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Andrew Klavan – Ni una palabra (PDF-EPUB)

Andrew Klavan – Ni una palabra (PDF-EPUB)

Andrew Klavan - Ni una palabra (PDF-EPUB)

Andrew Klavan – Ni una palabra (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Andrew Klavan – Ni una palabra (PDF-EPUB)

Como el apartamento adecuado era difícil de encontrar, asesinaron a la vieja. El hombre llamado Sport llamó a su puerta. El mono verde que llevaba le daba aspecto de fontanero. Maxwell se apartó a un lado, fuera del campo de visión de la mirilla de la vieja. Maxwell también llevaba un mono verde, pero no parecía un fontanero.

Nadie iba a abrir la puerta para dejar entrar a Maxwell.

Sport era presentable; un joven de cara redonda y suave. Tenía el cabello liso y castaño, con un alborotado y juvenil flequillo que le cubría la frente. Su sonrisa era luminosa, y sus ojos marrones inteligentes y amistosos.

La vieja se llamaba Lucia Sinclair.

—¿Quién es? —preguntó al oír la llamada de Sport.

Tenía un tono de voz agudo y aflautado. Voz de rica. A Sport no le gustó. Allá en Jackson Heights, de muchacho, había trabajado los sábados como chico de los recados en el supermercado A & P. Lucia Sinclair tenía el tipo de voz que utilizaban las mujeres al decirte que dejaras las bolsas con la compra en la cocina. A veces, ni siquiera te miraban al decírtelo.

—El fontanero —dijo Sport en tono amable. Oyó el deslizamiento de la plaquita metálica de la mirilla y dejó que Lucia Sinclair escrutase su luminosa sonrisa.

—Nos envía Rick —informó él—. A la señorita Welch, la vecina de abajo, se le filtra agua por las paredes del cuarto de baño. Parece que la pérdida está en su apartamento.

Oyó cerrarse la mirilla y descorrerse la cadena de la puerta. Miró a Maxwell. Maxwell le sonrió impaciente. Se estaba poniendo nervioso.

La puerta se abrió y apareció Lucia Sinclair. La verdad es que no tenía mal aspecto para una bruja así, pensó Sport. Era bajita y delgada. Tenía la cara en forma de corazón; un rostro cansado, pero no ajado ni arrugado. Tenía el cabello plateado y lo llevaba corto, con una anticuada permanente. Vestía blusa de franela y tejanos azul pálido. Eran unos tejanos caros, como los de las mujeres a quienes les llevaba la compra de muchacho, que mostraban el culo al inclinarse sobre el monedero. «Deja las bolsas en la cocina», le decían. Ni siquiera lo miraban.

Bueno, pensó Sport, creo que con esta Maxwell lo pasará bien. Lucia Sinclair se hizo a un lado para dejar entrar a Sport. Sonrió y se recompuso un poco el pelo.

—Debo de estar hecha un desastre —dijo ella—. He estado arreglando el jardín —añadió con graciosos ademanes.

Al fondo del salón se veía una puerta corredera de cristal; daba a una pequeña terraza, donde había macetas y jardineras.

—No es que haya trabajado mucho —prosiguió Lucia Sinclair—. Pero es una tarea muy sucia y yo…

Se interrumpió. Las palabras murieron en sus labios de una forma que hizo sonreír a Sport. Se quedó inmóvil, con la mandíbula caída y la mirada fija. Sport percibió un nebuloso temor en sus ojos. Estaba mirando a Maxwell.

Maxwell entró y cerró la puerta.

Sport recordaba perfectamente la primera vez que él vio a Maxwell. Fue en el penal de Rikers Island. Sport había trabajado allí como funcionario; era vigilante. Corrían las primeras horas de la tarde y estaba descansando, sentado en una silla de madera recostada en la cenicienta pared de la sala de funcionarios contigua al pabellón C.

Cuando entraron a Maxwell, Sport se quedó con la boca abierta y su silla se venció hacia adelante golpeando con las patas el suelo de cemento.

—Joder —susurró. «Un tipo de quien me gustaría ser amigo», pensó.

El tal Maxwell medía más de un metro ochenta. Tenía los hombros caídos y unos brazos musculosos que le colgaban pesadamente a ambos lados. Tenía complexión de oso pardo: robusto, lento de movimientos; un tipo macizo. Vencía la cabeza hacia adelante, como un oso o un cavernícola. Su ancho pecho llenaba de tal modo su mono carcelario que parecía como si fuese a reventarlo.

Pero su cara… Eso fue lo que a Sport le llamó enseguida la atención. El aspecto de su cara. Era menuda, cuadradita y con unos finos mechones rubios que le cruzaban la frente. Una nariz ancha y chata, como la de los negros; unos labios también gruesos y los ojos hundidos; unos ojos castaños tan hundidos que te miraban desde las sombras de las cuencas de una manera un tanto triste, como si se sintiesen atrapados allí…

Título: Ni una palabra (PDF-EPUB)
Autores: Andrew Klavan
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.6 MB
Formato: PDF-EPUB

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Andrew Klavan - Ni una palabra (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Andrew Klavan - Ni una palabra (PDF-EPUB) Como el apartamento adecuado era difícil de encontrar, asesinaron a la vieja. El hombre llamado Sport llamó a su puerta. El mono verde que llevaba le daba aspecto de fontanero. Maxwell se apartó a un lado, fuera del campo de visión de la mirilla de la vieja. Maxwell también llevaba un mono verde, pero no parecía un fontanero. Nadie iba a abrir la puerta para dejar entrar a Maxwell. Sport era presentable;…

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