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Alphonse De Lamartine – Graziella (PDF)

Alphonse De Lamartine – Graziella (PDF)

Alphonse De Lamartine - Graziella (PDF)

Alphonse De Lamartine – Graziella (PDF)

Introduccion del Libro Alphonse De Lamartine – Graziella (PDF)

A los dieciocho años mi familia me puso bajo la tutela de una de mis parientes, a quien unos asuntos de negocios reclamaban en Toscana, donde se dirigía acompañada de su marido. Era una buena ocasión para hacerme viajar y arrancarme de esa ociosidad peligrosa de la casa paterna y de las ciudades de provincia, donde las primeras pasiones del alma se corrompen por falta de actividad. Partí con el entusiasmo de un niño que va a ver levantarse el telón de las escenas más espléndidas de la naturaleza y de la vida.

Los Alpes, cuyas nieves perpetuas veía brillar desde mi infancia en el lejano horizonte, cuando subía a lo alto de la colina de Milly; el mar, del que los viajeros y poetas habían depositado en mi alma tantas y tantas imágenes deslumbrantes; el cielo italiano cuyo calor y serenidad había ya aspirado, por así decirlo, a lo largo de las páginas de Corinne y en los versos de Goethe:

¿Conoces esa tierra donde las mirtos fIorecen?

los monumentos aún en pie de esa antigüedad romana, de los que mi mente estaba llena por mi reciente época de estudios; la libertad, en fin; la distancia, que proyecta un prestigio sobre la cosas lejanas; las aventuras, esos incidentes seguros de los largos viajes que la joven imaginación prevé, combina a su antojo y saborea de antemano; el cambio de idioma, de rostros, de costumbres, que parece iniciar a la inteligencia en un mundo nuevo, todo esto fascinaba mi espíritu. Durante los largos días de espera que precedieron a la partida, viví en un constante estado de embriaguez. Aquel delirio, renovado cada día por las magnificencias de la naturaleza en Saboya, en Suiza, sobre el lago de Ginebra, sobre los glaciares del Simplón, en el lago de Como, en Milán, en Florencia, sólo decayó a mi regreso.

Los asuntos que habían conducido a mi compañera de viaje a Livorno se prolongaban indefinidamente y se habló de llevarme de nuevo a Francia sin haber visto Roma y Nápoles.

Era arrancarme de mi sueño en el momento en que iba a tocarlo con la mano. Me rebelé interiormente contra semejante idea. Escribí a mi padre pidiéndole su autorización para continuar solo mi viaje por Italia y tomé la resolución de anticipar mi desobediencia con hechos consumados. «Si llega la prohibición -me decía-, llegará demasiado tarde. Seré reprendido, pero seré perdonado; volveré, pero habré visto.. Pasé revista a mi situación económica, encontrándola muy restringida, y recordé que tenía un pariente de mi madre, establecido en Nápoles, que no me negaría algún dinero para el regreso. Una buena noche me marché de Livomo en la diligencia de Roma.

Allí pasé el invierno, solo en una pequeña habitación de una calle oscura que desemboca en la plaza de España, en casa de un pintor romano que me tomó en régimen de pensión en el seno de su propia familia. Mi cara, mi juventud, mi entusiasmo, mi aislamiento en medio de un país desconocido habían llamado la atención de uno de mis compañeros de viaje en la ruta de Florencia a Roma. Se ligó a mí por una súbita amistad. Era un bello joven más o menos de mi edad. Parecía ser el hijo o el sobrino del Famoso cantante David1, por aquel entonces primer tenor de los teatros de Italia. David también viajaba con nosotros. Era un hombre de edad ya avanzada. Iba a cantar por última vez en el teatro de San Carlos, en Nápoles.

David me trataba como un padre, y su joven compañero me colmaba de atenciones y de bondades. Yo respondía a sus demostraciones con el abandono y la ingenuidad de mi edad.

Aún no habíamos llegado a Roma, y el bello viajero y yo éramos ya inseparables. El correo en aquellos tiempos no tardaba menos de tres días en ir de Florencia a Roma. En las posadas mi nuevo amigo era mi intérprete; en la mesa me servía el primero; en el coche me procuraba a su lado el mejor lugar y, si dormía, estaba seguro de que mi cabeza tendría su hombro por almohada…

Título: Graziella (PDF)
Autores: Alphonse De Lamartine
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 434 KB
Formato: PDF

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Alphonse De Lamartine - Graziella (PDF) Introduccion del Libro Alphonse De Lamartine - Graziella (PDF) A los dieciocho años mi familia me puso bajo la tutela de una de mis parientes, a quien unos asuntos de negocios reclamaban en Toscana, donde se dirigía acompañada de su marido. Era una buena ocasión para hacerme viajar y arrancarme de esa ociosidad peligrosa de la casa paterna y de las ciudades de provincia, donde las primeras pasiones del alma se corrompen por falta de actividad. Partí con el entusiasmo de un niño que…

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