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Anna Maria Ortese – El colorín afligido (PDF-EPUB)

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Anna Maria Ortese - El colorín afligido (PDF-EPUB)

Anna Maria Ortese – El colorín afligido (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Anna Maria Ortese – El colorín afligido (PDF-EPUB)

A finales del siglo XVIII, o Siglo de las Luces, tres jóvenes señores, el príncipe de Neville, el escultor Dupré y el acaudalado comerciante Nodier, todos ellos de Lieja, donde eran conocidísimos y apreciados, quién por su ingenio, quién por su elegancia, y todos por el tren de vida mundano y altamente dispendioso que llevaban, decidieron hacer un viaje a Nápoles, por una razón a fin de cuentas nada reprobable. Alphonse Nodier pretendía surtir de guantes comprados en el extranjero sus espléndidas tiendas de ropa, y en ninguna ciudad se producían entonces como en Nápoles, famosa porellos; y en Nápoles ningún productor de este género de complementos se hallaba a la altura de don Mariano Civile, Monsieur Civile, como cariñosamente lo designaba Nodier; medio mundo lo consideraba el rey de los guanteros. Su difunto padre, vinculado —decían— a la Corte, había surtido en tiempos a Londres y París; eso contaba, con una miaja de complacencia acaso superflua, Alphonse Nodier. En realidad don Mariano, a quien Nodier conociera fugazmente años atrás, durante un viaje a Roma, le interesaba sobre todo como hombre, en parte por su extraordinario carácter, taciturno y serio, y (en parte) por su entrega al trabajo y los espléndidos resultados de ésta; pero sobre todo porque se había casado, en su momento, con una operaria de su padre, Brigitta Helm, de oscura cuna aunque famosa belleza, quien le había dado doce hijos, muchos de los cuales andaban ya mundo adelante produciendo guantes o comerciando en pieles; todos —decían— de grandiosa estatura, cabellos rubios y ojos azules, y de frío y taciturno carácter. En casa, en el divino barrio de Santa Lucía, creía Nodier que no quedaban sino dos o tres hijas, asimismo altas, muy envaradas, guapas e insoportablemente mudas.

Sí, era este mutismo de las jóvenes, como antaño el de la madre, según había sabido por alguna alusión de don Mariano, hombre que tampoco se quedaba corto en materia de silencios, era este mutismo, o incapacidad de expresar, aunque fuera a la
buena de Dios, sus sentimientos juveniles, admitiendo que los tuvieran, lo que fascinaba —es la palabra justa, más que interesaba— al distraído Nodier cuando pensaba en las altaneras y atractivas hermanas. Para un hablador, y él era un hablador nato, era algo que no se podía aceptar.

En cuanto a Neville y Dupré, se limitaban a escuchar divertidos —y Neville muy despreciativo— estas historias de ordinarias virtudes familiares, muy de moda entonces; mas accedieron por muy distintas razones al proyecto de un viaje a Nápoles. Neville porque, poeta a su modo, aunque poco conocido, esperaba, vagando por aquellas míticas regiones ya visitadas y ensalzadas por insignes viajeros, refrescar esa vena que los años (el príncipe frisaba en los treinta, meta, entonces, de triste madurez) y los abusos consentidos, si no justificados, por los caudales y la juventud, habían debilitado y vuelto quejosa. Le inspiraba curiosidad, además, la fama de desenfreno y lujo de que gozaba Nápoles, recién alzada a capital de un reino, y también su sombrío y sangriento pasado; como esas historias nada claras, remotas y dulces, de Sibilas, de Sirenas, de criaturas femeninas en tratos con los Infiernos… Al menos así fantaseaba el decadente Neville, hombre nada bueno, al fin y al cabo, ya viejo aunque dotado aún de extraordinario atractivo; los leonados cabellos, los ojos verde oscuro, vagamente hundidos, la blancura de la piel, una frente magnífica y la alta y elegante estatura heredada, decían, de su madre, una Leopoldine de Brabante, junto con su altivo y zahiriente lenguaje, no habían aún caído en el olvido. Quizás nos equivocamos al definirlo como hombre nada bueno; Neville podía ser, simplemente, vengativo. En lo demás, tenía sentimientos parecidos a los de muchos hombres: el sueño siempre desilusionado de una mujer que diera reposo a su índole —no osamos decir gusto— y la necesidad de viajar, para olvidar, o aturdir, una nulidad de la cual, en honor a la verdad, todavía no era muy consciente.

Para Albert Dupré (Albert era el nombre del artista, sin nada en común con el escultor francés, pues el ingenio de nuestro joven era limitado, tanto que su nombre jamás superó su siglo ni las fronteras de su tierra), este viaje era en cambio únicamente una cuestión de alegría, de vida… Era guapo, y la cosa, a nuestros oídos, habituados como estamos a pensar la belleza, acaso no signifique nada. Pero una cualidad rara e indefinible de su mente, el ardor, la dilataba asemejando mucho al joven a un sol, a veces, a una noche lunar, otras; mientras que casi eternamente emanaban de él la luz y la dulzura maravillosas de una marina jónica en el mes de mayo.

Título: El colorín afligido (PDF-EPUB)
Autores: Anna Maria Ortese
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.8 MB
Formato: PDF-EPUB

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Anna Maria Ortese - El colorín afligido (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Anna Maria Ortese - El colorín afligido (PDF-EPUB) A finales del siglo XVIII, o Siglo de las Luces, tres jóvenes señores, el príncipe de Neville, el escultor Dupré y el acaudalado comerciante Nodier, todos ellos de Lieja, donde eran conocidísimos y apreciados, quién por su ingenio, quién por su elegancia, y todos por el tren de vida mundano y altamente dispendioso que llevaban, decidieron hacer un viaje a Nápoles, por una razón a fin de cuentas nada…

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