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Anatole France – El Figón De La Reina Patoja (PDF)

Anatole France – El Figón De La Reina Patoja (PDF)

Anatole France - El Figón De La Reina Patoja (PDF)

Anatole France – El Figón De La Reina Patoja (PDF)

Introduccion del Libro Anatole France – El Figón De La Reina Patoja (PDF)

Me propongo referir los sorprendentes encuentros que tuve en el transcurso de mi vida. Los hay muy amenos y los hay muy extraordinarios.

Cuando acuden a mi memoria llego a dudar de si habré soñado. Conocí a un cabalista gascón, de quien no me atrevo a decir que fuera hombre juicioso, porque murió de una manera desastrosa. En la isla de los Cisnes, una noche, oí de sus labios razonamientos sublimes, que recordé y escribí cuidadosamente. Dichos razonamientos referíanse a la magia y a las ciencias ocultas, que actualmente preocupan mucho; sólo se habla de la Rosa-Cruz.

No me preocupa la importancia que pueden procurarme tales revelaciones.

Unos dirán que todo es pura invención mía, y otros, que todo el mundo sabe ya lo que digo. Me declaro poco instruido en la cabala, puesto que mi maestro murió cuando comenzaba a iniciarme; pero aprendí lo suficiente para suponer con algún fundamento que todo ello es ilusión, abuso y vanidad. Por otra parte, basta que la magia sea enemiga de la religión para que yo la rechace con todas mis fuerzas. Sin embargo, creóme obligado a dar explicaciones acerca de un punto de tan falsa ciencia para que no se me juzgue aún más ignorante de lo que soy. Sé que los cabalistas piensan generalmente que los silfos, las salamandras, los elfos, los gnomos y los gnomidos nacen con un alma perecedera, como su cuerpo, y que adquieren la inmortalidad mediante su comercio con los magos (1). Mi cabalista enseñaba, por el contrario, que la vida eterna no está reservada a criatura alguna, sea terrestre, sea aérea. Yo he seguido estas inspiraciones, sin permitirme juzgarlas.

Esta opinión está sostenida especialmente en un libro del abate Montfau-con de Villars, El conde de Gabalís o pláticas sobre las ciencias secretas y misteriosas, según los principios de los antiguos magos o sabios cabalistas. Existen muchas ediciones. Yo me contentaré con señalar la de Amsterdam (Jaques Le Jeune, 1700, en octavo, con grabados). Contiene una segunda parte, que no aparece en la edición original.

Tenía por costumbre decir que los elfos hacían víctimas a los que revelaban sus misterios, atribuyendo a la venganza de estos espíritus la muerte del señor abate Coignard, asesinado en la carretera de Lyon. Pero yo sé bien que esa desgracia, verdaderamente sensible, tuvo una causa más natural. Hablaré con entera libertad de los genios del aire y del fuego. Es preciso arriesgarse a los peligros de la vida, y el de los elfos resulta extremadamente pequeño.

He cogido con escrupulosidad los razonamientos y las opiniones de mi excelente maestro el señor abate Jerónimo Coignard que murió como dejo indicado. Era un hombre rebosante de ciencia y de bondad. Si hubiera tenido un alma menos inquieta, hubiera indudablemente igualado en virtud al abate Rollín, a quien sobrepujaba mucho por la extensión de sus conocimientos y la profundidad de su inteligencia. Tuvo sobre el señor Rollín, por lo menos, entre las agitaciones de una vida desordenada, la ventaja de no caer en el jansenismo, porque la firmeza de su espíritu no se dejaba arrastrar por la violencia de las doctrinas temerarias, y puedo atestiguar ante Dios la pureza de su fe. Poseía un gran conocimiento del mundo, adquirido con el trato de toda clase de gentes. Esa experiencia le habría servido de mucho en las historias romanas que hubiera sin duda escrito, siguiendo el ejemplo del señor Rollín, a no faltarle para esos trabajos la tranquilidad y el tiempo y si su vida se ofreciese más en consonancia con su genio. Cuanto yo refiera de tan excelente hombre, servirá de ornato a estas Memorias. Y como Aulio Gelio, que refirió los más hermosos pasajes de los filósofos en sus Noches áticas, y como Apuleyo, que introdujo en su Metamorfosis las mejores fábulas de los griegos, yo realizo un trabajo de abeja para cosechar una miel exquisita. No llegaré, sin embargo, a envanecerme hasta el punto de considerarme como émulo de esos dos famosos autores, puesto que únicamente de los propios recuerdos de mi vida, y no en abundantes lecturas, es de donde extraigo mis riquezas. Lo que yo ponga de mi propia cosecha, será la buena fe. Si algún curioso lee mis Memorias, reconocerá que sólo un alma candida podría expresarse en un lenguaje tan inocente y llano. Siempre fue tenido por ingenuo entre las gentes que me rodearon. Este manuscrito sólo puede confirmar semejantes opiniones después de mi muerte…

Título: El Figón De La Reina Patoja (PDF)
Autores: Anatole France
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 688 KB
Formato: PDF

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Anatole France - El Figón De La Reina Patoja (PDF) Introduccion del Libro Anatole France - El Figón De La Reina Patoja (PDF) Me propongo referir los sorprendentes encuentros que tuve en el transcurso de mi vida. Los hay muy amenos y los hay muy extraordinarios. Cuando acuden a mi memoria llego a dudar de si habré soñado. Conocí a un cabalista gascón, de quien no me atrevo a decir que fuera hombre juicioso, porque murió de una manera desastrosa. En la isla de los Cisnes,…

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