, y se llega un día a poseer unas perlas tan magníficas como éstas, ¿no hay motivo para creerse la mujer más afortunada del mundo?

Título: Angélica Y El Rey (PDF-EPUB)
Autores: Anne Golon & Serge Golon
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.9 MB
Formato: PDF-EPUB

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Anne Golon & Serge Golon - Angélica Y El Rey (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Anne Golon & Serge Golon - Angélica Y El Rey (PDF-EPUB) Angélica dormitaba, con el animo agitado por gozosos proyectos, como chiquilla en víspera de Navidad. Por dos veces se levantó para darle al eslabón y encender la vela, a fin de contemplar, colocados sobre unos sillones junto a la cama, los dos vestidos que luciría al día siguiente en la cacería real y en el baile que iba a celebrarse…

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