Libros y Solucionarios Más Descargados
Inicio » Literatura » Literatura 4 » Andrés Ibáñez – Memorias de un hombre de madera (PDF-EPUB)

Andrés Ibáñez – Memorias de un hombre de madera (PDF-EPUB)

Andrés Ibáñez – Memorias de un hombre de madera (PDF-EPUB)

Andrés Ibáñez - Memorias de un hombre de madera (PDF-EPUB)

Andrés Ibáñez – Memorias de un hombre de madera (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Andrés Ibáñez – Memorias de un hombre de madera (PDF-EPUB)

Hace algunos años conocí a un hombre singular. Se llamaba Sebastián Hirschner y era, según creo, argentino, aunque por su aspecto parecía más bien del altiplano, quizá boliviano o peruano. Su acento era de ningún lugar e imposible de rastrear: sus eses y zetas no eran españolas, pero tampoco mexicanas, ni cubanas, ni argentinas, ni chilenas. Le conocí de la manera más extraña posible: a través de un anuncio en un periódico. No me pregunten por qué razón estaba yo leyendo esa sección donde se anuncian los cursos y los talleres de yoga, de tai-chi o de aromaterapia, temas por los que jamás he sentido el menor interés, ni por qué me fijé precisamente en aquel anuncio que no era ni más grande ni más llamativo que los otros. Decía algo así como «Club de los Buscadores de la Montaña. Se abre un nuevo grupo. Interesados, llamar al siguiente teléfono…».

Mi primera idea fue que se trataba de un anuncio de un club de montañeros, pero los montañeros no buscan las montañas, sino que suben a ellas, y tampoco, por mucho respeto que les tengan, suelen escribir la palabra «montaña» con mayúscula.

Por otra parte, el anuncio no estaba en la sección de deportes ni en la de excursiones ni viajes, sino en la de «Esoterismo», que era donde se amontonaban los cursos de tarot y de I Ching, los de Cábala y Kundalini Yoga, Renacimiento y Constelaciones Familiares, Ayurveda y Musicoterapia y demás zarandajas (me decía yo entonces) propias de nuestro tiempo ávido de milagros y fantasías. Es posible que mi único motivo para recorrer aquella sección del periódico fuera, simplemente, sentirme superior al contemplar aquella galería de disparates. O a lo mejor fue una fuerza la que me empujó a hacerlo —claro que para hacer esta última afirmación habría que creer en las fuerzas, quiero decir en fuerzas distintas de las que conoce la física, tales como la de la gravedad, el magnetismo, etc.

Llamé al número de teléfono, y me contestó la voz de una mujer muy agradable, cuya dulce inflexión me hizo pensar al instante que sin duda su dueña sería adorable a la vista (no me equivocaba), y que me informó de que el nuevo grupo se iba a reunir el jueves siguiente, que el Maestro explicaría durante dos jueves consecutivos cuál era el propósito del grupo y que a partir de entonces el grupo quedaría cerrado, de modo que los que lo desearan podrían seguir asistiendo a las reuniones pero ya no podrían entrar nuevos miembros hasta el año siguiente. Sin embargo, yo tenía más preguntas. Le expliqué a la mujer que no sabía por qué me había sentido atraído por aquel pequeño anuncio, porque yo no tenía ni había tenido nunca intereses místicos ni esotéricos, y que tampoco sabía qué quería decir exactamente aquello de buscar una montaña. Le rogué que me disculpara si le estaba haciendo perder el tiempo, y le expliqué que por alguna razón aquello de los «Buscadores de la Montaña» me había intrigado sobremanera.

La mujer, que tenía el dulce nombre de Matilde, un nombre que siempre ha evocado para mí la imagen de una pequeña flor azul crecida en el reborde de un descampado y mojada de gotas de lluvia (porque tengo una tendencia, quién sabe por qué, a transformar ciertos nombres y algunas palabras en imágenes), me escuchó con enorme amabilidad y me dijo que no importaba que nunca hubiera tenido intereses místicos, que el grupo del Maestro no era precisamente místico, sino práctico, y que la curiosidad era un motivo tan bueno como cualquier otro para unirse a los que buscan la Montaña. Ahora, reflexionando sobre esta conversación, me doy cuenta de que fue quizá el suave encantamiento de su voz, de su nombre, de su amabilidad con un perfecto extraño, lo que me hizo sentir más deseo de continuar aquella conversación y de participar en la reunión del jueves. Quizá en aquellos momentos lo que de verdad deseaba encontrar no era una montaña, sino una mujer. O quizá (esta es la versión que más les gustaría a los Buscadores) es que la voz de aquella mujer me estaba hablando en aquellos momentos desde las faldas de la montaña, y que la fascinación que yo sentía al oírla no era realmente la atracción completamente imaginaria de un varón célibe y demasiado solitario por la voz amable de una desconocida, sino el perfume distante, el rumor misterioso, el fulgor que baña apenas el horizonte, de la Montaña del Alma.

Título: Memorias de un hombre de madera (PDF-EPUB)
Autores: Andrés Ibáñez
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 988 KB
Formato: PDF-EPUB

LINKS DE DESCARGA:
Comparte Nuestros Libros!
Facebook
Twitter
Google +
Youtube
Correo
Andrés Ibáñez - Memorias de un hombre de madera (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Andrés Ibáñez - Memorias de un hombre de madera (PDF-EPUB) Hace algunos años conocí a un hombre singular. Se llamaba Sebastián Hirschner y era, según creo, argentino, aunque por su aspecto parecía más bien del altiplano, quizá boliviano o peruano. Su acento era de ningún lugar e imposible de rastrear: sus eses y zetas no eran españolas, pero tampoco mexicanas, ni cubanas, ni argentinas, ni chilenas. Le conocí de la manera más extraña posible:…

Review Overview

0%

User Rating: Be the first one !
0

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada.