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Alice Borchardt – La noche del lobo (PDF-EPUB)

Alice Borchardt – La noche del lobo (PDF-EPUB)

Alice Borchardt - La noche del lobo (PDF-EPUB)

Alice Borchardt – La noche del lobo (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Alice Borchardt – La noche del lobo (PDF-EPUB)

El lobo despertó, levantando la cabeza de entre las zarpas. En lo alto, la luna estaba llena, pero no era más que un fantasma errante entre los pinos y cedros de la montaña. El resto de la manada dormía.

Sólo él sentía el toque de… no sabía qué. Los lobos no sienten tristeza. Ni siquiera por ellos mismos.

Se levantó y llevó a cabo el ritual de arreglarse el pelaje, para después andar silenciosamente hasta una corriente formada por el desbordamiento de un lago en lo alto. Tenía la anchura justa para reflejar el cielo en su superficie.

Desde la muerte de ella… no, desde que la mataron, él se despertaba todas las noches a aquella hora, una hora en la que todo lo demás duerme… recordando.

La noche tiene sus propios ritmos, ritmos que resuenan en la carne, en la sangre y en los huesos de las criaturas de la tierra. Sólo el hombre los ha olvidado, ha olvidado que alguna vez tuvieran importancia.

Pero para el lobo, llegaban como recuerdos, recuerdos que no eran suyos, fragmentos de un sueño. Tocaba una consciencia inmortal tan vieja como la vida, la experiencia de una criatura todavía ignorante de sí misma y por tanto inmortal. La primera de nuestra especie, nadando en la columna de agua del mar cámbrico. En aquel momento de la noche, interrumpió las flexiones de su musculoso cuerpo y se sumergió en un trémulo resplandor de luz de luna.

Él, el lobo, comprendió que había tenido lugar una catastrófica disrupción de su consciencia, privándole del derecho de nacimiento transmitido por aquel primer soñador del océano.

Su hocico quebró la imagen de la luna en el agua tal como la pena había roto su sueño.

En lo alto, las nubes de paso ocultaron la luna. Cerca de la presa cobrada, los lobos de su manada dormían en silencio y sin sueños.

El aire a su alrededor era frío. Estaban a finales del otoño, casi de nuevo en invierno, pero él sentía un fuego en su interior… un fuego que el viento que soplaba desde los glaciares de los pasos de montaña no podía apagar. Un fuego que calentaba su piel bajo el pesado pelaje invernal.

¡Fuego! Eran criaturas de fuego. Y el fuego les seguía a todas partes. El olor a quemado impregnaba siempre el aire en torno a sus moradas. Tierra, aire, fuego y agua. Todos los seres vivos de la tierra participaban de aquellos elementos, pero de entre todos, sólo el hombre era el amo del fuego.

¿Por qué? ¿Cómo habían alcanzado aquel poder? Nada en sus recuerdos podía decírselo.

Cuando su especie se encontró por primera vez con ellos en la oscuridad y la lucha del invierno del mundo, controlaban las llamas, extinguiéndolas y animándolas a voluntad, su única ventaja en una despiadada batalla por la simple supervivencia contra la el frío y la omnipresente noche. Por lo demás, eran cosas desnudas y patéticas.

Cosas desnudas y patéticas como la que era él en aquel instante, pues cuando los últimos rayos de luna fueron atrapados por las nubes, se había convertido en un hombre.

Recordó lo que ella decía… lo que le había dicho: el fuego era un regalo de los dioses.

Él se había reído de la idea de regalo. Ya había visto bastante de los humanos como para saber que robaban y saqueaban sin consciencia ni escrúpulos, y leían en las mentes de los dioses lo que querían para ellos. La adoración y sumisión de los débiles, y órdenes arbitrarias por parte de quienes se situaban en posición de gobernar a su propia especie.

—Un regalo —había dicho él—. ¿Robado, quizá?

—Quizá —contestó ella encogiéndose de hombros—. Los ladrones fueron escarnecidos por su robo, porque, como siempre, el poder es una espada de doble filo.

Pero el poder, pensó el hombre junto a la corriente, sea cual sea su coste, es vida.

Sin el robo, su especie no hubiese sobrevivido a aquel interminable invierno de antaño, extinguiéndose como tantas otras.

El hombre estiró los brazos hacia arriba, como si fuese a abrazar la luna, en el momento en que la nube que pasaba quedó teñida de plata en los bordes por el resplandor.

Después la luz brilló en su rostro. Se preguntó qué querían realmente los dioses.

Ella, cuyo toque le daba el poder de cambiar de lobo a hombre y de hombre a lobo, parecía despreocupada por la adoración y nunca le había pedido agradecimiento.

Título: La noche del lobo (PDF-EPUB)
Autores: Alice Borchardt
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.4 MB
Formato: PDF-EPUB

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Alice Borchardt - La noche del lobo (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Alice Borchardt - La noche del lobo (PDF-EPUB) El lobo despertó, levantando la cabeza de entre las zarpas. En lo alto, la luna estaba llena, pero no era más que un fantasma errante entre los pinos y cedros de la montaña. El resto de la manada dormía. Sólo él sentía el toque de… no sabía qué. Los lobos no sienten tristeza. Ni siquiera por ellos mismos. Se levantó y llevó a cabo el ritual de arreglarse el…

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